¿Quién cerrará la puerta?: la necesidad de recuperar la historia en tiempos convulsos

La obra cuenta la historia de un vecino de Calatorao, Julio Cubero, que logró escapar de ser asesinado por sus vecinos fascistas y se vio obligado a convertirse en un topo y vivir escondido, y encogido, en un agujero de su casa durante varios años ante la realidad de ser un objetivo a batir.

29 julio, 2026. 11:51
Detalle de la portada de la obra

El músico y docente Jesús Trasobares se estrenó como novelista con esta novela publicada por Doce Robles y que ha alcanzado varias ediciones desde que vio la luz allá por 2020. El motivo de recomendar su lectura, unos años después, se debe a la necesidad imperiosa de recuperar la conciencia de lo que se nos viene encima, tanto en Aragón como en el resto del Estado, con la llegada del fascismo a los distintos gobiernos y sus políticas racistas, sexistas, revisionistas y negacionistas. Nuestro pasado más cercano, en este caso el vivido por los y las vecinas de Calatorao, nos debería prevenir, poner en alerta y empujarnos a un papel proactivo contra el avance del fascismo.

La novela se estructura en dos partes: la terrible biografía de Julio Cubero y el descubrimiento de sus memorias por parte de Jesús Trasobares tras leer a escondidas el manuscrito que su padre le está transcribiendo a Julio. Es una estructura muy acertada por parte del autor, que facilita y hace más atractiva, si cabe, la lectura de la novela.

La historia que rescata esta novela es terrorífica y, aunque se enmarca en el marco territorial de Calatorao, es extensible a cualquier lugar del Estado. Julio Cubero sufrió en sus carnes la brutalidad del fascismo tras el triunfo del golpe de Estado en Calatorao. Sus simpatías por la izquierda y un reciente enfrentamiento con un sanguinario guardia civil de la localidad, el sargento Orera, cerraron su trágico destino. Como muchas personas a lo largo del territorio estatal, Julio ni huyó ni se escondió tras el golpe de Estado; no había hecho nada y no vio la necesidad.

Lamentablemente para él, la inocencia era un término más que relativo para los fascistas. Al igual que otros jóvenes de Calatorao, Julio fue detenido, encerrado y torturado en el castillo de la localidad, de manera salvaje por guardias civiles, entre ellos Orera, y falangistas del pueblo, entre los que Julio cita a un tal Muñoz. En sus memorias, Julio deja constancia de las torturas sufridas y del brutal asesinato de un joven a manos de uno de sus vecinos falangistas. Tras las torturas, Julio y el resto de jóvenes detenidos, una veintena, son conducidos a las afueras para ser asesinados. La suerte estuvo del lado de Julio que, junto a un vecino llamado Antonio Pérez, saltó del camión y huyó en la noche. Era el 13 de agosto de 1936, veinte vecinos fueron asesinados, en los meses siguientes se sumarían una cuarentena más, entre ellos dos niños de 14 y 15 años.

Ese 13 de agosto comenzó una nueva vida para Julio, escondido en una madriguera de zorros, huyendo de sus captores, salvó la vida gracias a un falangista de Alpartir, Pepe, que no solo no lo delató sino que le prestó ayuda. De la madriguera a un pequeño zulo en el patio de la casa familiar, de poco más de 1 metro de altura, donde permaneció enterrado en vida hasta 1944. Tras entregarse voluntariamente en 1944, fue condenado a cuatro años de servicio militar en África. Las vicisitudes de su encierro vienen detalladas en las notas que recopiló el padre de Jesús Trasobares. Por cierto, del compañero de fuga, Antonio Pérez, nunca más se supo nada.

Esta novela nos regala dos moralejas de vital importancia. La primera es que el fascismo no es una ideología inocente, la brutalidad de sus métodos y el señalamiento no es cosa del pasado. Los violentos incidentes racistas del verano pasado en Torre Pacheco, instigados, justificados y aplaudidos por la extrema derecha, muestran la auténtica cara del fascismo. Medidas del actual Gobierno de Aragón como eliminar la paga semanal a los menores inmigrantes de acogida, pero no a los de origen español, como justificar la violencia machista, justificar y aplaudir el genocidio en Gaza o negar la emergencia climática mientras el sur de Europa está ardiendo son solo terribles pinceladas de lo que nos espera si la extrema derecha llega al poder de manos del Partido Popular.

La segunda moraleja tiene que ver con la impunidad del fascismo. En la novela de Jesús Trasobares se echa de menos el señalamiento a los verdugos, con la salvedad de Muñoz y Orera. Como el propio autor señala al final de su novela, Julio Cubero nunca dejó de señalar en vida a los verdugos y asesinos de Calatorao. Sin embargo, a lo largo de las páginas de ¿Quién cerrará la puerta? se evita poner nombres y apellidos a asesinos y torturadores. El miedo a levantar “ampollas” en la actualidad no deja de ser un nuevo manto de impunidad para los verdugos que se suma a la inmunidad jurídica y política de la que disfrutaron durante los cuarenta años de dictadura. Por suerte, trabajos como Verdugos del 36 de David Alegre ponen nombre y apellidos a la sanguinaria maquinaria fascista.

Otra maldita novela sobre la guerra civil, como diría Isaac Rosa, nos ha de servir para despertar conciencias ante la inminente amenaza del fascismo. Da igual una novela histórica o leer y escuchar las noticias políticas del día a día; el fascismo ha llegado a muchos gobiernos y aspira a gobernar, de la mano del PP, en el Estado español. No hay que esperar y lamentar a que sea una realidad; más vale prevenir y luchar que curar.

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