Su tablero, sus reglas

Recuerdo una escena del capítulo final de la serie Years and Years, dónde la abuela fija el principio del fin en la sustitución de las cajeras de los supermercados por lectores de códigos de barras. No sé dónde podríamos fijar el minuto uno, la causa generadora, del barro y la basura en la que vivimos ahora, rodeados de bulos y escándalos fabricados a fuerza de torturar un ápice de verdad, en un escenario de equidistancia tal que somos capaces de igualar al agredido con el agresor, porque ya no importa saber cómo empezó nada, en una rueda de ruido y …

Foto de Pilar Vaquero que ha escrito artículos sobre lo común, Cuba, el mercado, los escena y Zaragoza vientos flores reglas memoria

Recuerdo una escena del capítulo final de la serie Years and Years, dónde la abuela fija el principio del fin en la sustitución de las cajeras de los supermercados por lectores de códigos de barras.

No sé dónde podríamos fijar el minuto uno, la causa generadora, del barro y la basura en la que vivimos ahora, rodeados de bulos y escándalos fabricados a fuerza de torturar un ápice de verdad, en un escenario de equidistancia tal que somos capaces de igualar al agredido con el agresor, porque ya no importa saber cómo empezó nada, en una rueda de ruido y luces brillantes en las que es lo mismo insultar gravemente a alguien que que se te escape un mote donde no procede y te disculpes ipso facto.

Viene de tan lejos que se me mezcla todo, las mentiras del PP y El Mundo con el 11M, la incapacidad de la Justicia de localizar a M.Rajoy, la normalidad con la que el insulto personal ocupa el espacio de la discrepancia política, la pasividad con la que se sigue una rueda de prensa por plasma, quizás todo empezó a ir cuesta abajo cuando asumimos que se nos podía llamar sucias y malolientes en nuestro estreno en las instituciones, o cuando el acoso a unos menores se retrasmitía en directo como si tal cosa, o puede que cuando los votos encumbran como líder a quien por años y años solo se había ganado fama de broncas y marrullero.

Hemos vivido tanto y tan deprisa que no tenemos las fuerzas de parar y constatar que vivimos bajo la ley del embudo, para los señoritos de siempre todo vale (insultar, ofender, atacar, mentir, robar, crispar...) pero a los advenedizos no se nos tolera nada, ni siquiera un error corregido a tiempo.

Nos olvidamos que el tablero y las reglas son suyas.

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