Escribió el poeta que una de las dos Españas había de helarnos el corazón. Y Almudena nos los narró despacio, desde dentro, sin alharacas; pero sin dejar verdades ocultas, llevando luz a las sombras que decidieron por nosotros que no debían ser resueltas, ni ventiladas y que desde entonces se pudren en nuestra alma haciendo aún más difícil que la España que quiere vivir no sucumba ante la que bosteza. En el frío invernal de este otoño que se hace eterno, despedimos a Almudena con lo que nos dejó entre las manos: sus libros, sus palabras, pero también su sonrisa …

