Tiempo de nada

Somos un gran país, dice Felipe de Borbón en la tele. Un año más un discurso absurdo cargado de topicazos en el que cada quien quiere encontrar interpretaciones poco menos que esotéricas, cuando no son más que lugares comunes que intentan satisfacer al monárquico medio, porque a quien esa institución nos parece algo caduco y hasta esperpéntico, la verdad es que nos da igual. Hemos tenido lotería, veremos a la familia y comeremos y beberemos más de lo que conviene a nuestros cuerpos maltratados por el trabajo. Habrá quienes lo hagan por hacer más soportable unas fechas que no aguantan, …

Somos un gran país, dice Felipe de Borbón en la tele.

Un año más un discurso absurdo cargado de topicazos en el que cada quien quiere encontrar interpretaciones poco menos que esotéricas, cuando no son más que lugares comunes que intentan satisfacer al monárquico medio, porque a quien esa institución nos parece algo caduco y hasta esperpéntico, la verdad es que nos da igual.

Hemos tenido lotería, veremos a la familia y comeremos y beberemos más de lo que conviene a nuestros cuerpos maltratados por el trabajo.

Habrá quienes lo hagan por hacer más soportable unas fechas que no aguantan, otros por tradición y muchas por inercia. Porque lo hace todo el mundo.

Mientras, la realidad sigue, pese a la anestesia cotidiana y las malas noticias se cuentan con sordina, que para eso es Navidad.

Igualmente seguirán los desalojos de personas sin hogar, el precariado o la pobreza infantil.

Tampoco se habrán borrado los conflictos bélicos o la amenaza del cambio climático que pende sobre todas y todos.

Las más militantes igual nos damos cuenta ahora porque es más llamativo, pero la anestesia que hemos citado antes ahí sigue.

Y cuando hablamos de anestesia cotidiana a veces lo es en el sentido literal del término en una sociedad que cada vez consume más ansiolíticos, antidepresivos y luego euforizantes para despertar o se anestesia como un eufemismo con el consumo de ocio. Un ocio diversificado pero que pasa por pagar, porque la rueda del capitalismo sigue.

Ya puede ser en el gimnasio o la estética corporal (¿Cómo vas a ir con un cuerpo no normativo por la calle?). Comprar cosas (lo que usted necesita, lo que no necesita pero necesitamos vender...). Adocenarse frente a una pantalla con videojuegos, con redes sociales que nos satisfacen rápido, con porno que nos satisface cosificando cuerpos, con esa enésima serie que te han recomendado... Todo sea por no pensar demasiado, con no mirar la realidad, porque la realidad duele.

Le pondremos una capa de silencio, o de turrón, a la realidad y dejaremos que siga.

Como cantaban aquellos: Feliz falsedad.


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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