Recuperar la primavera

Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura, escribió en ‘Hijos de la época’ uno de los textos más certeros para explicar hasta qué punto todo lo que hacemos en esta vida es política. Deja sin excusas a los del mantra “yo de política no quiero saber nada”. Porque justo ese no-quiero-saber-nada es también un gesto político. Dice Szymborska: “Somos hijos de nuestra época / y nuestra época es política. / Todos tus, mis, nuestros, vuestros / problemas diurnos, y los nocturnos, / son problemas políticos. / Quieras o no, / tus genes tienen un pasado político, / tu piel un matiz …

Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura, escribió en ‘Hijos de la época’ uno de los textos más certeros para explicar hasta qué punto todo lo que hacemos en esta vida es política. Deja sin excusas a los del mantra “yo de política no quiero saber nada”. Porque justo ese no-quiero-saber-nada es también un gesto político.

Dice Szymborska: “Somos hijos de nuestra época / y nuestra época es política. / Todos tus, mis, nuestros, vuestros / problemas diurnos, y los nocturnos, / son problemas políticos. / Quieras o no, / tus genes tienen un pasado político, / tu piel un matiz político / y tus ojos una visión política”.

Yo, que necesito leer a Wislawa tanto como esconderme en un bosque, he vuelto a recurrir a ella para, una vez más, salir de mi refugio personal y hacer algo que tiene que ver con la política, en este caso política municipal.

Deseo con más fuerza que nunca que el PP no vuelva a tener la alcaldía de Zaragoza. Deseo que las izquierdas sean capaces de sumar lo suficiente para gobernar y cerrarle el paso a quienes están practicando una de las más nefastas políticas sociales que recuerdo. Hay que cerrarle el paso a los negacionistas del cambio climático, a los altavoces del odio, a los urbanistas del desastre, a quienes cierran centros sociales como el Luis Buñuel, a los que hacen negocios con la vivienda, a los que creen que los animales son plagas, a los que aman la cultura del plástico, a quienes dejan partidas de acción social sin utilizar, desatienden los barrios, se asustan del feminismo que avanza o hacen de la participación ciudadana una farsa. La lista es tan larga que vuelvo a Wislawa Szymborska para coger oxígeno y explicarme mejor.

“Lo que dices, así suena, / lo que callas, también suena, / de cualquier forma, político. / Adquirir significado político / ni siquiera requiere ser humano. / Basta ser petróleo, / pienso compuesto o materia reciclada”.

Mi paso político es sencillo: al formar parte de la candidatura municipal de Zaragoza en Común (ZEC), apoyo a gente tan variada como interesante. Gente que viene del movimiento vecinal, de la acción social, de los sindicatos, del feminismo; gente que entiende lo que es un desahucio; que sabe que la acción social es tan urgente como necesaria; que sabe que el respeto a los animales no es moda, sino ética; que sabe que una vivienda no es un lujo, es una necesidad. Una candidatura formada por gente joven y gente mayor, gente en movimiento, gente que tendrá que aprender nuevos mecanismos de hacer política y gente que ya los conoce, gente que ha puesto banda sonora a la Zaragoza y al Aragón rebeldes, gente que sabe de economía, que sabe de cuidados, en definitiva, que sabe lo que es una ciudad. Formar parte de esa lista municipal es algo que he hecho recordando a Szymborska, porque yo también soy hija de una época. Y porque esta nueva época nos obliga a reaccionar. Pocas veces un cambio de política es tan necesario: echar al PP es una cuestión de supervivencia ciudadana.

El poema termina diciendo: “O la mesa de debates / de diseño durante meses discutido:/ ¿redonda?, ¿cuadrada?, ¿qué mesa es mejor / para deliberar acerca de la vida y de la muerte? / Mientras, perecía gente, / morían animales, / ardían casas, / y los campos se quedaban yermos / como en épocas remotas / y menos políticas”.

Como poeta no podía desoír este poema y como ciudadana no puedo olvidar a Richard Wilkinson y a Kate Pickett cuando nos recuerdan que las sociedades donde se ponen en marcha políticas igualitarias mejoran el bienestar colectivo, el bienestar de una ciudad en este caso. La lista de ZEC está llena de personas que entienden esa igualdad necesaria. Sirvan pues estos versos para empezar a recuperar las cuatro primaveras perdidas en la ciudad del cierzo.

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