Altavoz

Sin acritud

"Una de las coletillas favoritas de Felipe González en su periodo de presidente del Gobierno era: 'Se lo digo sin acritud señor Aznar', a lo que el mencionado contestaba con otra famosa exclamación que ha pasado a la historia de las intervenciones parlamentarias: 'Váyase señor González", recuerda el autor.
| 21 marzo, 2015 07.03

gonzalez y aznarUna de las coletillas favoritas de Felipe González en su periodo de presidente del Gobierno era: “Se lo digo sin acritud señor Aznar”, a lo que el mencionado contestaba con otra famosa exclamación que ha pasado a la historia de las intervenciones parlamentarias: “Váyase señor González”.

Años después, tras derrochar Felipe el mayor caudal político que nadie ha tenido nunca en este asolado país, y con sus políticas liberales José María sentar las bases de la crisis que en la actualidad nos azota; los ex presidentes lucen retiros como consejeros de compañías energéticas, en eso coinciden, es la forma de disfrutar de un “merecido” descanso en pago a su torpeza y tropelías.

Los dos, de vez en cuando  necesitan un pequeño baño de autoestima y reaparecen en el teatrillo de las vanidades para soltarnos cualquier soplapollez que les ha venido a la cabeza. Nos aconsejan a los ciudadanos sobre el cariz dramático que tomará nuestra vida si nos inclinamos por tal o cual deriva política alejada de sus intereses. Ya no tienen ideología, si alguna vez la tuvieron la vendieron por un plato de lentejas al mercader que mejor pagó sus inestimables servicios para convertirnos en un rebaño de gente dócil y manejable.

Sus sucesores aprendieron con presteza la lección. Zapatero castró las esperanzas de los españoles con su verborrea de mediocre mal situado. Nunca supo que pintaba en la Moncloa, sólo sabía que cuando hablaba el auditorio le aplaudía. Lo que hiciera después de lo dicho carecía de importancia. De esta curiosa forma pasó ocho años recordando que había retirado las tropas de Irak y alabando la extraordinaria solvencia del sistema bancario español.

Rajoy ni siquiera habla en directo, sólo en campaña electoral. En los monótonos días de normalidad se oculta tras una pantalla de plasma y los profesionales de la comunicación acuden ovejunamente a la ‘no’ rueda de prensa que les da una máquina.

Siendo apasionante el raro comportamiento de los ex presidentes (esperemos que el Señor de los Hilillos pase pronto a ese estado) la noticia actual es la aparición en escena de un personaje que pudo ser presidente de Gobierno y no lo fue porque perdió las primarias con Zapatero, pero José Luis le consoló con un Ministerio y con la Presidencia del Congreso de los Diputados. Si, hablamos de Pepe Bono.

Ha aparecido en las cadenas televisivas para promocionar su libro y no sabemos para que mas, quizás… ¿Para calmar su conciencia?

Oyéndole hablar de lo que había que hacer y que él nunca hizo, asalta la duda de si se habrá vuelto lúcido con la pérdida de puestos de poder, o por el contrario, una vez liberado de la pesada carga que representa la labor política es capaz de poner en solfa aquello que le mantuvo en el machito durante un porrón de años.

Aboga el ex de bastantes de cargos por modificar y adecuar la ley electoral  argumentando que ahora para estar en política es preciso llevarse bien con quien confecciona las listas y ejecutar los deseos del jefe sin importar las necesidades de los votantes. O sea exactamente igual que cuando él iba como cabeza de lista para Castilla La Mancha.

Esa y otras opiniones las soltó sin pestañear en el programa el Hormiguero, supongo que las colocaría en mas actuaciones de su turné televisiva, pero no lo puedo asegurar pues no lo he seguido en otras transmisiones; con una dosis de bonismo voy suficientemente servido.

La de Bono es una reflexión profunda y muy acertada pero ¿Por qué ahora?

En sus múltiples desempeños políticos, entre ellos el de Presidente del Congreso, nunca se le oyó decir que había que actualizar la ley electoral, que había que acercar la política a la ciudadanía, que los partidos tenían un exceso de poder en el sistema democrático, que la Constitución era susceptible de ser mejorada, que el sistema judicial estaba anclado en el siglo XIX. Todo ello cierto pero lo dice muy tarde.

Tal vez y solo tal vez, no hizo esas propuestas cuando ocupaba el sillón de la tercera autoridad del Estado porque estaba ocupado escuchando las sugerencias del beato Jorge Fernández Díaz para poner una  plaquita en el Congreso en homenaje a Sor Maravillas.

O Tal vez y solo tal vez, lo hace ahora porque el marketing tiene cosas que no entendemos bien y para vender el libro es necesario decir lo contrario de lo que se hace y piensa con intención de engañar. Al más puro estilo de charlatán comercial.

[José Antonio Luque, colaborador de AraInfo]

21 marzo, 2015

Autor/Autora

José Antonio Luque, es socio de MHUEL (@MHUEL_), analista social y colaborador de AraInfo.


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