Si PP y Vox ganan, las mujeres pierden

05 julio, 2023. 07:10

Siempre digo con orgullo que nací en el hospital Miguel Servet. El pensador aragonés representa la parte racional, justa, equilibrada que, sin embargo, perdió su vida ante la irracionalidad, fanatismo, estupidez, manipulación y odio. Sí, la vida en demasiadas ocasiones hace perder al sensato y vanagloria al iracundo y mentiroso. Resumiendo, detesto a los cotillas y a los irracionales porque son la quintaesencia del fanatismo, la mendacidad y la hipocresía de la peor calaña.

Vox y PP, que normaliza sus ideas, son esa parte irracional y manipuladora que está “quemando” los avances sociales y ya no digamos el feminismo. Veo y presiento que se va a retroceder décadas en los avances de las mujeres porque las malinterpretaciones, las insinuaciones veladas, el desprestigio del movimiento se está viendo en Europa y allende los mares.

La escritora inglesa, Scarlett Curtis, en su libro “Las feministas no visten de rosa y otras mentiras” (Feminists don´t wear pink and other lies), se refiere a todos los estereotipos que han perseguido a las feministas desde siglos y cómo en la década de 1920 se las llamaba solteronas y abundaban las especulaciones sobre sus preferencias sexuales; un siglo después sigue predominando en algunos sectores de la población estas ideas.

Una reciente investigación arrojó el resultado de que jóvenes alemanas y británicas no quieren que las relacionen con el término feminista porque temen que las asocien con el odio a los hombres, lesbianismo, falta de feminidad. Y esas son las ideas precisamente que la extrema derecha con la connivencia de la derecha, a nivel mundial, está usando para deslegitimar el feminismo.

En este artículo hablo del machismo que todas las mujeres, desde niñas, directa o indirectamente hemos sufrido; ese que ahora se niega como se niega la violencia de género, la brecha salarial, el aborto e incluso el propio machismo (lo sustituyen por hembrismo, odio a los hombres y sus pitos y esto último lo dijo cierta representante de Vox, no yo) No hablaré aquí sobre las diferentes ramas del feminismo ni sobre la actuación del último Ministerio de Igualdad. Esto daría para varios artículos y en alguno ya he escrito sobre ello. Abogo por un feminismo defendido entre hombres y mujeres y descarto, lógicamente, a hombres machistas amantes de mujeres débiles, inseguras, enfermas de autocompasión, sumisas, influenciables (yo las llamo las inútiles). Cuando ven a una mujer fuerte la convierten en borracha, bruja, amargada, infeliz, rencorosa, feminazi...

Contaré una anécdota que me sucedió por el 2002 en cierta empresa donde trabajé apenas 7 meses; había un ambiente muy enrarecido y los que éramos inteligentes huíamos como de la peste (lo hizo un abogado asesor, varios comerciales, técnicos de educación...) Si antes hablaba sobre hombres inseguros o “inútiles”, aquí lo haré sobre un mujer insegura que son las que contribuyen al triunfo de VOX y compañía. Como si fuera un guión, narraré lo ocurrido que refleja una realidad sociológica sobre la concepción del feminismo en una época donde la posiciones neoconservadoras empezaban a implementarse. Eran tiempos de Aznar, ¿recuerdan?

PROTAGONISTAS: Una vieja cotilla de pueblo de mi familia al que solo iba dos semanas para el verano. Una pija que conocía a la hija de la vieja cotilla porque, como soy transparente, le dije de dónde era mi familia. Y un gilipollas.

ARGUMENTO: El gilipollas me llama a mi casa, sin yo darle el teléfono fijo, y me dice que me ha visto por la empresa y tal y cual. Lógicamente, lo mando educadamente a la mierda. Por aquel entonces yo tenía una relación que duró más de una década, pero hay hombres que piensan que eres un trozo de carne de fácil acceso. Comento el hecho con compañeros de trabajo y tomo la decisión de decírselo al jefe. Me presento ante el despacho del jefe con la pija presente y les digo que nadie puede acceder a mis datos personales y que no voy a consentir que ningún gilipollas me acose, (hoy esto sería denunciable, pero adelantada que es una en aquella época mi actitud se tergiversó). Lo mejor era ver la cara de los dos; si llego a vestirme de marciana no ponen tal cara de alucinamiento.

CONCLUSIÓN: Que no debían de gustarme los hombres, que tenía además ideas feministas (algo raro) y que qué había de malo que un hombre me tratara como ganado de feria de “esta me gusta a esta la tengo que marcar”. La vieja cotilla hizo el resto cuando propagó todo y me vi con una fama de échate a dormir. Lo cómico de la situación es que me enteré de la fama pasados los años y por casualidad y no tuve empacho de hacerle ver a la vieja cotilla mi parecer sobre su persona.

La pija, hecho que nunca supo la vieja cotilla (aunque discreta cuando atañía a cuestiones suyas o familiares), era una mujer insegura y con bastantes problemas que todos veíamos y hablábamos entre compañeros y que temía que hablara a la vieja cotilla. La pija nunca averiguó nada sobre mi vida (soy reservada y me guardo muy bien de contar nada a cotillas) y en realidad cumplió la máxima de que cuando juzgas a una persona, sin conocimiento completo sobre la persona o hechos, no define quién es ella, te define a ti.

Pues bien, la pija es Vox y la derecha que los blanquea. Aterra oír hablar a las mujeres de Vox que ocupan presidencias de parlamentos autonómicos. Retrocedo en mi mente varias décadas y me recuerdan a las mujeres de Afganistán que en los años 70 llevaban minifalda, melena al viento y estudiaban todo lo que querían para ahora ir cubiertas con un burka y silenciadas.

Una mujer debe tener una única regla en su vida: tener dignidad y respeto sobre su persona. Yo, en el 2002, me hice respetar porque no consiento el acoso ni verbal, telefónico, psicológico ni de ninguna índole y, si Vox coge poder institucional, las mujeres nos veremos abocadas a un rol tradicional que, en realidad, es como si te pusieran un bozal. Esto me lo enseñaron algunas mujeres de mi familia que, sin embargo, no aceptamos a las hipócritas sexuales y vitales (en mi familia lejana hay unas cuantas de estas) porque son tal falsas como los de Vox que pretenden defender a la mujer cuando en realidad desean anularla.

Ya me perdonarán si este artículo les ha resultado beligerante a los lectores, pero como dice el presidente del Parlament Balear, es mi ausencia de pene el que me hace escribir así.

NOTA: Dedico este artículo a mi bisabuela materna Magdalena Sada Neri que sufrió maltrato y que mi abuelo de mayor, con ojos vidriosos, contaba cómo la defendía siendo niño del maltratador de mi bisabuelo y cómo él aprendió a ser un hombre pacífico y fuerte que trató a sus tres hijos, a mi abuela y a sus nietos con un cariño y humanismo que aún me emociona cuando lo recuerdo. Se llamaba Juan Jubia Sada.

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