Este es un problema muy extendido que nos encontramos tanto en ciudades como en áreas rurales. Uno de los casos más estremecedores se produce en Ibiza, en donde muchas personas trabajadoras recurren a vivir en furgonetas debido al precio prohibitivo de los alquileres. Y esto no solo afecta a las personas trabajadoras estacionales sino a gente que, tras vivir de continuo en la “isla de los hippies ricos”, ha tenido que recurrir a mudarse a un coche por no poder hacer frente a unos alquileres que no dejan de incrementarse.
En la noticia titulada ‘El drama de vivir en un coche por no poder pagar un alquiler en Ibiza’ del Periódico de Ibiza y Formentera, una trabajadora contaba que, tras residir en la isla durante más de 30 años, se ha visto obligada a vivir en un coche por no poder asumir el alquiler de una vivienda. “No me quiero quedar en el aparcamiento de mi antigua casa porque no quiero que me vean los vecinos, aunque por cercanía a la piscina suelo estar por este barrio. Allí me ducho y voy al baño”, contaba.
Hay familias que, como consecuencia de los elevados precios inmobiliarios en la isla, se han visto empujadas a trasladarse a zonas menos turistificadas de la península, como Teruel, tal y como explicaba el periodista ibicenco Pablo Sierra en eldiario.es. Y es que, según el último informe de la plataforma inmobiliaria Idealista, los municipios más caros para comprar una vivienda pertenecen mayoritariamente a las Islas Baleares, en donde el precio medio del metro cuadrado alcanza los 4.049€ y el del alquiler los 16€/m² mensuales (habiéndose incrementado en más de un 18% desde noviembre del año 2022). Con estas cifras, para la inmensa mayoría de trabajadores y trabajadoras que llegan a la isla resulta imposible comprar y muy difícil alquilar una vivienda.
Pero esta situación no se da únicamente en las Baleares. Centrándonos en nuestro entorno más cercano, el problema a la hora de acceder a una vivienda por los elevados precios y la especulación que se hace de la misma, afecta también de una forma brutal al panorama aragonés. El precio del alquiler está disparado en las ciudades más pobladas desde hace varios años, a lo que debemos sumar la dificultad también de alquilar viviendas en entornos rurales.
En primer lugar, resulta especialmente complicado encontrar vivienda en muchas comarcas por la propia inexistencia de oferta, tras décadas de despoblación y abandono. Por otro lado, hay que sumar la paradoja de que en los pueblos en los que más viviendas se han construido en los últimos tiempos, su acceso es prácticamente imposible para el grueso de la clase trabajadora al destinarse gran parte de esa vivienda a la especulación turística.
Aquello de “aquí quiero vivir” que canta la Ronda de Boltaña se convierte en un sueño inalcanzable para la juventud aragonesa que se topa con una enorme dificultad económica para asentarse en aquellos territorios más turistificados.
Esto es una vuelta de tuerca más al problema de la despoblación, con una gran parte del Aragón rural incapaz de asentar población tras haberse apostado todo a la carta del turismo. Comarcas a lo largo y ancho del territorio aragonés con dificultades para ofrecer posibilidades para la llegada de personas trabajadoras no estacionales. Zonas en las que la insuficiencia, por ejemplo, de personal sanitario se complica todavía más al no ofrecer expectativas habitacionales.
Esta problemática es especialmente grave en algunos territorios como la Val de Tena, Chaca o la Val de Benás, zonas en las que encontramos precio del alquiler y de compra muy elevados, coincidiendo con que se han convertido en lugares cuya actividad económica principal es el turismo.
La magnitud de este terrible escenario llega a tal punto que personas trabajadoras de pistas de esquí y del sector turístico de pueblos del Pirineo catalán y aragonés tienen que pasar la temporada de trabajo viviendo en autocaravanas o furgonetas al no poder afrontar los desorbitados precios de los pisos. A raíz de esto, desde hace un tiempo, se está hablando cada vez más de la “ibización” de los Pirineos, por las semejanzas que se encuentran entre la realidad pirenaica y la balear.
Para profundizar en esta realidad, hemos hablado con Marc, joven de 30 años afectado por esta situación, que nos ha contado cómo está viviendo la búsqueda de vivienda en Benás, localidad a la que ha llegado con un contrato fijo y en la que se ha encontrado con un precio medio de alquiler de 8,60€ el metro cuadrado al mes y de compra de 2.426€.
Según nos explica, el principal escollo es la carestía de la vivienda en el municipio ribagorzano, con mucho alquiler vacacional y poca oferta asequible de vivienda fija, motivo por el que cree que “mucha gente no se plantea venir a vivir aquí para nada porque si te vas a dejar el sueldo en vivir, en adquirir una vivienda, pues también fomenta un poco que no haya nadie, a la despoblación. Y que se llene cuando hay turismo”.
Basta con bucear un poco en los portales web más conocidos del mercado inmobiliario para darnos cuenta de los desorbitados precios de los alquileres y las compras de vivienda en el municipio pirenaico. Como nos comenta nuestro entrevistado, esta situación obliga a buscar alternativas a los nuevos trabajadores y trabajadoras que llegan a la localidad. En su caso se ha planteado tres posibilidades distintas.
La primera de ellas es la de compartir piso, una situación a la que se ven obligados muchas personas trabajadoras pero que no deja de ser una necesidad poco satisfactoria: “estás trabajando, tienes un sueldo fijo (...) también te apetece tener un piso para ti y no estar compartiendo piso o habitaciones como si fueras un estudiante de universidad. Al final ya tienes una edad y te apetece hacer un poco tu vida, organizarte, tener una vivienda (...) pero claro, la situación económica no te lo permite. Lo más asequible que veía aquí eran las habitaciones, pero ya te tiene que apetecer estar compartiendo piso…Y depende a que edades ya no apetece”.
Otra opción que se ha planteado es la de alquilar una vivienda en algún pueblo cercano, donde los precios son algo menores. Como nos comenta, vivir en estos pueblos conlleva otras dificultades asociadas: “esto realmente está mucho más aislado, aquí no tienes tiendas, prácticamente de nada”. Opción que muchas veces tampoco es una solución económica si tenemos en cuenta todos los factores: “ya estás a 30 kilómetros o por el estilo y te quedan a 650€, pero también es un poco excesivo. Y a todo eso hay que sumarle la gasolina del trayecto diario hasta Benás, la luz, el agua, la calefacción…porque aquí hace mucho frío en invierno”. Añadiendo el riesgo asociado de la conducción, principalmente en invierno, no parece tampoco que sea una solución idónea, aunque no poca gente trabajadora tiene que recurrir a ella.
La última opción que se ha planteado, nos dice, es la de vivir en una furgoneta. Posibilidad que, como en Ibiza, cada vez cobra más peso pero que “también tiene su problemática”, ya que “tienes que depender de ir llenando el depósito de agua, que no se te congele en invierno, el tema de la calefacción, hay poco espacio… Y al final si te ves obligado a eso te puedes agobiar. Estas viviendo al final en cuatro o cinco metros cuadrados o ni eso. Un espacio mínimo para dormir, tener ahí el baño, una cocina diminuta y unos fogones al final, como un camping gas. Y ya está. Eso tampoco es vida. Es como un habitáculo de esos pisos cápsula de Japón que son como pisos cementerio. Y sobre todo en invierno la problemática es especialmente el tema del frío, que se te congele el depósito de agua, que no te puedas duchar, etc. O nevadas que te fastidien la placa solar”.
Como vemos, las dificultades para asentarse en una localidad como Benás son muchas, principalmente para la clase trabajadora. La problemática es de tal calado que, en municipios cercanos, como L’Aínsa, se ha limitado la apertura de nuevos pisos turísticos con la intención de facilitar el acceso a la vivienda en alquiler a posibles nuevos pobladores. Otras localidades también han optado por ofrecer vivienda municipal para alquiler social.
Llegadas a este punto cabe preguntarse por la efectividad de la Ley de Vivienda aprobada al final de la legislatura pasada. Atendiendo a los datos del coste de los alquileres en el último año parece que, como señala Martín Cúneo para El Salto, a día de hoy esta ley (la primera que se ha aprobado en relación a este tema) no ha impedido que los precios de los alquileres sigan subiendo, ya que estos aumentaron un 9,2% de media en el Estado español a lo largo del año 2023.
Es cierto que la Ley de Vivienda brinda la oportunidad de regular el precio de los alquileres para que estos sean más asumibles, pero deja la pelota en el tejado de los gobiernos territoriales autonómicos. Por el momento, la mayoría de estos gobiernos ni siquiera se han planteado la posibilidad de afrontar esta regulación. Desde el gobierno central tampoco se ha desarrollado todavía la propuesta de regular los alquileres temporales, algo que quedó pendiente en la legislatura pasada.
La realidad es que, a pesar de que la propia Constitución, en su artículo 47, “atribuye a los poderes públicos la obligación de promover las condiciones necesarias y establecer las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho”, estos están muy lejos de garantizar “el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada” para toda la población, como ocurre con el artículo 27 del Estatuto de Aragón, que establece que los poderes públicos de Aragón “promoverán, de forma efectiva, el ejercicio del derecho a una vivienda digna, facilitando el acceso a ésta en régimen de propiedad o alquiler, mediante la utilización racional del suelo y la promoción de vivienda pública y protegida, prestando especial atención a los jóvenes y colectivos más necesitados”.
Y para que la vivienda se pueda materializar como un derecho y no como un privilegio, hay que acabar con ese modelo en el que, como consideró el que fuera ministro de Fomento del PSOE, la vivienda “es un derecho, pero también es un bien de mercado que genera actividad económica”.
Si se sigue apostando por la especulación inmobiliaria frente al derecho humano a una vivienda adecuada y continúa la apuesta por hacer del Pirineo un parque temático que tenga como única actividad económica la derivada del turismo, no tardaremos en contemplar la completa “ibizacion” de las localidades pirenaicas mientras Aragón se desangra.

