Primero de Mayo sin Carlos Rías

Con un cigarro en la mano y una mochila de aventurero curtido en mil batallas. Así paseaba Carlos Rías por L’Almozara. Era un fijo en las manifestaciones zaragozanas. Coincidíamos en el barrio. "Hasta luego, camarada", me decía con una sonrisa y una mirada amigable. Todo el vecindario conocía a Carlos Rías, aunque no supieran su nombre. Vestía con una gorra de Podemos, una chaqueta de camuflaje con la bandera tricolor y portaba una actitud de activista humilde. En las manifestaciones podías verle con la bandera pirata, que colgaba en su domicilio de la calle Batalla de Bailén. Ayer, como cada …

Jorge Serrano Fernández

Con un cigarro en la mano y una mochila de aventurero curtido en mil batallas. Así paseaba Carlos Rías por L’Almozara.

Era un fijo en las manifestaciones zaragozanas. Coincidíamos en el barrio. "Hasta luego, camarada", me decía con una sonrisa y una mirada amigable.

Todo el vecindario conocía a Carlos Rías, aunque no supieran su nombre. Vestía con una gorra de Podemos, una chaqueta de camuflaje con la bandera tricolor y portaba una actitud de activista humilde. En las manifestaciones podías verle con la bandera pirata, que colgaba en su domicilio de la calle Batalla de Bailén.

Ayer, como cada Primero de Mayo, se llenaron las calles de banderas rojas y sindicatos de clase. Miles de personas marcharon con una conciencia de clase arrolladora por las calles de la capital aragonesa. Pero allí no estaba Carlos.

Carlos Rías no era un rey, no era un general y tampoco un político. Era un buen hombre con una voz grave arrancada por el tiempo. No aparecerá en las páginas de los libros de Historia, pero siempre será un recuerdo permanente en el corazón de las personas que lo conocíamos y que seguiremos asistiendo a las manifestaciones para encontrar el camino que nos conduzca a construir un mundo mejor.

Carlos Rías lo intentó.

Hasta siempre, querido y ya añorado, camarada de barrio.