Seres de luz

Hace unos días tuve mi primer encuentro con Vox. Su portavoz en las Cortes me tuvo que escuchar explicando las líneas generales que vamos a impulsar desde el Instituto Aragonés de la Mujer los próximos cuatro años para conseguir la Igualdad real entre mujeres y hombres. Después me tocó a mí escuchar sus cinco minutos de misoginia barata. Sin embargo, una de las preguntas (retóricas) que me formuló con sorna se me ha quedado dentro desde entonces. “¿Cree que todas las mujeres son seres de luz?”, dijo. Y, tras reflexionar, creo que, aunque me cueste admitirlo, estoy de acuerdo con …

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María Goikoetxea, directora del IAM, en la Comisión Institucional y de Desarrollo Estatutario. Foto: DGA

Hace unos días tuve mi primer encuentro con Vox. Su portavoz en las Cortes me tuvo que escuchar explicando las líneas generales que vamos a impulsar desde el Instituto Aragonés de la Mujer los próximos cuatro años para conseguir la Igualdad real entre mujeres y hombres. Después me tocó a mí escuchar sus cinco minutos de misoginia barata. Sin embargo, una de las preguntas (retóricas) que me formuló con sorna se me ha quedado dentro desde entonces. “¿Cree que todas las mujeres son seres de luz?”, dijo. Y, tras reflexionar, creo que, aunque me cueste admitirlo, estoy de acuerdo con el señor diputado de la ultra ultraderecha.

No, las mujeres no somos seres de luz. No somos seres complacientes, ni sumisas, ni pasivas. Las mujeres somos antorcha, fuego y fuerza arrolladora.

Mujeres a lo largo y ancho del planeta, peleando fuerte y juntas por lo común, defensoras de los derechos humanos, visibilizando situaciones de injusticia social e impulsoras de procesos democratizadores.

Maria Teresa Rivera, salvadoreña, encarcelada por haber sufrido un aborto y acusada de homicidio por ello -ahora asilada en Suiza-, trabaja para conseguir despenalizar el aborto y que ninguna mujer tenga que pasar por lo que ella pasó.

Defensoras de la Tierra como Berta Cáceres, activista medioambiental que plantó cara a los poderosos, oponiéndose a megaproyectos industriales que invaden y destrozan las comunidades indígenas. Su asesinato mostró al mundo, además, la impunidad con la que campan los dueños de las cosas.

Aminatu Haidar, activista Saharaui, incansable luchadora por el derecho de autodeterminación del pueblo Saharaui, siempre señalando a las fuerzas de ocupación marroquíes. Ni las torturas ni la cárcel la hicieron renunciar a ser la voz de los reprimidos.

Ahed Tamini, la joven palestina que se enfrentó a los soldado Israelíes para defender a su comunidad.

Las maestras de la República, mujeres valientes, comprometidas que apostaron por la modernización de la educación y fueron impulsoras de la lucha por la igualdad.

Y otras muchas mujeres en nuestro país que ponen sus cuerpos para parar desahucios, mujeres que se organizan en los barrios y cada primer martes del mes gritan en contra de las violencias machistas, mujeres sobrevivientes que tejen redes para proteger a otras mujeres, mujeres rurales que mantienen vivos nuestros pueblos, las trabajadoras del hogar organizadas para reivindicar condiciones dignas de trabajo, las mujeres trans poniendo sobre la mesa la libertad de cada una para decidir sobre sus cuerpos, mujeres migrantes señalando el racismo institucional y la injusta ley de extranjería, mujeres que sostienen la vida y cuidan de la cotidianidad mientras alzan la voz para pedir un reconocimiento real del cuidado… Miles de mujeres que se organizan para llenar las calles este 8 de marzo y cambiarlo todo.

No es casual que el primer ataque desde la llegada de los odiadores profesionales a las instituciones haya sido a las mujeres. No era infundado el miedo de Julia Conesa a que nos borraran de la historia, pero aquí estaremos un año más haciendo historia. Hemos aprendido a transformar la rabia en revolución y la revolución en acción.

Saldremos a las calles las que vivas y libres nos queremos (y nos quieren), las que solas y borrachas queremos llegar a casa, las que gritamos por las que ya no están y trabajamos para que estar, no signifique precariedad. Nosotras las que somos molestas, pero somos reflejo de una realidad que han querido invisibilizar.

Nosotras las que cuestionamos lo socialmente establecido, libremente, sin miedo a ser juzgadas por quienes se creen en posesión de la verdad.

El feminismo está haciendo frente a la ultraderecha en todo el mundo, garantizando derechos y salvaguardando la democracia. Proponemos cambios globales, que garantizan un futuro mejor, donde todas las vidas merezcan ser vividas. Y esto, a los que acumulan privilegios les asusta.

Venimos de muy lejos, nos precede una larga genealogía de mujeres luchadoras, hemos perdido el miedo porque sabemos que juntas somos imparables.

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