Problemas africanos

10 septiembre, 2026. 09:43

Será difícil encontrar alguien en Europa que no haya oído hablar de los sucesos de Ceuta y, si hablamos del Estado español, que no haya tenido un auténtico bombardeo de noticias (que no de información, matiz importante) y se haya formado una opinión del asunto y de todas sus implicaciones.

Ahora bien, en este mismo tiempo, en África han pasado unas cuantas cosas más. Pero, como son cuestiones africanas, parece que sean tan lejanas como si nos hablaran de otro planeta.

Cuestión africana debe ser que murieran 80 personas en una patera que llegaba por la llamada ruta canaria y que fue rescatada por Salvamento Marítimo la semana pasada. Una noticia aterradora pero que dio titulares solo para un día. En las rutas migratorias por mar a Europa han muerto en torno a 1.800 personas en lo que llevamos de año.

Como los 141 muertos en la llamada crisis de Ceuta, una cifra que vemos en noticias como parte de los sucesos pero a la que se resta importancia. La mayoría de las personas muertas en territorio español fueron enterradas sin que nadie las reclamara o, si lo hicieron, nadie se ha dado por enterado.

Si se mueren, da igual que sean adulto o niña, refugiada o exiliado económico, dejan de ser un problema y pasan a ser cuestiones africanas. Problemas de segunda.

Todo lo que venga del continente vecino y no nos suponga un problema son noticias de segunda y no dan para grandes titulares. Como mucho algún suelto en la sección de internacional.

En el terreno de lo más dramático, por ejemplo y solo en los últimos 15 días, se producía un derrumbe en una mina de oro ilegal que se llevaba 100 vidas en la República Centroafricana. Esto cinco meses después de otro derrumbe que costó 300 muertos.

En Somalia, la región de Baidoa acumula dos millones de refugiadas climáticas en una prolongada sequía que se está llevando miles de vidas por el fenómeno de El Niño.

Mientras la epidemia de ébola en Congo está fuera de control y ya se ha llevado al menos 3.226 vidas.

Tres noticias aisladas, que de producirse en un país occidental hubieran abierto noticiarios, de las que casi nadie se ha enterado.

De otros temas que son parte de la cotidianidad ni se habla. Como la cruel guerra civil en Sudán que lleva ya tres años y ha causado once millones de desplazados, parte de los cuales han huido al vecino Egipto.

Pero tampoco se habla de Egipto y se da por bueno el régimen dictatorial de Al Sisi que rige los destinos del país desde 2013 con mano de hierro. Los temas de derechos humanos no dan ni para un suelto.

Porque si hablamos de derechos fundamentales es sorprendente lo mucho que ignoramos del propio Marruecos. Un país estupendo para ir de turismo de cuya realidad apenas sabemos nada.

Dentro del salseo sabemos que el rey de Marruecos ni tan siquiera vive en su país durante largas temporadas sino a todo trapo en un palacete en París. Pero muy poco se habla sobre el régimen tiránico del país vecino y de sus excelentes relaciones como perrito faldero de EEUU e Israel.

No nos molesta tanto esto cuando se trata de hacer negocios. Cientos de empresas europeas importan productos marroquíes o fabrican allí. Algunas tan importantes como Renault que tiene varias plantas en Tánger y Casablanca.

Tampoco parece que importe que haya una guerra de baja intensidad (por llamarlo de alguna manera) en Nigeria mientras el petróleo siga fluyendo. Como no importa expoliar los bancos de pesca de Senegal o el Sáhara o de dónde salen los diamantes que lucen las occidentales más acaudaladas.

Es la presencia de los seres humanos la que nos molesta. Como dijo uno de esos racistas de mierda que pueblan el Estado Español: Ojalá todos los peones se volvieran a África cada noche.

Que se abrasen en invernaderos pase, que existan no. Curiosa paradoja.

Se suele poner como primer paso del racismo y, a la postre, del fascismo la deshumanización del otro. En el caso del continente africano, hay quien ha optado por deshumanizar un continente entero. Por no mirar hacia el Sur más que cuando ese Sur se nos acerca.

Se reparten unas pocas migajas en cooperación y hay personas que ayudan de buena voluntad en lo que pueden o que hacen denuncia pública de problemas estructurales, buena parte de ellos consecuencia de la política colonial de antes y de ahora.

Pero para los medios y muchos ciudadanos, mientras sus problemas no llaman a nuestra fortaleza europea, son problemas africanos.


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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