La “guerra cultural” desatada por la extrema derecha española pretende sacar de la vida pública todo aquello que a ellos les rechina.
Si ya tenemos que convivir, sin ninguna esperanza constitucional, con el capitalismo neoliberal más salvaje, con todo lo que conlleva, ahora nos quieren imponer, como en el más rancio franquismo, como tenemos que pensar, vestir, amar o sentir.
Se trata de eso, de establecer un control social y cultural totalitario.
Con la excusa de luchar contra la “dictadura progre” quieren imponer la dictadura a secas, la de siempre, la de toda la vida.
La memoria histórica, metida por ellos en esa “guerra” les recuerda como fue ese pasado, y prefieren borrarlo para venderse como una opción original y nueva; es una de las razones, aparte del rencor puro y duro, que destilan por todos sus poros, lo que les lleva a la censura, a la irracional caza de cualquier cosa que huela o progre, feminista o sea respetuosa con las opciones sexuales, religiosas o ideológicas.
Hay que decir que, algunos ayuntamientos con mayorías no absolutas de adscripción derechista han sido respetuosos con las otras opciones que no comulgaban con sus propias creencias haciéndolo por bien de la convivencia y el más elemental respeto democrático e institucional, que debe abarcar, en lo público , a todas las opciones.
Otros, sin embargo, parecen haber esperado a tener la más mínima oportunidad para, con la excusa de tener que otorgar competencias a sus más radicales socios, realizar acciones claramente discriminatorias, sectarias y antidemocráticas.
Creo que esa cortedad de miras se está pagando ahora dada la última aritmética electoral.
Esperemos que se den cuenta de que no se puede imponer la ideología propia a toda una sociedad, en democracia, por el hecho de tener mayorías en sea cual sea la institución; en estas se debe velar por la administración pública para toda la sociedad, no solo para una parte de ella.
No secuestren la convivencia, la cultura, las instituciones; no se dejen arrastrar por unos nostálgicos y antidemocráticos compañeros de viaje que, esperemos, que más pronto que tarde, no sean más que un mal recuerdo, como lo eran antes y lo volverán a ser.
La sociedad que ha construido la ciudadanía, para todos y todas ha de ser, y quien no lo entienda, debería volver al cubo de la basura de la historia, de donde nunca debieron volver a salir.
Nosotros seremos respetuosos con ellos siempre, desde la democracia, pero han de respetarse las normas que ésta dicta, sino no se puede jugar, sino sería hacer trampas.
El acto de desposeer de un lugar donde poder trabajar por la memoria histórica, como el cedido a la CRMAHU es una incoherencia social que solo demuestra sectarismo, cortedad de miras y una terrible e ilegal falta de respeto a las instituciones sociales sin ánimo de lucro y, sobre todo, a las víctimas de la dictadura.
Esperemos que den un paso atrás y entiendan que así no se construye una sociedad de futuro, con respeto y convivencia. No unan su futuro a quienes están llamados, de nuevo, a su desaparición.
La democracia y sus valores, no lo duden, acabará triunfando, siempre.

