En la conferencia que dio la doctora en Filosofía, María Floger, el pasado 30 de abril en Zaragoza, nos acercó a las personas asistentes a la figura y obra de María Zambrano que es necesario reivindicar en los tiempos actuales. Esto lo hizo a través de su tesis doctoral “Lo otro persistente. Lo femenino en la obra de María Zambrano”. Esta tesis tiene la particularidad, además, de que es la primera vez que un ensayo sobre María Zambrano es traducido en Polonia, país del que procede María Floger, aunque lleve viviendo 20 años en Aragón.
Si una persona no supiera quién es María Zambrano, ¿qué podrías decir sobre ella para que la conocieran?
Ante todo, que es una de las filósofas españolas más importantes y actualmente, por suerte, también mejor conocidas. Que era alumna de Ortega y Gasset, pero luego encontró un camino propio. Que era republicana y pagó un precio muy alto por sus ideales. Que empezó a escribir cuando la palabra de las mujeres en el campo de la filosofía no era muy visible ni escuchada, pero a ella no le desanimaba. Ella hacía lo que le parecía lo justo.
En la conferencia pusiste un vídeo de Zambrano, ya mayor, diciendo que ella “no era feminista, era femenina”. Yo entiendo por qué dijo eso y lo comparto, pero amplía más esta idea para quien nos lea.
Es un tema complicado al que es difícil contestar con unas pocas palabras, pero lo intentaré. Zambrano dedicó en su obra bastante atención al tema de lo femenino y le resultaba algo de gran valor y algo mucho más amplio que lo que relacionamos simplemente con las mujeres. Se trata de ver, experimentar y explicar el mundo con una diferente sensibilidad y razón a lo que reinaba en la cultura occidental desde su nacimiento en la antigua Grecia y en el cristianismo. Por tanto, para ella lo femenino era algo muy importante, algo para proteger y cultivar. Pero según ella, algún tipo de feminismo, el que ella pudo observar en su época de juventud en España, durante “los felices años veinte” del siglo pasado, intentaba igualar las mujeres a los hombres, entrando en la narración masculina del mundo y perdiendo lo específicamente femenino. Por eso, y sólo en ese sentido, lo rechazaba.
Yo siempre he entendido que la igualdad se debe hacer entre hombres y mujeres. Pero hace años me encontré con una feminista que, ante esta idea, me replicó que ella no quería hombres porque no entendían nuestra lucha. Lógicamente, hui espantada. ¿Cómo era la percepción y la integración del hombre con las mujeres en la vida y en la obra de Zambrano?
Pero hay que tener en cuenta que funcionar en los círculos culturales e intelectuales de España de la época de antes de la guerra civil, era funcionar entre los hombres. Estudiar filosofía era ser la única o una de las pocas mujeres en la facultad. Zambrano, estaba rodeada de amigos y profesores masculinos y sabía tratar con ellos, obteniendo su amistad y su respeto. Sin embargo, me atrevería a decir que nunca dividió a la gente según su género, sino según la afinidad, cercanía intelectual o personal que tenía con alguien. No he encontrado ningún texto que demostrase que una mujer, solo por serlo, le fuera más cercana. De hecho, para ella, ser persona era algo que superaba la división genérica. Decía también que a unos ciertos niveles de profundidad de un pensamiento la voz que habla ya no es ni masculina ni femenina, sino simplemente humana.
Pasemos al plano político que tanto nos está afectando ahora con el auge de la extrema derecha y posicionamientos totalitarios. Ella quedó desencantada de los partidos políticos y de su disgusto con “El frente español”, aunque siempre se consideró republicana. ¿Cómo crees que viviría o diría sobre los tiempos actuales?
Es imposible saberlo. Pero seguramente sabría expresar y defender sus ideales, que claramente eran más de izquierda que de derecha. Creo que no se dejaría manipular por los populismos actuales, ni se dejaría desinformar con tanta facilidad como la mayoría de nosotros. Contemplaba muy a fondo cualquier idea que cogía como suya. La vivía, la discutía con diferentes amigos, la ponía a prueba. Actualmente, cada vez nos cuesta más dedicar tiempo para profundizar en las cosas que realmente pensamos o creemos. Estamos sobre estimulados con diferentes impulsos, opiniones y nos cuesta asimilarlos. Quiero creer que ella hubiera mantenido su don de introspección de la realidad más profunda también en los tiempos actuales.
No tuvo buen entendimiento con Ortega y Gasset ya que se aleja de la “caverna filosófica” de Ortega, aunque sí tuvo buena relación con intelectuales como Luis Cernuda, Miguel Hernández, José Bergamín, Maruja Mallo... ¿Qué le llevó a alejarse de Ortega y Gasset? ¿O qué veía en él que no se sentía a gusto con su pensamiento o actitud?
Yo no diría que no tuvo entendimiento con Ortega y Gasset. De hecho, siempre lo trató como a su Profesor con mayúsculas, como a alguien quien la apreció y se fío de ella como una pensadora, que no era algo tan obvio en la época de sus estudios y luego mientras trabajaba en la universidad. A diferencia de su amiga, Rosa Chacel, ella no entraba en la polémica con Ortega sobre los temas de lo femenino, porque creo que en esa época le interesaban más otros temas como el alma y su famoso artículo Hacia un saber sobre el alma, que causó una rotura definitiva entre ella y Ortega. Es cuando Ortega le dijo algo como: Usted no ha llegado aún aquí (enseñándose a sí mismo) y ya quiere irse más allá. Ella empezó por el vitalismo orteguiano, pero llegó a unos sitios muy diferentes, muy suyos. Eso sí, cuando ya estaba en el exilio, le superaron las elecciones políticas de Ortega y ya no supo entenderlo. Pero no le condenó. Simplemente dejó de mencionarlo. Creo que ella intentaba no condenar a nadie. Siempre intentaba entender, empatizar con los demás. Por eso, el archivo con su correspondencia es impresionante. Allí queda aún mucho trabajo por hacer para los investigadores de su vida.
¿Cómo vivió el exilio vital e intelectualmente tras la guerra civil?
Vivió muchas penurias, muchos cambios. Sus textos sobre el exilio en general, sobre la figura del exiliado, son una muestra de que le resultó muy difícil. Aunque acompañada de su hermana y siempre rodeada de amigos, notaba esa soledad profunda, esa ansiedad o inquietud de una persona desarraigada, sin pasado y sin futuro. El exiliado es una figura muy importante en su pensamiento, con mucho peso.
Yo soy admiradora de Galdós, durante mucho tiempo desprestigiado. No sé si sabrás que el aragonés, Luis Buñuel, también admiraba al escritor canario (ahí están sus películas “Tristana” y “Nazarín”), pero lo que quisiera saber qué ideas subraya cuando escribió “La España de Galdós”.
Zambrano también era gran admiradora de Galdós. Veía en su obra un registro perfecto de la vida española, de lo más importante y emblemático de su cultura e historia. Y sobre todo veía en Galdós al primer autor español que creó unos personajes femeninos de gran calidad, dándoles un ser ontológico verdadero y rico, una sustancialidad que antes sólo se veía en los personajes masculinos. Lo español y lo femenino es lo que le atraía en esa obra. Además, para Zambrano el pensamiento español se expresaba mejor a través de la novela que de un tratado filosófico. Porque para ella lo específico de este pensamiento era su cercanía al realismo en vez de racionalismo. Eso lo diferenciaba del pensamiento occidental.
Por último, para que nuestros lectores y lectoras te conozcan un poco mejor, llevas muchos años viviendo en Aragón y ahora te acaban de publicar una novela centrada en nuestra tierra escrita en polaco. Hace poco hiciste la promoción en Polonia, ¿cómo fue la acogida teniendo en cuenta la lejanía cultural entre Polonia y Aragón?
Sí, llevo ya casi veinte años viviendo en Aragón, en el Pirineo. Mi último libro en gran parte se basa en las historias contadas por la gente mayor del pueblo donde vivo. Muchas son historias relacionadas con la guerra civil y postguerra. Pero es una novela, una ficción, simplemente inspirada por esas historias. La acogida ha sido muy buena. Creo que a mucha gente de Polonia le ha sorprendido positivamente esa visión de España tan diferente de lo que ven durante sus vacaciones de verano en la costa mediterránea. La visión de España está bastante estereotipada en el resto de Europa. Es un país de sol, de verano, de playa, muy turístico. El Pirineo de mi libro es muy ajeno a esa visión. Muy vacío, frío, un poco oscuro. Además, tampoco se sabe mucho sobre la guerra civil. Toda la atención histórica está atrapada por las guerras mundiales, sobre todo la segunda, que es la que más afectó a Polonia. Me alegra de que he podido ampliar un poco la visión en España en mi país de nacimiento.

