Todo apuntaba a una gastroenteritis crónica después de haber ingerido excesivas dosis de CGPJ caducado hacía cuatro años y pico. Nos temíamos diarreas persistentes, tan persistentes o más que el propio CGPJ en funciones. Pero no, aunque haya claudicado el cabecilla de los okupas seguimos prácticamente igual que antes del esperpento dimisionario. Ahora que los españoles de bien, alertados por Vallés, Griso, Herrera, Losantos y compaña, se vuelcan en la adquisición de alarmas domiciliarias para evitar la sorpresa de salir a echar un carajillo y a la vuelta encontrarse la chusma en casa, el okupa del máximo organismo del poder …

