La novela “Escúpele al pantano”, el debut de José Ignacio Escudero, editada por Doce Robles, recupera una de las luchas bandera del ecologismo y de la izquierda aragonesa, los pantanos. En este caso, el autor trata de recrear el trauma y la tragedia que supuso para los y las vecinas de Mediano la construcción del pantano y por ende, la destrucción de su pueblo y sus vidas.
El autor pasa de puntillas, aunque aparece en la novela e incluso incluye un personaje, el uso de mano de obra esclava por parte del franquismo para la construcción de estas obras. Aprovechamos esta reseña para desmontar uno de los bulos de la extrema derecha; los pantanos y la política hidráulica no es obra de Franco, aunque si es cierto que bajo su dictadura se terminaron proyectos iniciados y dio mucha importancia a la política hidráulica. Los orígenes de la política de gestión de los recursos hídricos se situan en 1902, al crearse el Plan general de canales de riego y pantanos y durante la Segunda República es cuando se aprueba el Plan nacional de obras hidráulicas. Quizá la abundancia de mano de obra esclava, es decir de los presos antifranquistas que abarrotaban cárceles y campos de concentración franquista, fue el motor necesario para que Franco llevase a cabo esta labor constructiva.
“Escúpele al pantano” es un drama y una historia negra y triste, centrada en la construcción del pantano y en las consecuencias personales para una de las vecinas, Orosia Lacort. Vida totalmente traumática, víctima de violencia de género, viuda del amor de su vida y para colmo, con su vida y su hogar destrozados por la cruel política hidráulica. El trauma recorre la novela desde la primera página a la última. Es una novela sencilla, de lectura ágil aunque quizá hubiera sido más interesante para el lector o lectora que la novela se centrase en un periodo o suceso concreto.
Como lector, dos sensaciones me deja esta novela. Por un lado el recuerdo de los años de luchas y protestas contra los pantanos; Chánovas, Biscarrués, el recrecimiento de Yesa o más recientemente el embalse de Mularroya. No sé por qué, en el lado de la “excavadora” siempre encontramos, desde la dictadura, los mismos intereses políticos y económicos frente a la resistencia “popular”.
La otra sensación ha sido darme cuenta del desconocimiento personal sobre la polémica alrededor de un pantano que suelo ver a menudo cuando circulo por sus orillas. El cierre de compuertas, para su llenado tras varios días de lluvias el 29 de abril de 1969, sin avisar a los vecinos pudo acabar en una gran tragedia; por supuesto ni se dieron explicaciones ni nadie “pagó” por ello. A pesar de la serie documental “Mediano. La memoria ahogada” sigue siendo un tema desconocido.
Una historia, la de Mediano, indispensable.


