El refugio no tiene precio

Desamparo, desolación. Luces de incendios, sirenas de bomberos y de ambulancias, edificios con los ojos bien abiertos, vacíos de balcones, amasijos de hierro. Caravanas de coches, banderas en protestas, gentes sin casa, luces de túneles. Despachos inmaculados, rostros serios y satisfechos. Se repite la liturgia, la orgía televisiva, el desgarro de la carne. La guerra llama a nuestra pantalla, sangre, ruina y miseria. Jarkov, Kiev, Alepo, Bagdad, Darfur, Donbass, Gaza, Hodeida, Kobane, Sana… Aceptamos su entrada, abrimos ya nuestras puertas a todas las personas huidas de esta guerra, incluidas las integrantes de la policía ucraniana que hasta hace un segundo …

Desamparo, desolación. Luces de incendios, sirenas de bomberos y de ambulancias, edificios con los ojos bien abiertos, vacíos de balcones, amasijos de hierro. Caravanas de coches, banderas en protestas, gentes sin casa, luces de túneles. Despachos inmaculados, rostros serios y satisfechos.

Se repite la liturgia, la orgía televisiva, el desgarro de la carne. La guerra llama a nuestra pantalla, sangre, ruina y miseria. Jarkov, Kiev, Alepo, Bagdad, Darfur, Donbass, Gaza, Hodeida, Kobane, Sana…

Aceptamos su entrada, abrimos ya nuestras puertas a todas las personas huidas de esta guerra, incluidas las integrantes de la policía ucraniana que hasta hace un segundo excluían a las africanas y asiáticas del derecho al refugio.

Mientras, las tropas bielorrusas, estonias, húngaras, letonas, lituanas, polacas, turcas … siguen patrullando alambradas solo para afganas, congoleñas, kurdas, sirias, yemeníes ... Allí están lejos, allí no son “blancos” ni “cristianas”, allí compramos minerales, allí vendemos armas.

Desmontamos la “jungla” de Calais, quemamos sus enseres, bulldozer allanan el terreno y la dignidad. Les expulsamos hacia quienes siguen haciendo la sucia tarea de seguir encerrándolos, a veces empujándolos al desierto o a peores infiernos. Encerramos a quienes escapan en Centros de Internamiento. Lugares hacinados, con deficientes condiciones higiénicas y mala atención sanitaria.

Condenamos a largos años de precariedad a las personas huidas de otras balas, de otras miserias, de otros acosos, de bodas forzadas. Lo dice la Ley, democrática, aprobada en un Parlamento elegido urnas mediante. Las normas, Asilo y Refugio, Extranjería, no quieren personas sin documentos pobres y expropiadas.

Dirigimos palabras de odio a quienes viven en nuestros barrios, recogen nuestras cosechas, compran en nuestras tiendas, comparten aulas con nuestros hijos y nietas, limpian casas y hoteles, pasean a nuestros mayores, nos traen la compra por internet o las bebidas de nuestros vermús, nos cobran en supermercados, investigan en nuestros centros y universidades, hasta llegan a obtener la nacionalidad española ...

La respuesta es clara, ningún ejército, ninguna alianza militar defiende la paz. No obstante, vamos más allá porque la paz no es solo ausencia de guerra sino también de injusticia. Las personas tienen derecho a una vida digna, una salud y una vivienda adecuadas.

Debemos garantizar que tengan esas condiciones en su lugar de origen. Para ello, tal vez tengamos que acoger a desertores de cualquier guerra, dejar de vender armas a países en conflicto y reconvertir esta industria, renunciar a la “disuasión nuclear”, ahora percibida como inútil cual rey desnudo, reforzar la cooperación internacional … O dejar de sostener tiranías, de comprar ese gas, de vender clubes de fútbol, de cambiar inmuebles por visados, de financiar explotaciones laborales, de expoliar bancos de pesca ...

Mientras tanto, ¿qué salida les damos? Las migraciones son seculares y universales. Las sociedades han crecido gracias a los aportes de quienes vienen y nos precedieron. Quiero a mi lado, en mi vecindario, a las personas provenientes de Ucrania (bienvenidas sean, siempre tendrán un sitio en nuestra mesa). También a las colombianas, salvadoreñas, guatemaltecas (por nombrar a tres de los países más peligrosos del mundo en los que la vida, en especial de las mujeres, vale poco), sudanesas, centroafricanas, camerunesas, chadianas ... ¿Acaso sus explotaciones, sus guerras matan menos que otras?

¿Vamos a abrir puertas, solo a algunas, y cerrar trabajos y viviendas? Las políticas de acogida y de cuidados deben tener una traducción legal para todas. Si no, queda en discursos vacuos y en cultivo de venenos de otros tiempos.

¡¡¡No a la guerra, Regularización y ratificación del convenio 189 de la OIT ya, qué menos!!!

 

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