Un claro ejemplo de cómo desde la posición de radicalidad tanto Vox como el PP tienen capacidad de establecer los términos del discurso, es la pregunta ¿socialismo o libertad?
Pero ¿a qué llaman libertad? ¿al respeto a la diversidad? ¿a la libertad de la mujer frente al machismo estructural? ¿A la libertad frente a las grandes corporaciones que explotan a sus empleados y que abusan de los precios del alquiler? ¿a decidir morir dignamente cuando el sufrimiento es insoportable? No; llaman libertad a comprarse una educación privilegiada, libertad de evadir impuestos, de pagarse una sanidad privada que no esté colapsada. Incluso en el ámbito universitario se ve la falsa dicotomía. Para ellos será socialismo una universidad pública de calidad que recompense el esfuerzo y el aprendizaje, y eso no les gusta, prefieren la libertad de comprarse másteres sin tener que estudiar o asistir a clase, como es el caso de Pablo Casado o de Cristina Cifuentes. Eso no se llama libertad, se llama privilegio.
Sin embargo, esta capacidad hegemónica en el discurso tiene consecuencias, fijémonos en el caso del pin parental. Hace año y medio cuando Vox lanzó esta propuesta en la Región de Murcia, todos, incluídos PP y Ciudadanos, se llevaron las manos a la cabeza. Defienden una libertad que privará a niños y niñas de formarse en el respeto a la diversidad, seguramente sabiendo del daño que pueden estar haciendo a sus propios hijos e hijas, algunos de los cuales serán LGTBIQ y sufrirán la discriminación de sus compañeros que no hayan podido aprender a respetar la diversidad afectivo sexual.
Pero efectivamente, año y medio después, Ciudadanos está en plena descomposición y en peligro de desaparición y el PP radicalizado en un mensaje de ultraderecha compitiendo con Vox a ver quién dice la mayor barbaridad. Díaz Ayuso dice que si te acusan de fascista estás del lado bueno de la historia. No le importa la historia salvo que la que se imagina ella misma. Tendrá una campaña en la que nos asuste con la llegada de los comunistas. Su discurso caerá como fruta madura que no puede resistir ya más en el árbol. Los ministros comunistas en el gobierno están siendo de los ministros mejor valorados, con capacidad de llegar a acuerdos con empresarios y sindicatos, legislando en cuanto a la huella ecológica de los alimentos, alejando las casas de apuestas de los colegios y restringiendo su publicidad para proteger a los menores. No son los comunistas los que nos deberían dar miedo, sino la derecha, toda la inestabilidad de estos últimos años la han traído desde la derecha, desde el mandato de Donald Trump, el negacionismo climático, el crack del 2008, la desregulación económica que lo produjo, el Brexit británico y un largo etcétera. Y aquí ahora, año y medio después, el PP en Murcia negocia ceder a Vox las competencias en Educación, dando luz verde al pin parental.
Como en el mito de Saturno, el PP trata de zamparse a sus hijos. Con Ciudadanos parece que le va bien esa libertad de comprar diputados tránsfugas para ganar lo que perdieron en las urnas. Quién sabe si con Vox jugar a blanquear el fascismo le irá bien también o no y se acabe atragantando. Pero quienes sin duda nos atragantaremos en el mientras tanto, seremos todos los demás.


