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Procrastinar

| 8 noviembre, 2019 17.11
Procrastinar
Foto: Congreso

Es increíble la facilidad de conjugar el verbo procrastinar que tiene los políticos de estos lares, gobernar proyectando elecciones o situaciones que no tiene nada que ver con gestionar en todos los sentidos los territorios y ciudadanos bajo su responsabilidad. Esta práctica tan íbera conduce cuando acompaña la gestión del estado a la intolerancia y el fanatismo en los que la observan atónitos sin entender nada, lo han hecho con el tema catalán y ahora lo generalizan con el resto paralizando como funciona en la Generalitat, van de lo mismo, con todo menos con una cosa.

Procrastinar significa posponer o aplazar tareas, deberes y responsabilidades por otras actividades que nos resultan más gratificantes pero que son irrelevantes.

En caso de los políticos y gestores del estado es una práctica muy peligrosa por las consecuencias que puede acarrear en los ciudadanos los verdaderos valedores de los votos.

Si bien Paul Lafergue publicó «el derecho a la pereza» como una de los pilares de la revolución, se tiene que entender desde el punto de vista de la disciplina de la libertad y como uno de los estados últimos de la utopía, pero para nada aplicable en los días de hoy por gestores de un sistema que se está desmontando.

Esta constante irresponsabilidad sobre la integración o no de Catalunya en el estado ha llevado a la multiplicación de los seguidores de la independencia y a la misma multiplicación de los seguidores de los posicionamientos más duros respecto a la misma en todo el territorio.

Es verdad que la progresía y la izquierda desde un principio han intentado entender el discurso y el sentimiento variado de los independentistas, pero se ha dejado de lado la reacción de parte de los «catalanes» no independentistas, su desafección ahora hacia el territorio, la cultura que le ha adoptado y ellos de alguna manera habían adaptado a su universo.

Hemos sido testigos de una limitada campaña con debates que acaban siempre dirigiendo el foco al mismo punto, dispersos, repetitivos donde predominaban las exposiciones tipo mitin y un constante posicionamiento de los partidos que solo permite ver, a primera vista, una posibilidad de gobierno (PSOE con abstención del PP condicionado) que lo único que acabará es en ahondar la herida abierta entre muchos ciudadanos. O repetición.

Cuesta mucho entender el giro a la derecha de mucha gente sobre todo históricamente de izquierdas, cuesta entender que es un giro no político sino nacionalista español que solo ofrecía claramente la derecha, ahora el PSOE ha introducido cambios en este sentido para atraer a esos antiguos seguidores que se quedan anonadados con frases de Abascal como: Yo quiero la «calidad» de país bien entendida que nos han enseñado en nuestras casas primero “nuestra“ familia después “nuestros” vecinos luego “nuestros” compatriotas y después si podemos los ”extranjeros”.

Con este discurso se ha metido a mucha gente en el bolsillo, un discurso de nación como todos los discursos de nación de derechas. El Carlismo, que ha sido cuna resguardo de patrias y naciones de derechas, tenía por consigna: Dios, Patria, Fueros y Rey! Abascal es vasco y ha anunciado un mitin con un cartel acompañado de la bandera requeté.

Por ejemplo algunos ciudadanos que vinieron en busca de trabajo y un hogar a Catalunya, que han compartido su cultura con la de su tierra de acogida, que creían que ya tenían su sitio donde poner los pies, que no les parece mal la solidaridad con sus lugares de procedencia, que durante décadas han sonreído de las descalificaciones hacia sus paisanos considerándolas una broma, han puesto nombres catalanes a sus nietos, bailan sevillanas jotas y sardanas, desde que se inició lo que se llama «proces» han notado que iban perdiendo el suelo donde apoyar sus principios, su lengua y de esta manera derivan hacia ese nacionalismo, que nunca habían sentido para defender, el suelo que consideran que es suyo y notan que lo pierden ven que desaparece. Este sentimiento se ha rebotado en sus paisanos, no olvidemos que esta concepción de España tan dura creció en Catalunya con «Ciutadans».

No son nazis los votantes, ni fachas, la mayoría simplemente han buscado una posición para ellos paralela a la que se encuentran enfrente y no les gusta, por eso han estado votando a Ciudadanos, tal vez ahora a Vox. Lo que sí habido es una pereza tremenda desde Madrid y una sensación de que la sociedad catalana soberanista ha dejado de lado a gente por desidia, por descuido, no a propósito, pero si por olvido, estas personas formaban y forman parte de Catalunya.

Creo que intentar entender a todos puede ayudar como mínimo a convivir. Para sentarse a hablar, primero hay que saber desde donde viene el otro, no todo son ínfulas patrióticas supremacistas, hay muchos sentimientos diferentes en todos lados que no se pueden resumir en exabruptos constantemente, al final hablamos de personas.

8 noviembre, 2019

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