Seguir ‘Al Lío’ también es tomar partido: preguntas, rabias y luchas en plató

Cómo hacer televisión desde un sindicato, sin neutralidad ni equidistancias, en tiempos de silencio mediático, con “memoria y cuidado colectivo”

Hay proyectos que no caben en la ficha de un trabajo: se sostienen con convicciones, con horas de cuerpo, con noches de montaje y con la ternura cansada de quien cuida. Al Lío ha sido este año uno de esos proyectos: un espacio hecho desde la práctica, desde la escucha a pie de vida y desde la incomodidad compartida. “No venimos a tranquilizar conciencias; venimos a acompañar preguntas, rabias y luchas que normalmente no tienen plató”, destaca la comunicadora Silvia Agüero.

“Presentar Al Lío no ha sido solo ponerme delante de una cámara. Ha sido asumir una posición política y sostenerla en cada detalle: en el guión, en la elección de quién entra en la sala, en cómo se les escucha. Hacer televisión desde la CGT, con un equipo pequeño pero comprometido, nos ha obligado a pensar la pantalla como herramienta de intervención —no como escaparate—: memoria y cuidado colectivo”, subraya Agüero.

Desde el primer programa “tuvimos clara una cosa: esto no podía ser un espacio de opiniones rápidas ni de consensos fáciles. Queríamos que las personas que viven las violencias estructurales hablaran en primera persona, sin que nadie las domestique, las traduzca ni las interrumpa. Lo hemos hecho con una línea editorial nítida: antirracista, feminista, de clase y sin equidistancias”, recalca.

A lo largo de la temporada han pasado por Al Lío en Canal Red debates que tocan la vida cotidiana de lleno: vivienda y precariedad; represión policial y racismo institucional, salud mental, infancia, violencia obstétrica, CIEs, justicia fiscal, educación sexual, antimilitarismo, transición ecosocial. “También hemos hablado de Palestina con la claridad que exige la situación: posicionarse no es una pose, es una obligación ética y sindical”, asevera Agüero.

“Nada de esto hubiera ocurrido sin el equipo que lo hace todo visible —y muchas veces invisible—. Producción, realización, edición, coordinación, cuidado de invitados: hay un trabajo colectivo detrás de cada emisión que pesa tanto como lo que se dice en plató. Trabajar así —desde la confianza, el debate y el respeto— es también una forma de militancia: una militancia que no se airea en titulares pero que sostiene el programa”, describe Agüero, quien se sabe con la fortaleza del trabajo colectivo.

“Como presentadora he aprendido a valorar aún más el con quién. Frente a la lógica del tertuliano profesional, hemos preferido activistas, familiares de víctimas, trabajadoras, personas organizadas y periodistas críticas. Gente que no rellena minutos: aporta experiencia, memoria y análisis. Sostener ese tipo de conversaciones no siempre es cómodo, por eso son necesarias” reitera la comunicadora.

Asegura Agüero que “cada emisión me confirma algo que ya intuía: hay una parte del público que no quiere que le expliquen la realidad como si fuera un espectáculo. Quiere que le digan la verdad —aunque duela—, que se le nombre el conflicto y que se le invite a pensar y a actuar. Al Lío no busca gustar a todo el mundo, busca ser honesto, útil y coherente con las luchas que existen fuera de la tele”.

“La tele puede ser también una herramienta de agitación y de cuidado”

Para esta próxima temporada quieren profundizar: abrir miniseries sobre soberanía alimentaria, mirar el especismo y los refugios, discutir la relación entre academia, izquierda y titulitis y seguir poniendo el foco en los movimientos sociales de base. “La tele puede ser también una herramienta de agitación y de cuidado, y eso es lo que queremos seguir demostrando”, anticipa Silvia Agüero.

“Si algo me llevo de este año es esto: hacer comunicación desde el compromiso es incómodo, sí, pero imprescindible. Seguir Al Lío no es un eslogan: es una decisión política. Y cuando se hace en común, con un equipo que comparte mirada y compromiso, dejar de ver esto como tarea y convertirlo en proyecto colectivo es necesario y urgente”, destaca Agüero.

Por eso, apoyar Al Lío es también apostar por una forma distinta de hacer comunicación: crítica, situada y al servicio de quienes organizan, resisten y no suelen tener altavoz. Seguir viéndolo, compartirlo y sostenerlo colectivamente es una manera concreta de defender espacios que no se pliegan a la equidistancia ni al silencio. “Seguimos Al Lío porque hace falta. Y porque hacerlo juntas y juntos sigue siendo profundamente necesario”, asegura la presentadora.

Quienes se acercan ahora a Al Lío, encontrarán programas que condensan bien su espíritu: los debates sobre vivienda y precariedad, los espacios sobre represión policial y racismo institucional, con voces que rara vez ocupan un plató, los dedicados a la salud mental, la infancia o la violencia obstétrica, donde el cuidado se aborda como cuestión política, y el programa sobre Palestina, que asume sin rodeos que hay un genocidio en marcha que no admite neutralidad. Episodios distintos entre sí, pero atravesados por la misma idea: hablar de lo que pasa, con quien lo vive, y sin bajar el volumen.

Al Lío, el programa de la CGT, se emite todos los domingos a las 21:00 horas en Canal Red, como un espacio para escuchar, pensar y no mirar hacia otro lado. Para acercarte directamente a su recorrido completo, todos los programas emitidos están reunidos en esta playlist de YouTube.

Autor/Autora

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies