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Retos para la izquierda en Aragón

Hacia un proceso de acumulación de fuerzas que permita a los movimientos sociales y políticos disputar hegemonía y conquistar el poder político. Conviene no trasladar mensajes derrotistas, pero del mismo modo es importante acertar en los análisis para poder actuar conforme a lo que marca la realidad. Si partimos de diagnósticos erróneos es muy probable...
| 3 septiembre, 2013 08.09
Foto: Serchio Tella (AraInfo)

Foto: Serchio Tella (AraInfo)

Hacia un proceso de acumulación de fuerzas que permita a los movimientos sociales y políticos disputar hegemonía y conquistar el poder político.

Conviene no trasladar mensajes derrotistas, pero del mismo modo es importante acertar en los análisis para poder actuar conforme a lo que marca la realidad. Si partimos de diagnósticos erróneos es muy probable que erremos en las medidas adoptadas. Por el contrario, si el diagnóstico es certero, podemos atinar o no, pero con bastante mayor probabilidad actuaremos y enfrentaremos el problema de la forma correcta.

Vivimos una crisis sistémica en la que los trabajadores y trabajadoras, con empleo o sin él, estamos viendo cómo se limitan y reducen derechos que tantos años costó conquistar.

No es bueno engañarnos ni engañar a la gente diciendo que las penurias pasarán en un tiempo, que pronto comenzaremos a estar mejor, o que el movimiento popular está fuerte y que este está en condiciones de frenar a las clases dominantes. No es cierto. Sí lo es que vivimos un escenario con el capitalismo en su fase actual en aparente descomposición y que con él se está llevando todo y a todas por delante. El reajuste en este proceso de las tasas de ganancia tras la inicial crisis financiera está haciendo que la oligarquía retire todas las concesiones –muchas o pocas- que hizo a los Pueblos de Europa cuando los movimientos obreros tenían pulso, estaban concienciados y organizados, y las clases dominantes veían peligrar sus privilegiadas posiciones.

Esto está sucediendo –además de por los motivos ajenos a la izquierda, ya apuntados- por la extrema debilidad por la que atravesamos. Si sumamos a todo ello las consecuencias y efectos inmediatos que la crisis financiera ha propiciado en la producción, vemos como el inmenso ‘Ejército de Reserva’ que representan hoy los y las trabajadoras sin empleo, desesperadas por encontrarlo, y que aceptan casi cualquier tasa de explotación por un jornal con el que sobrevivir está agravando la brecha en la correlación de fuerzas entre las oprimidas y los explotadores.

Debemos, desde la izquierda que se denomine rupturista y anticapitalista, entender que ya no es que la situación anterior no vaya a regresar porque no queramos que así sea, si no que la fase actual por la que atraviesa el capitalismo no permite tal situación de retorno. Es por ello que izquierdas y fuerzas progresistas tienen que hacer un esfuerzo por interiorizarlo y explicarlo, siendo en todo momento conscientes de que el capitalismo no tiene cura, y que es y será muy perverso para las mayorías sociales, para las personas y para los Pueblos, constatando que en el caso de nuestro país, Aragón, se impone la necesidad de sumar fuerzas para no ser arrasados como individuos y como Pueblo. Impera por tanto, cuanto antes mejor, desechar el capitalismo y plantear alternativas para un nuevo sistema económico, social y medioambiental viable, donde la cantidad de dinero y propiedades que alguien posee o acumula no sea el valor principal y rector de la vida, y por el contrario los derechos sociales y las personas se conviertan en lo central e importante de la nueva sociedad. A esta propuesta durante más de un siglo los movimientos obreros lo han venido denominando genéricamente socialismo.

Parece evidente que con el grado de conocimientos y tecnología de la que disponemos en las sociedades de hoy el mundo del trabajo no volverá a ser nunca como lo ha sido antes, entendiendo este como ocho horas de trabajo asalariado para todas las personas y pleno empleo. La exclusión, el hambre y la miseria no desaparecerán nunca de nuestras sociedades si éstas siguen sometidas por un sistema político capitalista, lo que irremediablemente nos llevará a fracasar como sociedad y civilización.

No es tolerable desde el punto de vista ético e intelectual asumir este fracaso colectivo. Debemos desde ya proponer soluciones viables para los miles de jóvenes y parados hoy relegados a sobrevivir sin un jornal de familiares, amigos, o caridad. Tampoco debemos olvidar a toda la gente que ya está viviendo en la indigencia. Del mismo modo no podemos olvidar el esfuerzo del capitalismo por uniformizar a todos los Pueblos, sustituyendo la diversidad social y cultural por una homogeneización productiva.

El mundo del trabajo es mucho más amplio que el trabajo asalariado. Nuestras sociedades funcionan porque hay mucho más trabajo detrás de la economía productiva. Hablamos de Economía de los Cuidados, de todo ese trabajo -fundamentalmente realizado por mujeres- que permite que los demás puedan ser empleados y recibir ingresos por la venta de su esfuerzo a empresas. Cualquier cambio que diga ser profundo al paradigma actual debe poner en valor todo este trabajo no remunerado, necesario por otra parte, para el funcionamiento de cualquier sociedad.

Tenemos que organizarnos para poder responder con fuerza, avanzar y reducir la distancia que nos saca la oligarquía, pero debemos entender que como ya pasó en América Latina no seremos capaces de hacer frente a la situación si no construimos una mayoría hegemónica que decididamente se proponga expulsar a las élites del poder.

Si no las desplazamos del poder podremos cosechar algunas victorias tales como ganar una huelga, evitar que privaticen un centro de salud… pero estas se limitarán al ámbito táctico, lo que no es suficiente para recuperar y mejorar unas condiciones de vida y trabajo cada vez más deterioradas.

Como he comenzado diciendo antes, los ejemplos previos donde el neoliberalismo fue implantado con éxito nos muestran que sin esa mayoría no puedes enfrentarte y cosechar una victoria al enemigo. Todos esos países han visto como se arrasaban los derechos sociales y democráticos –no sin oposición, como aquí- antes de ser capaces de organizarse efectivamente para revertirlo.

Los avances organizativos que los movimientos sociales y políticos experimenten en la periferia europea son especialmente importantes porque nos permitirán llegar al final –máximo grado de desarrollo del neoliberalismo- con experiencias y modelos con los que poder hacer frente a una situación de total devastación de las estructuras políticas, sociales y económicas, y una población sin derecho ni protección alguna. Aunque tímidos a día de hoy quiero ver que se apunta en la buena dirección. En el caso de Aragón destacan los movimientos sociopolíticos autoorganizados como las mareas, plataformas y colectivos que surgen por todo el país y que, en la medida de sus fuerzas, buscan salidas y respuestas sectoriales, así como un claro repunte de los sindicatos de clase y combativos, así como de las organizaciones políticas anticapitalistas y soberanistas. Es imprescindible trabajar para permeabilizar estas luchas sectoriales, construir alianzas, sumar esfuerzos y forjar un frente amplio capaz de enfrentarse con alguna garantía al neoliberalismo.

Debemos ser especialmente conscientes de a qué nos enfrentamos y entender que no tienen límites. El grado de devastación podemos verlo, además de en el continente americano, en el Sur de Europa. Ejemplos donde el proceso está más avanzado como Grecia, o también dentro del Estado español con desigual grado de desarrollo entre unos países y otros en función del apoyo con el que cuentan los movimientos populares y las adhesiones al Régimen y tiempo en que esta derecha -más liberal que conservadora- ostenta el poder político.

Como decía antes se trata de conquistar mayorías que permitan a las capas populares imponer nuestro programa a esas élites dominantes minoritarias que mantienen sometidos a importantes sectores de la sociedad y que por tanto tiempo vienen aplicando el suyo. Sin forjar esa mayoría no hay alternativa posible, y si no la construimos entre todos y entre todas nos iremos desgastando sin alcanzar los resultados esperados por cada una de las partes y actores implicados en esta batalla.

Muy probablemente no formaremos mayorías y disputaremos hegemonía a quien hoy ostenta el poder político hasta que no quede una sola bandera de ningún color que sostener. No pretendo ser alarmista, pero como se está viendo la capacidad de sufrimiento y tolerancia al dolor de nuestra sociedad es casi ilimitada, y es por ello que por mucho que la situación empeora no somos capaces de movilizar gente en la misma proporción. Por mucho que se ha avanzado en estos últimos cinco años desde que comenzó la crisis, no se ha hecho en proporción al nivel de los recortes y retrocesos.

Estamos muy lejos de movilizar mayorías, y ya no digo de ofrecerles un marco ideológico y organizativo donde trabajar. Es por eso, y por lo deprisa que evoluciona la realidad, por lo que creo que no llegaremos a tiempo de salvar nada. Pienso que debemos centrarnos en, llegado ese escenario desolador, disponer del Programa Político y las estructuras organizativas que permitan articular rápidamente esa nueva hegemonía que expulse del poder a las élites políticas y económicas del viejo Régimen. Estaremos perdidos -por poca o ninguna legitimidad que tengan- si llegado ese escenario continuaran marcando las normas en su propio interés. Estaremos condenados y condenadas a la emigración o a la más absoluta miseria de las mayorías. Es en esa dirección, en ese marco ideológico y organizativo donde las izquierdas alternativas debemos centrarnos.

Debemos prestar especial atención en dirigirnos en a los miles de desempleados y desempleadas, a todas las personas que conforman lo que se viene denominado “el precariado”, y en especial a los y las jóvenes que más sufren esta situación, siendo una inmensa mayoría de ellas las que no tienen trabajo remunerado o bien padecen unas peores condiciones de trabajo llegando incluso a lo miserable. Son estos y ya no tanto otros colectivos del trabajo asalariado -que mantienen condiciones de épocas anteriores en mayor o menor medida dignas- los que empujaran el cambio y que podrían considerarse “nuevo sujeto político para la transformación”.

Es precisamente en los campos ideológico y organizativo donde los movimientos sociales y populares nos encontramos más indefensos. Si bien es cierto que en los últimos años se ha avanzado significativamente, y también lo es que el descontento e indignación generalizados han mutado en autoorganización de y en movimientos sociales y ciudadanos, políticos y sindicales, también lo es que estos tienen dificultades y limitaciones para crecer y trasladar ideas a la gente, desde un punto de vista ideológico y propositivo, en lo concreto.

Se hace necesario discutir, articular y proponer ideas dando el salto de la respuestas y la negación a la llamada austeridad y recortes, a un campo ofensivo que necesariamente tiene tiene que venir acompañado de un cambio mental y cultural que nos permita trasladar y proponer ideas, y en definitiva confrontar un proyecto político de futuro con los neoliberales hoy en el poder.

Y habiendo señalado el cambio de pensamiento que ha de producirse, impera la articulación de la unión de fuerzas obreras y populares de la izquierda social, sindical y política en una alianza estratégica en torno a un Programa e ideas nítidamente de izquierdas y anticapitalista.

Desde mi punto de vista, esta unión de fuerzas obreras y populares de la izquierda social, sindical y política aragonesa debe comenzar por elaborar y presentar a la sociedad un Programa urgente y transitorio para Aragón que de salida a la acuciante emergencia social que atravesamos y trace una hoja de ruta y un horizonte satisfactorio para las mayorías empobrecidas y desposeídas. Y así, este Programa urgente y transitorio debería incluir estos ejes mínimos: la implementación de una Renta Básica para toda la sociedad aragonesa, la salida inmediata de la UE y de sus estructuras neoliberales -Euro incluido-, la declaración del cese de pagos de la “deuda odiosa” tanto pública como privada, la garantía efectiva del derecho a la Salud, a la Educación, a la Asistencia Social, a la Cultura, a la Vivienda, a la Soberanía Alimentaria, a la Soberanía de la Comunicación e Información, y del derecho a ejercitar la libre determinación del Pueblo aragonés.

Estos son, a mi juicio, los ejes mínimos con los que articular la unión de fuerzas obreras y populares de la izquierda social, sindical y política aragonesa, que nos permitirían confrontar políticamente con los neoliberales hoy en el poder, dar solución a los problemas concretos y urgentes de nuestra sociedad y dotarnos de un punto de partida desde el que las diferentes corrientes de la izquierda aragonesa puedan proponer alternativas y variantes según la tradición ideológica de cada una de ellas.

¡Compañeras, compañeros: sigamos luchando por un futuro digno en esta tierra!

Zésar Corella (Coordinador nacional de Puyalón de Cuchas) | Para AraInfo

3 septiembre, 2013

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