Primero de Mayo: la prioridad de clase

Hay fechas en las que conmemoramos victorias, fechas en las que conmemoramos derrotas y luego está el Primero de Mayo, que en realidad funciona como un espejo. El primer día de mayo tiene el particular efecto de permitir que la clase trabajadora se vea a la cara y evalúe cuál es su situación, cómo va el conflicto de clases, qué tal aquello de la correlación de fuerzas. En este primero de mayo, una de nuestras conquistas más valiosas es moneda de intercambio para un pacto de gobierno con la reacción. Esa es la cara que hoy nos devuelve el espejo. …

Hay fechas en las que conmemoramos victorias, fechas en las que conmemoramos derrotas y luego está el Primero de Mayo, que en realidad funciona como un espejo. El primer día de mayo tiene el particular efecto de permitir que la clase trabajadora se vea a la cara y evalúe cuál es su situación, cómo va el conflicto de clases, qué tal aquello de la correlación de fuerzas.

En este primero de mayo, una de nuestras conquistas más valiosas es moneda de intercambio para un pacto de gobierno con la reacción. Esa es la cara que hoy nos devuelve el espejo.

Se habla poco del papel que tuvieron los sindicatos en la creación de aquello que llaman “servicios públicos” y que haríamos mejor en llamar “salario socializado”. Por mucho tiempo, la única vía que tuvo la clase trabajadora de asegurarse el sustento en caso de accidente, enfermedad o vejez fue la vía de la asociación y la solidaridad de clase. En nuestro país, la escuela racionalista, el ateneo y la casa del pueblo fueron durante décadas la única alternativa a la iglesia y la taberna.

Todo lo que tenemos lo hemos ganado en los duros combates de los últimos dos siglos. Combates en los que la patronal llegó a alzar al fascismo para tratar de aplastarnos. Y de aquella victoria salimos con un acuerdo: la fundación de los Estados sociales donde el acceso al bienestar estaría garantizado para toda la clase trabajadora. Para toda la clase trabajadora.

Desde la corriente a la que pertenezco a menudo hemos criticado este movimiento porque supuso la transferencia del salario social de las manos de nuestras organizaciones de clase a manos del Estado. Las consecuencias a largo plazo de este movimiento son evidentes: olvidar, por un lado, que todo lo que hoy llamamos “servicios públicos” fue obra del asociacionismo obrero; por otro, permitir que los gestores de la patronal acaben mercadeando con ello.

En toda Europa se está creando una jerarquización racial que juega directamente en contra de nuestros intereses de clase. En este primero de mayo, deberíamos recordar que, de los ocho Mártires de Chicago, seis eran trabajadores inmigrantes llegados a Estados Unidos con lo que les cupo en un saco. Que, en nuestro caso, las ocho horas las logró un movimiento sindical que tuvo el acierto de incorporar en su organización a toda la migración interior. O que la victoria contra el fascismo que trajo Estados sociales no pudo haberse obtenido sin la sangre de los trabajadores y trabajadoras de las colonias que mantenía Europa.

Si debemos de marcar límites en el acceso a nuestro salario socializado, ese límite debe ser la prioridad de clase. En el Estado español se inyectaron 66.000 millones de euros para el rescate del capital bancario, provenientes de la llamada “hucha” de las pensiones. ¿Dónde están y por qué no se nos han devuelto? Idéntico ejemplo es el de desviar el presupuesto público a las manos privadas de los rentistas como supuesta solución al problema del acceso a la vivienda provocado por esos mismos rentistas. Tened bien claro que quienes defienden la “prioridad nacional” tienen por objetivo provocarnos una fractura que les permita llevárselo todo.

No fue por los trabajadores de una sola nación que logramos tiempo, cultura, salud y una vejez tranquila. ¿Qué imagen queremos que nos devuelva el espejo implacable del primero de mayo? La de una clase trabajadora alerta ante los intentos de fragmentarla, que es capaz de defender sus conquistas y plantear nuevos avances hasta conquistar el mundo nuevo que tenemos por delante.

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