Corazón helado y alegría

Escribió el poeta que una de las dos Españas había de helarnos el corazón. Y Almudena nos los narró despacio, desde dentro, sin alharacas; pero sin dejar verdades ocultas, llevando luz a las sombras que decidieron por nosotros que no debían ser resueltas, ni ventiladas y que desde entonces se pudren en nuestra alma haciendo aún más difícil que la España que quiere vivir no sucumba ante la que bosteza. En el frío invernal de este otoño que se hace eterno, despedimos a Almudena con lo que nos dejó entre las manos: sus libros, sus palabras, pero también su sonrisa …

Foto de Pilar Vaquero que ha escrito artículos sobre lo común, Cuba, el mercado, los escena y Zaragoza vientos flores reglas memoria

Escribió el poeta que una de las dos Españas había de helarnos el corazón. Y Almudena nos los narró despacio, desde dentro, sin alharacas; pero sin dejar verdades ocultas, llevando luz a las sombras que decidieron por nosotros que no debían ser resueltas, ni ventiladas y que desde entonces se pudren en nuestra alma haciendo aún más difícil que la España que quiere vivir no sucumba ante la que bosteza.

En el frío invernal de este otoño que se hace eterno, despedimos a Almudena con lo que nos dejó entre las manos: sus libros, sus palabras, pero también su sonrisa valiente, su cuerpo de mujer rotunda y el amor que despertó en el alma sensible y cruda de Luis. Así, sus lecturas, una vez más, se entrecruzan, preguntando y respondiendo las grandes verdades que nos mueven, algo tan simple y tan difícil como ser visto y, a pesar de ello, amado.

Pero al dolor de la pérdida se suma la rabia del desprecio, el silencio de quienes quieren seguir mirando el mundo como si no fuese ahora mucho más sombrío, y pienso en los académicos repantigados en su sillones de letras caducas que no entendieron que desde su sexo abierto a su mirada al pasado que nos acecha desde menos lo esperamos, su literatura es mucho más que un fenómeno comercial o "femenino" entendido con el desprecio de una institución misógina como la suya, que sus palabras no solo pesan por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta, como el uso de cada expresión, la selección de cada palabra, ya aparentemente simple estructura de su sintaxis nos acerca más a esa lengua que, a veces, solo a veces, nos eleva, nos desnuda y nos hace reales.

Pero también pienso en los ausentes, en quienes decidieron visitar belenes o jugar a cruzar un río pisando piedras mientras Madrid latía despacio y el resto de España y quien en castellano sueña acompañaban su cuerpo en la última despedida; en las cabezas coronadas quizás muy ocupadas en pasear en carroza por reinos de nieve; pienso en quienes se niegan al reconocimiento público de una hija predilecta porque no les gusta la realidad que mostraba, por mucho que no es posible pensarla sin recorrer Madrid con la mirada.

Sí, una España sigue dejándonos el corazón helado, pero a pesar de su pérdida, y del daño que han pretendido inflingirle a ella, pero hemos recibido todas, sigue latiendo, amando y soñando con un país que nos acoja a todos sin pedir certificados, porque "la alegría es un arma superior al odio, las sonrisas más útiles, más feroces que los gestos de rabia y desaliento".

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