Un genocidio que aún no ha terminado. Doce años después de la ofensiva del autodenominado Estado Islámico (Daesh) contra Shengal, la Comisión de Mujeres del Congreso Nacional del Kurdistán (KNK) ha advertido de que el pueblo yazidí continúa viviendo bajo amenaza y ha reclamado una solución política que garantice su supervivencia como comunidad.
Coincidiendo con el aniversario del ataque del 3 de agosto de 2014, el KNK ha recordado que aquella ofensiva constituyó un genocidio contra el pueblo yazidí y un feminicidio dirigido específicamente contra las mujeres, "principales portadoras de la cultura e identidad yazidí".
En su declaración, recogida por la agencia kurda ANF, la organización recuerda que miles de mujeres fueron secuestradas, violadas, torturadas y vendidas como esclavas sexuales por Daesh y denuncia que muchas de ellas continúan desaparecidas.
"Shengal vuelve a estar bajo amenaza"
Según la Comisión de Mujeres del KNK, el peligro no ha desaparecido con la derrota territorial de Daesh.
"En los últimos días ha surgido una nueva amenaza alrededor de Shengal bajo el disfraz del conflicto entre suníes y chiíes. Sin embargo, no se trata fundamentalmente de un conflicto religioso, sino de una lucha por el control estratégico de la región", señala el comunicado.
La organización sitúa el origen de esta situación en la importancia geográfica de Shengal, territorio situado entre las diferentes regiones históricas del Kurdistán —Bakur, Başûr y Rojava— y dentro de la provincia iraquí de Nínive, una zona que históricamente ha sido escenario de disputas entre Turquía, Irán, Irak y otros actores regionales.
El KNK sostiene que Ezidxan —la tierra histórica del pueblo yazidí— vuelve a convertirse en escenario de la competencia geopolítica entre potencias regionales e internacionales.
Autonomía como garantía de supervivencia
La Comisión de Mujeres recuerda que numerosos Estados han reconocido oficialmente el genocidio cometido por Daesh, pero considera que ese reconocimiento no ha ido acompañado de medidas políticas que impidan que vuelva a repetirse.
Por ello reclama que los gobiernos que reconocieron el genocidio ejerzan una presión diplomática efectiva sobre Irak para garantizar un estatus de autogobierno para Shengal.
Entre sus demandas figuran localizar a todas las mujeres yazidíes desaparecidas, juzgar a los responsables del genocidio y reconocer una autonomía que permita al pueblo yazidí proteger su territorio, preservar su religión y mantener viva su cultura.
"La autonomía de Shengal es la única garantía para que las mujeres yazidíes puedan vivir en libertad y sin miedo", concluye la declaración.




