Mi pregunta de hoy me la hago a mí mismo y es ¿Dónde han quedado los sueños revolucionarios?
Quizás haya algo de verdad en, lo que concierne a esta pregunta, en la discutida afirmación de que hemos llegado al fin de la historia.
Hoy nos conformamos, y no solo en este país, aquellas gentes que creyeron en la revolución, con que haya unión a la izquierda de los centristas partidos mayoritarios, con un canto en los dientes nos daríamos.
La aspiración de acabar con la explotación del hombre por el hombre; de terminar con el hambre y la enfermedad en la humanidad; de derribar muros y fronteras; de destruir el patriarcado; terminar con las guerras; tener justicia universal...todo ello hemos de pretender hacerlo poco a poco y en un sistema que nos vemos incapaces de reemplazar.
Sí pero, ¿reemplazarlo por cuál? ese es, quizás, el gran problema filosófico-ideológico actual.
Nadie escribe sobre posibles nuevos sistemas globales, sistemas nuevos que no permitan a entidades no democráticas tomar las decisiones más importantes para la humanidad.
En tiempos pasados corrieron ríos de tinta sobre cómo debía ser la sociedad.
Las revoluciones se sucedían. Algunas tuvieron un alcance tremendo, acabando con regímenes que parecían inamovibles.
Pero la disolución de los ideales que las inspiraron, cuando no el fracaso rotundo de su aplicación práctica, nos han abocado a la llegada de un sistema hegemónico mundial contra el que parece que no se puede confrontar ningún orden alternativo.
Pequeñas resistencias es lo que tenemos, y ya con eso, nuestros sueños revolucionarios se van, sino compensando, si apaciguando cuando no definitivamente muriendo.
Es posible que las "condiciones objetivas" como se afirmaba en la tesis marxista vuelvan a darse, pues la rapiña del sistema capitalista siempre va en aumento, incrementando las desigualdades y la injusticia social, pero ¿adónde se encaminaría ese descontento? Insisto: hoy ni siquiera tenemos un corpus ideológico que pudiera ser una alternativa tras el fracaso del "socialismo real" (ya se demostró en algunas intentonas como la del mayo del 68).
Ni los que podrían ser los actores de ese nuevo movimiento utópico revolucionario estarían de acuerdo en sus objetivos últimos y, mucho menos, en la forma de alcanzarlos.
Eso ha pasado en todas las revoluciones anteriores, por eso se dice que devoran a sus hijos (y a sus padres, añadiría yo).
Hoy no tenemos alternativa.
Los "políticamente correctos" (woke en los Estados Unidos) sufren para mantener las conquistas por las que tanta gente ha luchado.
Resistir parece ser la nueva consigna, en realidad, siempre ha sido así.
Sin embargo yo no puedo exponer aquí una teoría revolucionaria.
Ahora, como todas en su día, parecería utópica, en otros momentos de la historia existió, cosa que ahora no sucede.
Damos por bueno el statu quo. Los propios antiguos revolucionarios, incluso, estamos encantados con el mismo, con no retroceder en los logros conseguidos ya nos contentamos.
Quizás es una reflexión poco optimista.
Pero sí hay revoluciones en marcha: la feminista, que avanza poco a poco, colándose por todos los intersticios de la sociedad patriarcal.
También la revolución ecologista, como vemos cuando el vecino, que vota a la derecha y no cree en el cambio climático, acude al punto de reciclaje.
También cuando vemos que nuestras sociedades son multicolores y el intercambio cultural y la normalidad en las relaciones humanas prevalece sobre prejuicios y actitudes xenófobas. A pesar de todo la globalización, hasta ahora sólo pensada para bienes, capitales y servicios, también mueve a los humanos por todo el mundo rompiendo fronteras. Los chistes sobre mariquitas ya no están de moda, los gais están consiguiendo un estatuto de igualdad, con muchas resistencias, pero asentándose día a día.
Todo esto y otros avances en muchos campos más existen, es cierto. Pero dejadme que, en estas líneas, exprese mi necesidad ahora, que entro en la senectud, de tener una utopía en el horizonte, es necesaria para vivir en, al menos, algunas vidas.
Animo a los filósofos e ideólogos jóvenes a trabajar en ese sentido. Es una labor ardua y poco agradecida pero desde aquí os digo: alegraríais la vejez de muchos antiguos revolucionarios y sentaríais las bases de un futuro mejor para la humanidad.
Resistencia si, pero también creatividad y utopía.
A ver si alguien se anima. Lo celebraremos con nuevas fuerzas y, sobre todo, sin nostalgias.

