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Redescubriendo a Ken Loach

La extensa obra de Ken Loach, realizador heredero del Free Cinema, incide particularmente en la situación de las clases más desfavorecidas, fundamentalmente en los países de las islas de Gran Bretaña e Irlanda, sobre todo a partir del ascenso al poder de Margaret Thatcher.
| 14 septiembre, 2013 08.09
Redescubriendo a Ken Loach
Ken Loach durante un rodaje.

El director y guionista inglés acaba de presentar su última obra “El espíritu del 45“. Un documental que gira en torno al año 1945, cuando Inglaterra salió de un largo conflicto bélico; analiza el espíritu del nuevo socialismo que marcó la era y reflexiona sobre qué ha pasado hoy con esos ideales con protagonistas directos. Una época en la que desarrollaron el Sistema Público de Salud, la propiedad estatal y el concepto de bien público (no privado).

Con “El espíritu del 45“ Ken Loach, que vuelve así al género que practicó en sus primeros tiempos, destaca por su apreciable labor para rescatar imágenes de archivo. Aprovechando el estreno del documental, estrenado ayer en la cartelera aragonesa y que solo se puede ver en un cine en Zaragoza, hacemos un repaso a la trayectoria del genial artista político inglés.

La extensa obra de Ken Loach, realizador heredero del Free Cinema, incide particularmente en la situación de las clases más desfavorecidas, fundamentalmente en los países de las islas de Gran Bretaña e Irlanda, sobre todo a partir del ascenso al poder de Margaret Thatcher.

Sus primeros pasos. Felices dieciséis

Loach nació el 17 de junio de 1936 en Nuneaton, un pequeño pueblo del centro de Inglaterra, donde transcurrieron los 20 primeros años de su vida. «Un buen lugar para criarse en los años 40 y 50, porque no pasaba mucha cosa» apunta Loach.

Aprobó la reválida y empezó bachiller. Loach ha descrito alguna vez el bachiller británico como «un sistema muy injusto». De esta etapa recuerda a un «gran profesor» de historia, Sidney Reed Brett, que «todo lo reducía a causas, sucesos y resultados. Había causas de raíz y causas inmediatas. Resultados inmediatos y resultados a largo plazo. Aquello te obligaba a desmembrar y a analizar el sujeto con rigurosidad. Era estupendo. Te decía: “Me das los ingredientes pero no has cocido la tarta”. Y cuando respondas a una pregunta, tienes que “cocer la tarta”. Era uno de sus dichos. Y creo que me fue de enorme valor más tarde, hay que responder a la pregunta fundamental: ¿Es verdad? ¿Merece la pena descubrirlo? ¿Merece la pena contar la historia?».

Loach decide matricularse en derecho en la exigente Universidad de Oxford. En aquella época de su vida afirma que no le interesaba nada el cine: «A mí me iba el teatro. Pensé en ser actor e hice lo imposible por conseguirlo, pero se ve que no era muy bueno. Seguramente era el peor actor de Inglaterra». Gracias a su paso por la Universidad consiguió trabajo en el teatro como suplente en la revista “One Over The Eight”, «afortunadamente para el público asistente, nunca tuve que actuar».

Luego trabajó de ayudante de dirección en el Northampton Repertory Theatre en obras de asesinatos. Loach cuenta que en una de estas obras la protagonista, la que interpretaba el papel de Miss Marple, personaje de las novelas de Agatha Christie, era «una mujer mayor, muy agradable, pero con una memoria no muy buena, y en la escena final, donde se revela quien es el asesino no llegó a decirlo en varias ocasiones y el público se iba con el asesinato sin resolver».

Se presentó para ayudante de regidor para la BBC, pero no le cogieron. Unas semanas después se presentó para director con mejor suerte. “Es que cogían a cualquiera” explica con su habitual sentido del humor y humildad.

Primeras obras para televisión. Mi nombre es Ken

Loach recuerda que tuvo mucha suerte al poder escribir para el semanal “The Wednesday Play” de la BBC, unas 35 obras de teatro dramáticas que duraban como una película. En esa época Ken Loach era uno de los jóvenes directores más importantes y se convirtió en el director más sobresaliente en aquello. Su intención y la de sus compañeros, era hacer obras dramáticas televisivas, contemporáneas y cercanas sobra la vida que todo el mundo conocía, sacarlas del estudio al mundo real y usar los recién salidos 16 mm. “Fue una época extraordinaria y todo un privilegio poder haber formado parte de ella” comenta el director.

Ken con actitud tranquila y su infalible ojo para saber lo que es veraz consiguió, en las obras de “The Wednesday Play”, actuaciones que se convirtieron en la referencia de una especie de naturalismo destilado. “Seguro que si vemos algo de lo que hicimos entonces parecerá muy primitivo, como la obra de un principiante. Pero aun así, lo que buscábamos colectivamente, merecía la pena. Nuestro objetivo era intentar hablar con el público y que este tuviera voz de alguna forma. Supongo que nunca he dejado de creer en eso» apunta Loach.

Después de realizar “Cathy Come Home” en 1966, quizás la obra más representativa de esta época, el «esqueleto organizativo» ya estaba perfilado. Debutó en el cine un año después con “Poor Cow”, un drama social con el protagonismo de Carol White, Terence Stamp y John Bindon.

En 1969 estrenó “Kes”, un drama familiar sobre «la pérdida del recurso más preciado de Inglaterra, el talento y la capacidad de la siguiente generación». Este título le supuso grandes elogios por la crítica y su primer éxito en el Festival de Cannes. Sobre el rodaje Loach dijo que fue una de esas cosas que acaban encajando felizmente. Otra de las grandes cosas que le sucedió con “Kes” fue trabajar con el cámara Chris Menges del que aprendió el estilo que impregnaría sus obras posteriores, el uso de la cámara como un observador, «no como algo para coger y correr en busca de la acción, sino para sentarse y observar, iluminando para que no obstruya, para que simpatice y naturalice».

Durante 12 años se mantuvo «ausente» como si no pudiera volver a grabar nada que le gustara. Entonces hizo algunos anuncios comerciales de los que estuvo muy agradecido en aquel momento. “Cuando asomas la cabeza por encima del parapeto político, surge una especie de incompatibilidad de la que yo era muy consciente. Pero era aquello o nada”.

El estilo de Loach. Cine y libertad

La «vuelta» vino de la mano de David Puttnam, quien le encargó el guión de “Agenda Oculta”. Una película distinta a las que había hecho hasta entonces que supuso un nuevo comienzo en su carrera. Con “Agenda Oculta”, una cinta que narra la lucha por los derechos humanos en una Irlanda ahogada por el Imperio Británico y el gobierno de Thatcher, ganó el Premio del Jurado en Cannes.

Luego llegó “Riff Raff”. De repente todo volvía a funcionar. Títulos como “Lloviendo Piedras” (1993), “Ladybird, Ladybird” (1994), “Tierra y Libertad” (1995), “La canción de Carla” (1996), “Mi nombre es Joe” (1998), “La Cuadrilla” (2001), “El viento que agita la cebada” (2006), “Buscando a Eric” (2009) y la más reciente “La parte de los ángeles” (2012), por citar algunos, componen una filmografía espectacular.

El estilo de Loach durante las grabaciones de las películas es muy peculiar. Elude el contacto visual con los actores y actrices de cualquier miembro de su equipo para “evitar distracciones y para que sean libres para relacionarse con los demás actores”. El actor irlandés Cillian Murphy, uno de los protagonistas de la imprescindible “El viento que agita la cebada”, recuerda que el primer día de rodaje pidió «una señal» y Loach le contestó que “aquí no existe esa palabra”. “Esa es la libertad que hay. Si te apetece andar hacia allá, el equipo de cámaras tan genial con el que lleva tanto tiempo trabajando, te seguirá. No es un rodaje estándar, no es plano general, plano medio, plano detalle y montaje, no hay nada estándar en su manera de rodar” explica Murphy.

Ian Hurt, coprotagonista de “Tierra y Libertad”, apunta: «Lo que aprendí de Ken Loach y he transmitido a quien ha querido escucharme es que la caracterización limita a la gente: “Mi personaje no haría eso”. Tonterías. La gente cambia y hace cosas que no son propias de sí mismos todos los días».

Para Loach el quid de la interpretación es que todos los momentos tienen que ser verdaderos. “Que experimenten la propia película y la propia historia y mientras aprenden y exploran. Los actores tienen que darle vida a la historia con espontaneidad, de manera que sintamos que se despliega ante nuestros ojos”. Para conseguir esto Loach hace que los y las intérpretes descubran la historia conforme va transcurriendo, “puede que no reciban el guión hasta dos días antes”.

Algunas escenas pueden variar por la interpretación pero “la esencia del guión es innegociable y los diálogos son muy importantes tal y como están escritos” por eso pasa tantas horas junto con el guionista Paul Laverty, su habitual compañero y amigo en los rodajes, perfeccionando los guiones. «Es un trabajo colaborativo apoyado en la improvisación pero a pesar de ello manteniéndose fiel a los guiones escritos por Paul. Lo saben todo sobre su pasado pero no necesariamente sobre su futuro y si se sorprenden hay que filmar porque no se va a repetir» asegura el cineasta. “Lo que a mí me fascina, y a Ken también, de una historia es donde recae el poder entre las relaciones, a lo que la gente se tiene que enfrentar. ¿Cuál es su situación? ¿Cómo ven su mundo?” añade Laverty.

Una de las frases que mejor definen a Ken Loach es: «El cine es una actividad de un grupo por eso no puedes decir “una película de…” o “un film de tal…” Si lo hicieras, no podrías mirar a la cara a quienes trabajan contigo». Sobre su humildad y trabajo en equipo, el actor Peter Mullan, con el que compartió rodaje en “Riff-Raff” y “Mi nombre es Joe”, dijo: “En los rodajes, no se muestra como el gran director y maestro de fama mundial que es”.

Luchando por un mundo libre

El director inglés rechaza el término “realismo social” por considerarlo “obstruccionista, porque la gente piensa: “Voy a ver una película de realismo social, sobre gente humillada con un acento ininteligible y me voy a aburrir como una ostra”. Eso es lo que acabaran viendo y se pierden lo que tienen delante, que es gente vivaracha y graciosa que se encuentra ante un trágico dilema o un dilema cómico”.

Loach siempre se ha mantenido en sus ideales políticos, y con el tiempo su compromiso y firmeza se ha reforzado. El cine de Ken Loach a cierta gente le resulta una amenaza y argumentan que los tiempos han cambiado, que ya no se trata de eso. Pero si que se trata de eso, de los que tienen y de los que no tienen.

“La política influye en la estética de las películas porque determina cómo fotografías a las personas. Por ejemplo, si enfocas a alguien con un gran angular, le pones un foco en la cara y lo filmas con un primer plano, lo estás convirtiendo en un objeto, lo cual me parece bastante de derechas. Así puedes ajustar sus salarios, explotarlos, ignorarlos… Es un punto de vista hostil de la gente. Si pones un objetivo más pequeño y te sientas atrás y los iluminas de una manera agradable, te identificas con ellos, compartes sus sentimientos, lloras cuando lloran, te enfadas cuando se enfadan. Y así se crea una solidaridad entre el espectador y el personaje” explica Loach.

Durante el rodaje de “El viento que agita la cebada” Loach afirmó: “Me interesa el momento en que Irlanda consigue su independencia desde hace mucho. El conflicto entre hermanos muestra las grandes cuestiones. Si te implicas en la historia, te implicas en las decisiones de los personajes, y acabas tomando una postura respecto a las cosas”. El actor irlandés Liam Cunningham, coprotagonista de esta cinta, aseguraba: «Ha sido un inglés quien me ha forzado a tomar una posición y examinar mi historia».

El cine de Ken cuentas historias reales que pocos quieren contar. Historias muy puras de la vida contadas por un genio. “No puedes pasar de largo de lo que está sucediendo. Tal vez si contamos la verdad sobre el pasado contamos también la verdad sobre el presente. No hay más camino que el de la lucha”.

14 septiembre, 2013

Autor/Autora

Redactor, editor, funciones de coordinación y administración. Integrante del Consello d’AraInfo y uno de los cofundadores. @igoiz17


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