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Solo el 32% de la mujeres mayores de 65 años salen de una relación violenta

El informe del IAM pone de manifiesto que las víctimas de violencia de género de más de 65 años denuncian con menos frecuencia y encuentran menos apoyo en su entorno para hacerlo. El sentimiento de culpa por los hijos e hijas, la falta de autoestima después de décadas de maltrato y la indefensión aprendida, son algunas de sus consecuencias.
| 4 enero, 2019 10.01
Solo el 32% de la mujeres mayores de 65 años salen de una relación violenta
Natalia Salvo. Foto: Gobierno de Aragón.

Solo el 15% de las mujeres que denunciaron violencia machista el año pasado eran mayores de 65 años, además, poco más del 50% del entorno de las víctimas en esa franja de edad les animan a denunciar. Asimismo, la violencia en mujeres mayores tiene un carácter estructural e instrumental que sirve para someter la voluntad de las mujeres y limitar su autonomía. Estos son algunos de los datos que se extraen de “La Violencia de Género contra las mujeres mayores en la población aragonesa”, un estudio pionero impulsado por el Instituto Aragonés de la Mujer (IAM).

Este estudio, que ha presentado la directora del IAM, Natalia Salvo, “parte de la necesidad de profundizar en el conocimiento de la violencia contra las mujeres y en particular en mujeres mayores, una violencia que ha estado oculta y ocultada durante mucho tiempo”, según ha recalcado.

Se trata del primero que se realiza en el Estado español sobre este tema, impulsado desde el IAM, realizado por la consultora RED2RED, especializada en género, y financiado con cargo a los fondos del Pacto de Estado contra la Violencia de Género.

A pesar de que, el 24% de las 25 mujeres asesinadas en Aragón desde 2003 han sido mayores de 65 años, solo el 2% de las denuncias activas pertenecen a mujeres de esa franja de edad. Salvo ha añadido que Aragón está muy por encima de la media estatal, que se sitúa en el 12,8%, pero en este sentido ha dicho que “también es importante destacar que la nuestra es una de las cinco Comunidades Autónomas más envejecidas”.

El control y la violencia física

Salvo ha explicado que las mujeres de más de 65 años son las que más sufren la violencia física por parte de sus parejas, seguidas de las jóvenes (16-24 años). Asimismo, en Aragón se considera que el 7,6% de las mujeres mayores de 65 años sufre violencia, pero solo un 2,7% se identifican como tales.

Ha señalado Salvo que la violencia psicológica o de control es la más extendida en esta franja de edad. Con relación a las denuncias y las tipologías de violencia, ha explicado que el 6,1% de las mujeres mayores de 65 años ha sufrido violencia sexual, el 7,4% miedo, el 17,9% violencia psicológica de control, el 15,2% violencia psicológica emocional y el 9,5% violencia económica.

El estudio recoge que la violencia psicológica, que es la de mayor prevalencia en mujeres mayores, deja graves secuelas de autoestima. También son frecuentes la violencia física y sexual, aunque la última continúa siendo un terreno oculto.

La directora del IAM ha indicado que la violencia de género en mujeres de más de 65 años es continuada en el tiempo y se inicia, generalmente, en el noviazgo, “lo que genera una cronicidad que dificulta la atención psicosocial”. Otro de los aspectos que se extraen del estudio es que las mujeres desarrollan estrategias de supervivencia mediante la activación de la indefensión aprendida y que tienen mayores dificultades para salir de una relación violenta. De hecho, tan solo el 32% de mujeres de más de 65 años lo hace, frente al 73% de las menores de 65 años que sí lo logran. Además, existe un importante sentimiento de culpabilidad por los y las hijas que dificulta la separación (la culpa por que sean ellos quienes tengan que cuidar del agresor en caso de divorcio).

Asimismo, Salvo ha señalado que las mujeres que logran salir de estas situaciones necesitan rehacer su vida tras tantos años de maltrato, para lo que se requiere una restauración psicológica, y se detecta una crisis por parte de ellas, que sienten que su vida se desmorona.

La tradición y la costumbre

El estudio pone de manifiesto que existe una normalización de la violencia generada por la tradición y la costumbre, así como una resignación frente a ella. Los entornos no animan a la denuncia en mujeres mayores de 65 años, apenas el 52,9% lo hace, una cifra que se eleva al 84,1% cuando se trata de mujeres de menor edad. Tal y como ha apuntado la directora del IAM, la denuncia es absolutamente tímida y “se constata que en los entornos perduran las ideas de que hay que aguantar o de que es algo natural porque se han socializado en sociedades más machistas y esto genera que haya una normalización de la violencia”. Para que una víctima se anime a denunciar, “el compromiso de los entornos es fundamental”, ha apuntado Salvo.

El estudio muestra que la violencia de género en mujeres de más de 65 años tiene un carácter estructural e instrumental que sirve para someter la voluntad de las mujeres y limitar su autonomía. Además, en el caso de las mujeres mayores, perdura el peso del modelo conservador y rígido de la feminidad y la violencia se articula como una continuación de la sociedad patriarcal en la que se socializaron.

El estudio permite señalar que la edad y la ruralidad constituyen factores de vulnerabilidad en la violencia machista, el primero por la ocultación y la naturalización de la violencia y el segundo por el aislamiento y el menor acceso a información y recursos.

Recomendaciones en diferentes ámbitos

La información recogida en el estudio ha permitido redactar una serie de recomendaciones aplicables en diferentes ámbitos. De forma más general, se extrae la necesidad de escuchar a las mujeres mayores, especialmente a las víctimas, dejar atrás paternalismos y centrarse en las mujeres, profesar un mayor respeto hacia ellas, evitar la revictimización y potenciar su autonomía.

En el ámbito institucional se recomienda reformar la coordinación interinstitucional, fortalecer protocolos y procedimientos, garantizar un acceso prioritario de mujeres mayores víctimas de violencia a una residencia pública y revisar los protocolos de valoración del riesgo.

En la atención biopsicosocial se exhorta a incorporar la perspectiva de género en todos los recursos de atención sociosanitaria y atención especializada de personas mayores, fomentar el trabajo con asociaciones de mujeres, realizar talleres de detección de la violencia machista en los Centros de la Tercera Edad, lograr la comprensión de las posibles barreras que tienen las mujeres mayores para revelar situaciones de violencia y se insiste en la importancia de que los profesionales de este ámbito tengan contacto con las mujeres mayores.

En el ámbito judicial y normativo se recomienda buscar una solución económica para las mujeres de más de 65 años que deciden denunciar violencia de género, buscar que puedan permanecer en su hogar, encontrar una solución habitacional para los agresores y agilizar y mejorar la eficacia del sistema judicial.

4 enero, 2019

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