Presentación del proyecto “Hier encore” contra la soledad, el sedentarismo y el aislamiento

Se realizarán talleres y conciertos, especialmente, durante la semana en la que se celebra el Día europeo de la Música, el 21 de junio. “Hier encore / Ayer mismo” es un proyecto de “música y salud positiva” que se desarrollará en los próximos meses en Zaragoza y el resto de Aragón, con la música popular como “activo de salud” ante la soledad, el sedentarismo y el aislamiento de las personas mayores.

Foto: Alejandro Luaces

El proyecto “Hier encore / Ayer mismo” estará del 17 al 19 de junio “como activo de salud en Zaragoza y Aragón”, en el Centro de Salud Rebolería, el Centro de Historias y en la Vecinal de San José “en colaboración con diferentes estrategias y estructuras asociativas de salud comunitaria”.

“Realizaremos varios talleres y conciertos participativos, interpretando en vivo el repertorio de sus años de juventud: música popular peninsular, latinoamericana, coplas, boleros, tangos, tradicional, cantautores, rock 60'-70', con voz, piano y guitarra. Amparados en el paradigma de la música en vivo como herramienta para construir comunidad y salud comunitaria, rompiendo así el marco estructural de sedentarismo, aislamiento y soledad en el que podemos caer cualquiera de nosotros y nosotras: no solo las personas mayores. Buscando la interacción y la vida en cada momento. También un diálogo y recorrido emocional en una hora aproximada de duración. Ésta será la estrategia metodológica con la que mostraremos el potencial de la música, en la ruptura de hábitos de vida no saludables y patologizantes, dando el pistoletazo de salida también para su implantación en todo el territorio aragonés”, destaca el organizador del evento, Alejandro Luaces.

Luaces es músico, cantor y profesor superior de conservatorio: trabajador de la música. Miembro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y colaborador habitual de ‘Músicos por la salud’. Desde el año 2010 trabaja con personas mayores en colaboración “con gobiernos autonómicos, diputaciones, ayuntamientos, asociaciones, etc”, en diferentes lugares de Aragón y de los estados español y francés “así como con diferentes organizaciones del tercer sector, del ámbito sociosanitario y domicilios”. Se ha formado en intervención en contextos marginales, musicoterapia o en propuestas de salud mental colectiva, salud comunitaria y promoción de la salud. Es miembro de diferentes agrupaciones corales sinfónicas y agrupaciones musicales en Aragón y también en los estados francés y español.

“Con este proyecto investigaremos, desde el salubrismo y a lo largo de los próximos años, el ecosistema musical de Zaragoza y Aragón con su gente. Trabajaremos, en adelante, con el impacto que la cultura musical popular y tradicional ha tenido y tiene en la consolidación de las relaciones humanas y la salud comunitaria, partiendo de lugares comunes nuestra historia de vida individual y colectiva, desde nuestro callejero con una perspectiva histórica”, detalla Luaces.

Foto: Alejandro Luaces

“La no consciencia del privilegio relacional de aquellos y aquellas que tenemos unos determinismos sociales -cultura, recursos económicos, relaciones sociales, trabajo- positivos, genera inequidad y desigualdad, soledad y sufrimiento, aislamiento y déficit en salud. La música es solo un bálsamo temporal que nos permite acompañar (nos), sentirnos menos solos en todos los aspectos y acepciones de la soledad. No somos conscientes de nuestra situación de privilegio y las consecuencias que esto tiene: es una clave”, asevera.

Luaces explica que “lo haremos también en el marco del Día de la Toma de Conciencia del abuso y el maltrato en la vejez, poniendo especial atención a las relaciones sociales que mantenemos -o no- con las personas de edad de nuestras sociedades adultas, desde el privilegio que supone el tener esas relaciones humanas y unos determinismos sociales positivos”.

“Crearemos, también en domicilios, un activo de salud sostenible en el tiempo en las comunidades musicales que ya existen. Trabajaremos codo con codo con las asociaciones e instituciones. ‘Donde hay gente hay música, donde hay música hay un ecosistema musical’, son palabras de Shain Shapiro. Es evidente que los sistemas que nos proporciona la música funcionan, pero los ignoramos y disfrutamos únicamente de sus resultados y de lo anecdótico”, resalta.

Para Luaces “es urgente aglutinar y colectivizar la energía positiva que tienen las personas de edad, escapando del folclore emocional nostálgico en el que sumimos nuestro discurso sobre su vida. Llegamos ya tarde, pero los músicos populares debemos ser actores del abordaje de un protocolo doméstico y comunitario de detección de situaciones de vulnerabilidad. Necesitamos el cuerpo a cuerpo y el contacto físico y la música lo posibilita especialmente, mucho más allá de los discursos de la innovación, de la máquina por la máquina. Tenemos que recordar el discurso de los gremios artesanales que vertebraron el ludismo ya en el siglo XIX. No queremos que la inteligencia artificial ni Spotify sustituyan las cosas positivas, el placer de cantar juntos. Las personas mayores nos los dicen y demuestran cada día”, algo que desde el proyecto “evidenciamos así con el trabajo a pie de obra, el potencial de este arte para abrir espacios comunitarios de relación y emoción, pero también el aislamiento al que se encuentran muchos adultos mayores. Las personas del ámbito sociosanitario con las que nos encontramos en el continente y los recientes informes de diferentes instituciones, ratifican que no podemos basar el ecosistema musical alrededor de las personas mayores en la eficacia o en la inmediatez, en un concierto puntual o una intervención anecdótica. Como todas las personas, pero más si tienen alguna problemática de salud, necesitan de rutinas para poder integrar así la asistencia a los talleres y el valor de la música como herramienta de salud positiva y de ruptura de la soledad, del sedentarismo”, recalca.

“Necesitamos crear redes de apoyo seguras desde el cariño, la empatía y la reciprocidad como principio fundamental. Esta gira ha intentado ser una herramienta más que consolide el debate sobre la problemática internacional de salud pública que hemos conocido y vivido en los países recorridos hasta ahora, evidenciando también el impacto de las nuevas políticas europeas en los determinantes socioeconómicos, en la soledad de los y las mayores. En la gira hemos visto que la música une a las personas, pero también las puede separar. Las sociedades con grandes diferencias socioeconómicas, tienen ecosistemas musicales claramente segregadores” asegura Luaces.

Foto: Alejandro Luaces

A juicio de Alejandro Luaces “esto se aprecia en la deficiente atención musical que sufren las personas mayores con las que trabajamos. Esta desigualdad es, como dice Shain Shapiro y como en todo lo demás, antigua, plural, sistémica y peligrosa. Se ve también en los millones de euros que se viene invirtiendo en las músicas en las que solo participa una élite. Por otro lado, las personas del ámbito sociosanitario con las que nos encontramos, nos ratifican que no podemos basar el ecosistema musical alrededor de las personas mayores en la eficacia o en la inmediatez, en un concierto puntual o una intervención anecdótica. Como todas las personas, pero más si tienen alguna problemática de salud, necesitan de rutinas para poder integrar así la asistencia a los talleres y el valor de la música como herramienta de ruptura de la soledad o de salud positiva”.

“Si solo nos fijamos en problemáticas o patologías concretas, reducimos la capacidad de la música para prosperar como un todo cohesionado, como herramienta de prevención, para mejorar varios ámbitos de intervención a la vez. El cambio en el estilo y condiciones de vida son ‘el antídoto’ que buscamos ansiosamente y la música suma en esa dirección. A nivel cognitivo, es una evidencia científica ya su potencial en diferentes contextos y estados de deterioro, pero no está en nuestro objetivo abordar las problemáticas instaladas ya en la enfermedad ni en la psicoterapia. Debiéramos acotar que es eso que entendemos por curar”, enfatiza Luaces.

“La medicina basada en la enfermedad nos ha dañado mucho la perspectiva de lo que debe ser la salud, dejándolo en la intervención basada en la enfermedad y no en la prevención sobre la vida. Vivimos con total normalidad en ecosistemas patogenizantes, que nos enferman, y esto es lo que puede y debe cambiarse. Lo que realmente nos ayuda es un medio ambiente saludable para la vida. La música utilizada con criterio e intencionalmente promueve estos espacios. Los géneros musicales como la copla, el bolero, el cuplé, el tango, en la voz de artistas como Concha Piquer y Miguel de Molina, o Carlos Cano, Martirio, Zenet y Miguel Poveda en los últimos años, o también la música tradicional en todo el mundo han sido un canal de expresión de situaciones psicosociales anómalas, graves pero en muchos casos normalizadas. Situaciones éstas que gozan de actualidad, motivo por el cual extendemos y ampliamos su uso y análisis. Aprovechamos así el potencial que el canto y nuestras músicas tienen como herramienta de mejora vital o, al menos, de resiliencia comunitaria”, asegura Luaces.

“Hemos visto en este recorrido que una convivencia encapsulada -e institucionalizada- en lo generacional y en la enfermedad, son un fracaso gerencial anticipado en todos los aspectos. Desinstitucionalizar también la música es un imperativo”, concluye Alejandro Luaces.

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