Racistas de mierda

07 agosto, 2026. 06:39

España no es un país racista, uno de esos tópicos que hemos escuchado repetidos tantas veces. Luego está la realidad.

Para qué vamos a andarnos con florituras: estamos rodeados de racistas de mierda. Un racismo además sin complejos, que hasta jalea las, de momento, 141 personas ahogadas, según el recuento de la ONG Caminando fronteras, en las costas de Ceuta. Ya sea del lado marroquí o español del mar. Curiosa ironía eso de que el mar también sea frontera, en este caso más real que nunca.

Por supuesto las redes sociales o las conversaciones de bar no son datos fiables sociológicamente, pero la perspectiva de lo que en el día a día leemos o escuchamos cualquiera debe hacernos reflexionar.

Nuestras sociedades de la opulencia se han tenido que mirar, una vez más, en el espejo de la pobreza y la desesperación y el reflejo no les ha gustado, así que mejor mirar para otro lado o atacar a quien peor puede defenderse.

Es más. Una parte de la sociedad arremete contra críos que nadan solos. Contra madres que nadan con su bebé a cuestas, contra refugiados de zonas en conflicto... Pero ¿Quién no es refugiada cuando huye de la pobreza o la exclusión social?

O no necesitamos hablar ni de pobreza. Acaso no somos conscientes de que nos ponemos las anteojeras y pretendemos hacernos los tontos, como se lo hacen los gobiernos europeos, sobre las libertades individuales o políticas en nuestro vecino del Sur. Marruecos es guay de turismo, un país fascinante sin duda, con un régimen que tiene hasta un nombre para su élite hipercorrupta: Majzén.

Es muy cómodo externalizar las políticas migratorias a países no democráticos y luego acudir a colgarse la medallita progre aunque no dejes de ser un/a racista de mierda.

Pero la cosa es aún más hipócrita cuando hablamos de instituciones y se queda en política de gestos.

De gestos desde la izquierda como no querer colaborar con el Mundial de fútbol 2030, que organizan España, Portugal y Marruecos conjuntamente, sabiendo que este gesto sale gratis. Todo esto mientras se habla con la boca pequeña de la imprescindible colaboración europea para que en el vecino magrebí se implementen determinadas dinámicas migratorias o económicas.

Sí, el gobierno español no es como el estadounidense o el israelí, de cuyos estados Marruecos es un simple lacayo. Pero no por ello ha dejado de protagonizar episodios tan vergonzantes como dejar a su suerte al pueblo saharaui.

No digamos ya de la ultraderecha y la derecha (cada vez es más difícil encontrar la línea de separación) que están practicando una política de acoso y derribo que va tomando diversas derivadas que van desde la islamofobia (no olvidemos que buena parte de la población melillense o ceutí es española pero musulmana) al castigo a lo que no es otra cosa que pobreza y necesidad como sucede con los menores extranjeros a los que se convierte en sospechosos por el hecho de existir.

Por lo pronto todos los gobiernos autonómicos de la derecha ya se han negado a acoger a las personas acogidas tras los sucesos de Ceuta, como arremeten día tras día contra cualquier otra política de asilo a refugiadas.

Los derechistas patriotas esconden el epíteto, pero no son menos racistas de mierda.

Pero a lo mejor también nos tenemos que mirar cada quien en nuestra cotidianidad, en nuestras opiniones y actitudes. No vaya a ser que nos pase como en la genial canción de Parque Svr y nos defina un: no soy racista pero...


 

Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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