Es curioso, será por mimetismo o tal vez por ansias incontrolables de poder, pero el caso es que las noblezas se aferran con uñas y dientes a sus inconfesables privilegios y de paso tratan de aleccionar al resto de la sufrida humanidad vendiéndonos su porquería envasada en dorados recipientes de hipócrita bondad. Como ellos mismos dirían: separemos el polvo de la paja. O un dicho aún más en su línea: A quién dios se la dé que san Pedro se la bendiga. Un insigne “Príncipe” de la iglesia católica, apostólica y romana, el Arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, …

