El pasado domingo, 13 de octubre, Vivienda Digna Benasque, un colectivo de personas de la val de Benás (Pirineo aragonés), alzó su voz para evitar que les expulsen de sus pueblos. Este colectivo realizó una protesta en la plaza del Ayuntamiento de Benasque sumándose a la convocatoria lanzada por el Sindicato de Inquilinas bajo el lema "Se acabó: bajemos los alquileres". A la convocatoria no solo acudió gente de Benasque, sino que se sumaron vecinos y vecinas de otros territorios que denunciaron la grave problemática del acceso a la vivienda y exigieron soluciones a las administraciones locales, territoriales y estatales.
Como ya contamos en AraInfo en el artículo "Aquí quiero vivir': una aproximación al problema de la vivienda en el Pirineo aragonés", que realizamos junto a Alberto Sin, el acceso a la vivienda es una de las mayores dificultades que encuentran las familias trabajadoras. La situación es tan drástica que incluso se ha normalizado perder más de la mitad del sueldo en pagar el alquiler y la mayoría de los y las jóvenes de clase trabajadora ya ni pueden plantearse el adquirir una vivienda en propiedad.
Esta problemática es especialmente grave en territorios como la val de Tena, Chaca o la val de Benás, zonas en las que encontramos precios del alquiler y de compra muy elevados, coincidiendo con que se han convertido en lugares cuya actividad económica principal es el turismo.
En el citado artículo, Marc nos contaba las dificultades que tenía para encontrar alojamiento pese a haber llegado a Benasque con un contrato fijo. “Mucha gente no se plantea venir a vivir aquí para nada porque si te vas a dejar el sueldo en vivir, en adquirir una vivienda, pues también fomenta un poco que no haya nadie, a la despoblación. Y que se llene cuando hay turismo”, relataba.
Y es que, al igual que en Ibiza, en territorios del valle aragonés, hay gente que, al no poder afrontar el alquiler de una vivienda, se tiene que ver obligada a vivir en un coche o en una furgoneta, por lo que ya lleva un tiempo hablándose de la “ibización” del Pirineo aragonés.
Para conocer de primera mano esta problemática, desde AraInfo hemos hablado con otra de las personas que está teniendo problemas para vivir en el valle. Ella es Miriam, trabajadora de 32 años de Madrid que actualmente está viviendo en la val de Benás con su pareja y quien nos ha relatado con detalle su dura situación para poder encontrar trabajo y un alojamiento el Pirineo aragonés. Con ella hacemos un recorrido desde que se tuvo que exiliar de Madrid a causa de la precariedad laboral y la dificultad para encontrar una vivienda, hasta la actualidad, en donde ha tenido que enfrentarse, y hoy en día se enfrenta, a todo tipo de situaciones enormemente duras en el Pirineo aragonés para poder simplemente tener un trabajo y una vivienda.
“Tendría que convivir durante los cuatro meses de temporada con otra trabajadora del hotel en un espacio de unos diez metros cuadrados”
Miriam trabajaba en Madrid en una consultoría y en intervención social, pero estaba “agotada” por la precariedad laboral del sector social y la dificultad para encontrar una vivienda en la ciudad. “Ni siquiera me respondían de las habitaciones de alquiler”, relata.
Por todo ello, decidió viajar e intentar buscar trabajo en otro sitio. “Llevaba tiempo queriendo viajar y me encanta la montaña, así que, antes de concretar un destino fuera de nuestras fronteras, decidí hacer temporada en el Pirineo para ahorrar y hacer montaña. Conseguí trabajo en un hotel en Candanchú como recepcionista en una estación de esquí del Pirineo aragonés y a cambio de trabajar seis días a la semana, 48 horas, me ofrecían alojamiento en una habitación compartida”, explica.
Miriam pensó que sería una oportunidad para hacer ahorro y debido a las dificultades para encontrar una vivienda en la zona, finalmente aceptó la oferta. “Tendría que convivir durante los cuatro meses de temporada con otra trabajadora del hotel en un espacio de unos diez metros cuadrados, la situación era sin duda un reto”.

Comenzó su nuevo trabajo el 1 de diciembre, pero a raíz de un esguince que se hizo tres semanas después corriendo, su jefa la despidió y se quedó en la calle el 27 de diciembre. Tras el despido, se mudó a la Val de Benás donde tenía una amiga que estaba haciendo la temporada. Sin embargo, su amiga no pudo acogerla en la vivienda al convivir con la propietaria y no estar de acuerdo con ello. Por lo que, en pleno mes de enero, se tuvo que ir a vivir dos semanas en una furgoneta pequeña sin calefacción y teniendo que ducharse en un polideportivo.
“Finalmente, en febrero, encontramos un piso, ¡Al fin! Pero… tenía letra pequeña, solo era de temporada: lo 'necesitaban' para el verano, para alquilarlo por Airbnb. Como no encontrábamos nada y mi situación era límite, accedimos”, nos cuenta.
“Vivir ambos en la furgoneta era inviable”
En paralelo a todo esto, había comenzado una relación con un chico del valle. Él llevaba un año viviendo en su furgoneta porque le era imposible costearse una vivienda y, además, tenía un perro, lo que dificultaba aún más encontrar algo. “Vivir ambos en la furgoneta era inviable, por lo que, cuando se me acabó el alquiler en mayo, me dispuse a buscar habitación, pero no encontraba nada. En el último momento, después de dos semanas en su furgoneta, logré una habitación por 350 euros… Pero también tenía letra pequeña, solo podían ser dos meses de alquiler, después la necesitaban para veranear con su familia. No tenía otra opción, así que una vez más, ‘libremente’, accedí”.
Cuando se acercaba la fecha del fin de su alquiler habitacional, a la desesperada tuvo que buscar otra habitación o vivienda, y “para sorpresa de nadie”, seguía sin encontrar de nuevo alojamiento. Finalmente, en agosto pudo conseguir una habitación por dos meses más, hasta noviembre, ya que la casera le dijo que prefería vivir sola y que solo podía ser por ese tiempo.
“Estaba pagando por una habitación en una casa sin autonomía ni capacidad para decidir”
Pero este no era el único problema. Al vivir con la casera tenía problemas en que su pareja le visitara: “Una semana después de mudarme, mi pareja me había visitado dos veces consecutivas en casa, y a mi casera le pareció inadmisible: ‘¡La habitación es solo para ti!’, me dijo la casera”. Para Miriam la situación se volvió “insostenible”: “Estaba pagando por una habitación en una casa sin autonomía ni capacidad para decidir, dejando de ser adulta y sin poder compartir tiempo y espacio con mi pareja con libertad. Finalmente, decidimos irnos a vivir juntos”.
Miriam, de nuevo, junto a su pareja, se dispuso a buscar casa, pero era imposible encontrar nada. “No había casi oferta, todo estaba fuera de precio y, cuando aparecía algo asequible, no aceptaban perros o era de temporada, con los veranos y/o inviernos reservados para Airbnb. En un mes no encontramos nada y volvimos a la furgoneta unas semanas”.
Tras esta “agotadora” búsqueda, a raíz del boca a boca, unos conocidos le alquilaron una vivienda en octubre. Vivienda en la que se encuentran a día de hoy.
“Un chico me dijo: ‘Sé que vivir en Benasque es elegir la inestabilidad y la precariedad”
“Después de todo esto, quizá te preguntes qué hago aquí. Me gusta el valle, su gente y la vida en Benasque, pero temo que la precariedad laboral, el turismo asfixiante y de temporada, el alto coste de vivir gracias junto con la especulación de la vivienda, nos vayan a echar de aquí”, reconoce Miriam.
“Siempre recordaré cuando hacía autostop para ir y volver de trabajar, porque aquí no hay transporte público y, bueno… Se me rompió la furgoneta y no tenía otra opción. Un chico me recogió un día y me dijo: ‘Soy ingeniero, pero elegí vivir aquí porque amo el valle, la montaña, este lugar… Pero sé que vivir en Benasque es elegir la inestabilidad y la precariedad. Es el precio a pagar”.

