PURNA llama “al conjunto del movimiento pro-lenguas a hacer autocrítica y a asumir responsabilidades en el conflicto”

Hace unas semanas las secretarías de Formación y Lenguas de la organización juvenil Purna presentaron un documento trilingüe titulado “Ante la realidad lingüística de Aragón”, en el que repasan “el lingüicidio emprendido contra el aragonés y el catalán, así como las problemáticas que enfrentan”.

Desde Purna ponen “en relieve el gran valor cultural inmaterial que supone la existencia de dos lenguas propias en Aragón” y hacen hincapié “en la creación de un conflicto lingüístico que, aseguran, ha tenido que ver en gran medida con asuntos ideológicos exógenos a los propios hablantes de aragonés y catalán, quienes han estado permanentemente instrumentalizados por las diferentes tendencias políticas”, y que en la actualidad “el riesgo de extinción total es real y nos acercamos a un punto de no retorno”.

Después de un detallado repaso de la historia del origen del aragonés y catalán, sus zonas de uso, y el inicio del lingüicidio, acrecentado para la organización a partir de la creación del estado-nación moderno español que “aspira a la imposición total y hegemónica de su lengua nacional -la castellana- en la totalidad de su territorio, aniquilando si es necesario al resto de lenguas y culturas”, pasan a analizar la problemática concreta de la normalización del aragonés.

En este apartado hacen una dura crítica histórica "a la normalización del aragonés durante los últimos 40 años y su intento, o intentos, de normativización, así como a las diversas corrientes que pretenden salvar al aragonés, (siempre asumiendo también como parte de la crítica)".

Añaden que debido a esos errores “se fue generando una neolengua que, aunque tomaba como referencia el aragonés (...) se caracterizaba por utilizar una base sintáctica castellana, mezclar dialectos sin mucho rigor o con criterios poco científicos, confundir significados, realizar calcos de otras lenguas, utilizar malos usos de formas propias e incluso incorporar voces inventadas” y que provocó que “asociaciones formadas fundamentalmente por castellanohablantes interesados en recuperar y normalizar la lengua, han acabado imponiendo un modelo que les era más cómodo a ellos, más parecido al castellano, desplazado a las comunidades aragonesoparlantes nativas”.

Desde Purna abogan por que la variedad estándar del aragonés sea uno de sus dialectos constitutivos, en sus palabras, “belsetán o chistavín, por la no necesidad de crear una lengua artificial teniendo ya una real y completa, y porque se adopte una grafía etimológica que sea coherente con la escritura histórica del aragonés (la grafía medieval)”. Aseguran que esto “sería positivo a la hora de integrar el aragonés en el marco internacional de las lenguas latinas en general y en el del continuo occitano-romance en particular”.

En el caso del catalán aseguran que “los problemas a los que se ha expuesto esta lengua por parte del estado-nación son diferentes a los del aragonés”. Para Purna, “el catalán principalmente padece dos problemas: el primero de ellos es el de la negación por parte de la derecha reaccionaria de que en nuestro territorio se hable dicha lengua, privando así a sus hablantes de todo tipo de derechos, y, el segundo, la ruptura de la transmisión intergeneracional, por la que las nuevas generaciones ya no tienen al catalán como lengua materna o lengua de uso social, condenándola de este modo a la extinción”.

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