Quedo con Luisa (nombre supuesto como todos los que siguen). 21 años en el sistema de salud mental y cinco ingresos. Tranquila, ya fuerte y habla claro: si tienes dinero o lo tiene tu familia para apoyarte con terapeutas y cuidados, todo va bien. Sino hay que esperar una atención que tarda varios meses y que empieza con la contención química, el ingreso en la planta del Servet a recorrer un pasillo hasta una entrada en pijama. Paseo Independencia a Plaza España, como le llaman popularmente. El trato humano ha mejorado ostensiblemente, pero la dura realidad ahí está.
El último informe del sistema estatal de Salud apunta que una tercera parte de la población española sufre algún trastorno mental y este tipo de patologías se ha duplicado en los últimos ocho años. En Aragón estamos entre los territorios con una mayor prevalencia de casos, aunque en una comunidad tan envejecida como la nuestra es fácil asociar una parte de esos casos al natural deterioro de la edad.
Esta es la experiencia vista de cerca y unos cuantos datos, pero otros datos fríos nos hablan de recortes y una atención que se queda muy corta.
En Zaragoza, por ejemplo, hay una unidad de salud mental para cada cuatro centros de salud. La atención de primeras consultas en psiquiatría puede demorar tres meses y hay casos en que han llegado a ocho. Si ya hablamos de cita con el psicólogo de la Seguridad Social, a principios de 2024 el Colegio profesional de Psicología denunciaba que se podía demorar hasta 20 meses en algunas zonas.
Las largas esperas pueden ser especialmente delicadas en asuntos como la medicación. Teresa denuncia que su madre estuvo quince días tomando el doble de dosis de risperidona, una medicación especialmente dura con graves efectos secundarios, porque no se la atendió a tiempo. Dos semanas con una dosis que se aplica en lo más agudo de las crisis, aún cuando los síntomas ya habían remitido.
Nadie habla de recortes sino de reajustes, pero estos han sido paulatinos y son una losa para quien necesita atención, a menudo con urgencia, para su padecimiento psíquico. Es por ello que cada vez más personas optan por la atención privada. Quien pueda pagarla, claro.
Volviendo al empeoramiento del servicio. En varios centros de salud se suprimió la unidad de salud mental para ir concentrándose en unos pocos. Luego, a su vez, dos unidades especialmente delicadas como la Unidad de Salud Mental Infanto-juvenil (USMIJ) han desaparecido de todo el centro de la capital, sector Zaragoza II, para trasladarse al Hospital General de la Defensa, algo que el consejero de salud vendió como un logro. También se han recortado horarios, suprimiendo la atención de tardes que se llevaba ofreciendo a la población 20 años.
Visto desde un punto de vista economicista puede ser más eficiente. Visto desde los pacientes que tienen que desplazarse o salir de su horario lectivo o laboral para ir a consultas que solo se prestan en horario de mañana se empeora, y no poco, la calidad de esta atención. Está claro que hay carencia de profesionales, pero también de trato cercano. Conviene no olvidar el estigma del psiquiatrizado y no ayuda a la discreción del tratamiento estos horarios.
Las cifras son claras: En todo Aragón trabajan 126 psiquiatras, con una ratio que es la mitad de la UE, el 70% de los cuales atienden en la ciudad de Zaragoza. Para todo el sur de Aragón solo hay 15 profesionales. Y en los territorios aragoneses del norte y el sur solo existen dos hospitales de día para atención continuada: Los centros de rehabilitación psicosocial (CRP) Santo Cristo de los Milagros en Uesca y San Juan de Dios en Teruel.
Pero es que los centros de media estancia no existen como tales. La media estancia es lo recomendado para quien no se halla en un momento de crisis, pero requiere atención constante y un tiempo de ingreso que pueden ser semanas o meses.
Otra cifra más preocupante: en todo Aragón solo hay un psicólogo destinado a atención de infancia y juventud.
En el caso de psicología clínica solo hay cuatro especialistas por cada 100.000 habitantes, una cifra inferior a la media estatal y cuatro veces menos que la media europea.
Otro ejemplo: en 2024 solo se aprobaron 247 plazas en todo el estado para el posgrado de psicología clínica. Otra evidente carencia.
El papel de los centros de día, de la media estancia como de la terapia psicológica, es fundamental. Cabe aquí aclarar, me insiste en ello una profesional de la salud, que cuidar la salud mental tiene que ser un acto preventivo e integral, no simplemente tratar las patologías. Algo que debe empezar desde los centros educativos, formación específica del personal sanitario, hasta labores menos conocidas como es la del trabajo social para dar un espacio laboral y formativo a quien enferme.
En muchas enfermedades mentales no podemos hablar propiamente de curación, pero la vida de estas personas debe seguir, acceder a un trabajo, seguir con estudios o tener garantizada una prestación adecuada si sobreviene una discapacidad.
¿Promesas de mejora? De forma constante pero la realidad es tozuda.
Una realidad que nos habla, según datos de los profesionales, que en una cuarta parte de las consultas de atención primaria subyacen síntomas relacionados con trastornos emocionales. Se tratan los síntomas como el insomnio o la ansiedad, pero no siempre se atiende el trastorno de fondo.
Aquí entra otra de las patas en que se debe sostener la salud mental: la prevención y la evaluación de conductas, especialmente en la infancia y juventud. Es otra historia, aún más compleja, la misma que da origen a esta pero que merecerá capítulo aparte.
Eso sí, adelantando algo: la vida les duele a muchas, el malestar emocional no se ve y muchas personas, incluso con patologías muy severas, son funcionales al sistema. Cabría preguntarse si el sistema les cuida, si funciona para ellas.

