Propuestas para mejorar Aragón

Para quienes no me conocéis, llevo 20 años implicado en diversos colectivos sociales, desde los movimientos de resistencia contra la globalización a la comunicación alternativa, el ecologismo social, la economía solidaria y la cultura popular. En los últimos años, mis vivencias y trabajos se han centrado en los pueblos y la agroecología, sin descuidar el 15M, los primeros pasos de Zaragoza en Común y Podemos Aragón. Desde mayo de 2015 soy diputado en las Cortes de Aragón. Mi análisis de estos años está atravesado por mis propias vivencias, de la calle a la institución, con todo el cuerpo en lo …

Nacho Escartín Lasierra.

Para quienes no me conocéis, llevo 20 años implicado en diversos colectivos sociales, desde los movimientos de resistencia contra la globalización a la comunicación alternativa, el ecologismo social, la economía solidaria y la cultura popular. En los últimos años, mis vivencias y trabajos se han centrado en los pueblos y la agroecología, sin descuidar el 15M, los primeros pasos de Zaragoza en Común y Podemos Aragón. Desde mayo de 2015 soy diputado en las Cortes de Aragón.

Mi análisis de estos años está atravesado por mis propias vivencias, de la calle a la institución, con todo el cuerpo en lo rural, pero con un pie todavía en la ciudad de Zaragoza que me vio nacer. Mi visión del mundo y, por tanto, mis propuestas, tienen que ver con lo que experimento. Me centro en Aragón, el hermoso país en el que tenemos la suerte de vivir, maravilloso lugar de contrastes y biodiversidad. También en lo político. Tierra de pactos, dicen, y también de conflictos, de historia impresionante y, a veces, olvidada. Con tres lenguas propias, dos de ellas minorizadas. Un Aragón con mucha tierra militarizada, macroproyectos, monocultivos, caciques y unas pocas familias ricas que mandan mucho y mal. Un lugar con un sinfín de oportunidades para unas vidas dignas y un abanico potente de proyectos de economía solidaria, huertas ecológicas, gente noble y con talento.

Con todo ello y hacia delante, aquí van mis propuestas:

Definir objetivos concretos

“No desgasta el poder, lo que desgasta es no tenerlo”. Esta frase es de Andreotti. Las élites tienen claro que su objetivo es tener poder, es decir, manejar el cotarro. Para que ellos no nos manden, necesitamos poder popular, que la gente, la mayoría, los de abajo, las personas corrientes con las que me cruzo a diario definamos cómo vivir mejor. Una pequeña parte de ese poder está en nuestros actos individuales y cotidianos, en nuestro consumo y en nuestro trabajo. Otra parte mucho mayor está en nuestras organizaciones y en las instituciones.

El objetivo que os comparto es que mejoremos Aragón y lo diseñemos para los próximos años. Zaragoza concentra enorme parte de la riqueza, población y movimiento. No olvidemos los otros 730 municipios, entre los que hay ciudades medianas, pequeñas y, sobre todo, pueblos chicorrones. Esto es complejo. Una parte de nuestro esfuerzo iría hacia los ayuntamientos y otra en implicarnos más y mejor en el día a día de nuestro lugar: en escuelas, centros de trabajo, tejido asociativo y cultural, movimientos sociales, espacios en los que nos agrupamos por intereses geográficos, de ocio o afinidad política.

Soy consciente de que para conseguir algo así necesitamos mirarnos para adentro, ponernos de acuerdo muchas personas… y acertar. Aute decía que “quien no tenga sueños, que se prepare para tener dueños”. Creo que un primer acicate para juntarnos es nuestra oposición a que nos gobiernen las mismas familias poderosas y privilegiadas de siempre, herederas del poder franquista, corporativo y dinerario. Soy de los que piensa que “el pueblo unido jamás será vencido” y, como lo hemos demostrado en otras ocasiones, mi aportación en este ágora en AraInfo es esperanzada y optimista.

¿Poder para qué?

Ortega y Gasset escribió que “sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos”. De acuerdo. Pero, ¿en qué pensamos y hacia dónde vamos? ¿En qué ámbitos hay que poner el acento?

El ecofeminismo debería destacar en toda nuestra acción política. Una mirada amable y armónica de pisar la tierra, una forma de vivir en paz con el mundo y con justicia para todas las personas y seres vivos. La sostenibilidad de la vida pasa por un acuerdo amplísimo antes de que nuestra civilización salte por los aires. Los límites del planeta son evidentes, no hay minerales ni petróleo para nutrir el crecimiento exponencial que plantea un sistema capitalista que nos lleva a un abismo en el que ya está una parte importante de la población mundial. El reto climático nos obliga a ser valientes y generosos en las acciones hacia una vida mejor para la mayoría, no sólo para quienes hemos tenido la suerte de nacer en un lugar con posibilidades. Para todas las personas. Y esto pasa, sí o sí, por que algunos vivamos con menos para que otras vivan con más. Repartir la riqueza, los cuidados y la faena.

La ruralidad es otra propuesta de futuro. Vivimos en un territorio precioso, con muchísima diversidad y posibilidades para unas vidas dignas en pueblos variopintos. Apuesto con pasión por la repoblación de municipios que en las últimas décadas han perdido población y que, en muchos casos, son un lugar estupendo para plantear proyectos de vidas dignas y felices.

Los servicios públicos son imprescindibles hacia una comunidad equitativa y con oportunidades. En este año de pandemia hemos refirmado que la salud es lo primero, que si no cuidamos la salud, es imposible plantearse nada más y la economía seguirá gripada. Sólo tendremos salud si todas las personas tenemos salud. Aquellos aplausos deben concretarse en mejor gestión y más recursos para la atención primaria y la salud comunitaria, para la prevención de enfermedades, la reducción de las listas de espera y la sanidad universal de calidad.

La educación es otro derecho elemental que debemos sacar de las manos de los avariciosos. La educación pública, accesible y de calidad nos dota de saberes y posibilidades de crecimiento humano y social. También es un ascensor social para que cualquier niño o niña pueda aspirar a aportar todo lo que lleva dentro y es capaz de aprender y aportar a la comunidad.

Mención aparte para los servicios sociales y el cuarto pilar del estado del bienestar, que para las próximas oleadas sindémicas serán cruciales. Especialmente, debemos impulsar un nuevo modelo de atención a las personas mayores, enfermas y más dependientes, que deje atrás el actual sistema de residencias.

Sobre el trabajo productivo hay mucho que reflexionar, empezando por qué necesidades tenemos y cómo emplearnos para satisfacerlas. Si esas necesidades nos las marcan grandes empresas transnacionales, mal vamos. Definamos en qué queremos trabajar. Y, a partir de ahí, garanticemos condiciones de trabajo dignas, derechos laborales y reparto de la riqueza. Esto va a requerir no dejar por más tiempo el trabajo reproductivo y de cuidados fuera de estas reivindicaciones.

Todas las personas necesitan un mínimo para vivir, una renta universal garantizada. Pero nos encontramos con una maraña especuladora que hay que deshacer, con el nudo capitalista de la vivienda. Echemos esfuerzo por el derecho a una vivienda digna, hacia alquileres asequibles, viviendas sociales y casas cooperativas. Para la justicia social, necesitamos alternativas al capitalismo. Hemos avanzado mucho en el ámbito de la economía solidaria, espacios de comunicación alternativos, centros sociales, proyectos autogestionados en los que llevamos tiempo experimentando y demostrando que se puede vivir con otros valores y mejor. Avancemos con pasión en la agroecología, alimentación sana, comercio de proximidad, energías renovables distribuidas, autoconsumo, movilidad sostenible, cultura popular, nueva cultura del agua y un largo etcétera.

Hace 120 años Joaquín Costa proponía 12 principios concretos, que hoy recupero porque, salvando las distancias, es buena síntesis: 1) Reorganización de servicios públicos y supresión de empleos inútiles. 2) Reforma de la educación mediante una pedagogía moderna y la elevación social de los maestros. 3) Mejor accesibilidad de los alimentos y creación de cajas rurales. 4) Mejora de caminos carreteros baratos. 5) Reparto de tierras para quienes las trabajan, con expropiaciones forzosas. 6) Seguros sociales y ayudas para el retiro, la viudedad o la orfandad, así como inspección de trabajo para la seguridad en las fábricas. 7) Vuelta al oro y saneamiento de la moneda. 8) Nuevo poder judicial y simplificación de procesos. 9) Democracia directa desde la municipalización de servicios públicos y supresión de las Diputaciones Provinciales. 10) Régimen europeo de libertad para evitar caciquismos. 11) Todas estas medidas a la vez, por decretos sumarísimos. 12) Renovación de todo el personal gobernante de los últimos 28 años. ¿A qué no suenan tan viejunas estas sugerencias?

La diversidad nos enriquece

¿Somos pocos? ¡Somos suficientes! ¿Estamos derrotados? ¡Tenemos rasmia y genio! ¿Se nos queda grande semejante propósito? ¡Tenemos voluntad, experiencias y capacidades! Necesitamos confiar en nosotros mismos.

Toni Morrison, afroamericana que ganó el Nobel de literatura, decía: “Si hay un libro que te gustaría leer y no está escrito, siéntate y escríbelo tú”. Yo creo que la herramienta política y social que necesitamos no existe hoy en día, por lo que nos toca crearla.

Propongo que cuidemos los medios, una metodología hacia un espacio amplio de participación. Si algo hemos aprendido en experiencias como el 15M, Zaragoza en Común o Podemos es que cuando nos abrazamos en lo que nos une y gestionamos mejor las diferencias, ganamos. He sufrido la falta de métodos compartidos y aceptados, que nos permitan articular alianzas amplias, alejarnos del sectarismo, salir de las zonas de confort y de la autocomplacencia y caminar (con ilusión y alegría) hacia la suma de diversidades. Como en 2014, precisamos de un grupo potente, experimentado y diverso de personas que empujen. Me consta que ya hay gente dándole al tarro a esto.

Piensa global, actúa local

En nuestros barrios y pueblos empiezan las luchas cotidianas. Los espacios comunitarios nos muestran el poder transformador que tienen. Se trata de hacer política con mucha gente. ¿Quiénes tienen ganas de implicarse en este proceso? Debemos identificar a todas esas personas que hoy no están presentes en las organizaciones políticas. Hay más fuera que dentro. No perdamos tiempo, escuchemos y charremos con fraternidad y ánimo constructivo. Podemos convocarnos en formatos adecuados para organizar cómo mejorar nuestro día a día.

Frente a la oligarquía y el caciquismo, democracia real ya

“Allí vive y reina la soberbia con sus aliados: la estimación propia, el desprecio ajeno, el querer mandar y no servir a nadie, el lucir, el alabarse, el hablar mucho, alto y hueco, el brío con presunción. Y todo eso desde el noble al más plebeyo”, escribió Baltasar Gracián.

La realidad aragonesa nos muestra que la participación y el compromiso social no brilla mucho. A nuestro alrededor hay demasiado pasotismo, mediocridad y privilegios. Durante muchos años se ha fomentado un individualismo y una atomización de las vidas que han ido en dirección contraria de la involucración de las personas en proyectos colectivos. Así, unas pocas personas han acumulado muchas posesiones, riquezas y poder político para manejar el cotarro. No va a ser fácil arrebatarles privilegios.

La mejor propaganda son los hechos

Destaquemos desde ya en ejemplaridad. Nuestra sociedad necesita referentes positivos, personas que generen confianza y optimismo por su honesta labor en el trabajo o en sus actos cotidianos. Ahí creo que podemos ser la diferencia, en muchos ámbitos de la vida.

"No se puede pasar un solo día sin tener un impacto en el mundo que nos rodea. Lo que hacemos marca la diferencia, y tenemos que decidir qué tipo de diferencia queremos hacer", en palabras de la primatóloga Jane Goodall.

Autocrítica para no repetir errores

Dejemos atrás hiperliderazgos. Está bien que haya referentes positivos y carismáticos, gente que comunica bien y puede enaltecer a mucha gente. Eso es importante. Pero no se puede caer en la personificación del movimiento y, mucho menos, en el culto al líder. Una cosa es una campaña electoral de 15 días y otra es el día a día. Necesitamos que haya mucha gente implicada y a gusto, cada una en su espacio, sabedora de lo que puede aportar al grupo y dónde es más útil, por sus conocimientos, ganas y experiencias. Cada vez que se aúpa a unas pocas personas, se expulsa a muchas más. Y eso es ir directos a la derrota.

Huyamos de cúpulas y grupúsculos que buscan controlar nuestras organizaciones. No nos encorsetemos en el afán controlador de partidos y colectivos que tratan de dirigir el movimiento social. Esto es muy viejo y no podemos parecernos a los partidos que criticamos. Frenemos el afán que tienen algunos de manipular los espacios amplios. Lo vimos en el 15M, lo hemos visto en Zaragoza en Común, en Podemos, y esas personas volverán a aparecer y a intentar manejar. Hagamos una democracia mejor, empezando por nosotros mismos, con reglas del juego que aglutinen y no expulsen.

Saltemos los charcos a los que nos empujan los adversarios

“El ruido de las carcajadas pasa, la fuerza de los razonamientos queda”, decía Concepción Arenal.  Tenemos razones de sobra para seducir, convencer y sumar gente. Pero si caemos en los barros que promueven los medios del poder, mal vamos. Centrémonos en lo más importante, en ese “pan, trabajo y techo” que necesita cualquier familia. Que nuestros principales esfuerzos compartidos sean hacia esas conquistas populares y no para responder a las continuas polémicas que nos imponen las élites.

Tensemos las riendas para llegar lejos

Nos urgen los cambios porque el planeta no da más de sí y frente a las injusticias no vale esperar. Pero “lo nuevo tarda en hacerse y lo viejo tarda muchos años en morir”. Serenidad y constancia, que no se nos desboquen los caballos, mantengamos las riendas tensas y avancemos con pasos decididos, midiendo bien los momentos para cada propuesta y objetivo concreto.

Epílogo

Espero que esta aportación sirva y motive. Contad conmigo, con mi trabajo e implicación en las luchas cotidianas y hacia la construcción de espacios amplios, políticos y sociales. Hoy, marzo de 2021, estoy esforzándome en mejorar la recogida de la fruta, que los fondos públicos para la recuperación vayan a las familias y proyectos que más los necesitan y hacia la transición ecológica, urgente y necesaria. Abrazos. ¡Salud, amor y rebeldía!


Todo sobre el especial #20voces10años15m.

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