Presidente Lambán, no sea ababol: la moderación no se proclama, se ejerce

Archivo DGA. Javier Lambán en 2016 participando en la fiesta de las Bodas de Isabel de Segura en Teruel.

Celebramos que desde la DGA se hayan decido a poner un poco de humor en su comunicación con la sociedad aragonesa en esta época triste para muchas de nosotras. Desde AraInfo recogemos el guante y, moderadamente, nos preguntamos: ¿es Javier Lambán un político moderado? ¿O quizás sea ultramoderado? ¿O ultraprocesado? ¿Emplea Lambán la cordura, sensatez, y templanza en sus palabras o acciones? ¿Qué tal va de Historia de Aragón nuestro máximo prócer? ¿Conoce el Presidente la existencia del idioma aragonés? ¿Y del catalán?

Siguiendo pues con el nuevo tono humorístico emprendido desde Comunicación de la DGA, nos permitimos recordarle a nuestro Presidente que su bien amada RAE define moderación como: Del lat. moderatio, -ōnis. 1. f. Acción y efecto de moderar. 2. f. Cordura, sensatez, templanza en las palabras o acciones.

Y nos preguntamos entonces: ¿es Lambán un político moderado? ¿O es quizá un intelectual incomprendido en oscuras tareas burocráticas? Vayamos por partes.

Citaremos algunas comunicaciones del Presidente para que puedan valorar que grado de moderación emplea, no ha sido necesario hurgar, todas las semanas Lambán nos regala algún ejemplo de su moderación.

Decía Lambán el pasado día 19: “Sigue acosándonos de manera inmisericorde la COVID-19. Los fanatismos de todo tipo, liberticidas e impulsores de la estupidización colectiva, campan a sus anchas. Pero al menos hoy el mundo se libra del virus letal de Donald Trump. Joe Biden, a tu sentido común nos encomendamos”. ¿Insultar a su homólogo norteamericano calificándolo de “virus letal” es moderación política?

Poco antes, el 9 de enero, Lambán nos sorprendía coqueteando moderadamente con el negacionismo del cambio climático: “A la vista de las imágenes que nos deja la Tormenta Filomena, no parece que el cambio climático vaya a suponer necesariamente la desaparición de la nieve. El año pasado ya fue muy pródigo con nuestras montañas en ese sentido”. ¿Es moderación relativizar las dramáticas consecuencias provocadas por el cambio climático? Y, por cierto, ¿es moderación coincidir con el “virus letal” Trump en su coqueteo negacionista?

Como tercer, y último ejemplo de moderación lambanística, el pasado día 23 de enero, Javier Lambán escribía: “Comité Federal PSOE. Mis mejores deseos para el candidato Salvador Illa, único antídoto frente a la insolencia supremacista y frentista del independentismo, sobre todo de ERC, que Aragón, por vecindad, ha sufrido más que nadie”. ¿Es moderación insultar a tus adversarios políticos? ¿Cuánto de moderado es faltar a quien necesitas para gobernar? ¿Es de buena vecindad insultar a tus vecinas?

Y, como bonus extra, otro pequeño ejemplo de la hiperbólica moderación de nuestro Presidente. Decía Lambán el pasado 24 de diciembre: “El rey, Casa Real, ha asumido ejemplarmente su circunstancia familiar y, como Jefe del Estado, ha demostrado estar a la altura del momento más difícil de los últimos 80 años. Su defensa de la constitución y confianza en España aporta esperanza para afrontar el futuro con más ánimo”. ¿Es moderación aplaudir la elusión del Jefe del Estado de sus responsabilidades fiscales? ¿Es moderada su comparación de la actual situación con el sufrimiento provocado hace 80 años por los golpistas fascistas? ¿Es moderación defender una monarquía corrupta?

Como coda final, terminaremos citando nuevamente a su amada RAE, que traduce del aragonés al castellano la palabra ababol otorgándole el siguiente significado: Del ár. Hisp. ḥappapáwr[a], y este del lat. Papāver, con infl. Del ár. Ḥabb 'semillas'. 1. m. Esp. Orient. Amapola. 2. m. Ar. Y Nav. Persona distraída, simple, abobada. Y nos preguntamos nueva y moderadamente, ¿conoce Lambán, siquiera moderadamente, la existencia del idioma aragonés? ¿Y del catalán?

Para concluir, y como nuestro Presidente hace gala públicamente de su condición de Doctor en Historia, nos permitimos recomendarle una lectura: 'El aragonés medieval. Lengua y Estado en el reino de Aragón', de Guillermo Tomás Faci, editado por la Universidad de Zaragoza. Y, aún más, nos permitimos con moderación proponerle que sea este el próximo libro que regale en sus compromisos como Presidente del Aragón moderado, y que guarde su edición del 'Diccionario de aragonesismos de la lengua española' en el cajón del autoodio. Y parafraseando su introducción, nos despedimos con moderado optimismo: “La lengua aragonesa es el alma de nuestra Nación, el principal factor de cohesión de Aragón como proyecto común, el soporte de una de las tradiciones literarias más brillantes de la historia de la Humanidad, nuestra principal marca de país y nuestra más prestigiosa embajadora. Es cuestión de Estado cuidarla”.

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