En los últimos meses venimos presentando iniciativas institucionales y reclamando la constitución de una comunidad energética local en Teruel. Consideramos que estamos ante una oportunidad que no debemos desaprovechar.
Las comunidades energéticas son entidades jurídicas conformadas por accionistas. Es decir, por personas físicas y jurídicas: ciudadanía, asociaciones, empresas, instituciones...
Su objeto social es buscar beneficios energéticos en el entorno en el que se instalan y desarrollan, aunque también los proporcionan medioambientales, económicos y sociales en esa localidad en la que arraigan. Obviamente, si bien este no es su fin último, también generan una rentabilidad financiera que se materializa en ahorros en los costes de suministro.
Por otra parte, un aspecto de gran interés es que las comunidades energéticas generan empleo local y atraen inversiones en este ámbito, fomentando el rendimiento monetario con su vinculación al territorio.
Qué duda cabe que ante el cambio climático las sociedades y las instituciones debemos tomar medidas para mitigar sus efectos. Entre ellas, mejorar las instalaciones, aumentando los aislamientos en los edificios para provocar menores consumos de energía. Mejorando la eficiencia de nuestro sistema energético necesitaremos producir menos, lo que hará más fácil transitar a un modelo de producción más verde y sostenible.
Las comunidades energéticas son una buena herramienta para implicar a la sociedad en esta transición energética, tanto a particulares como a comunidades de vecinos y vecinas, empresas e industrias y por supuesto a las instituciones públicas, en este caso las municipales, que tienen la oportunidad de liderar un proyecto beneficioso para el conjunto de la ciudad.
Hasta el momento se ha motivado a empresas y particulares a acometer inversiones en sistemas de autoconsumo fotovoltaico. Se han ofreciendo ventajas fiscales y obtenido ahorros en las facturas de suministro eléctrico, pero se ha demostrado que esta estrategia no es suficiente para impulsar de manera irreversible la lucha contra el cambio climático y la reducción de emisiones, y es por ello que han de ser las ciudades en su conjunto las que se impliquen en la mejora del sistema de producción energética, con sus ayuntamientos a la cabeza.
Las comunidades energéticas son un paso firme en esta dirección. La producción descentralizada genera menos afecciones, menos dependencia, menos pérdidas de electricidad al producir cerca de donde se consume. Más autonomía para las ciudades y mejora del sistema energético.
En estos momentos existe una entidad pública que está promoviendo la creación de estas comunidades energéticas locales. Se trata del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), que busca la mejora del sistema de producción y distribución, la eficiencia energética, el impulso de las renovables y la promoción de tecnologías bajas en carbono.
El IDAE asesora a las entidades locales en la constitución de estas comunidades energéticas e incluso financia proyectos. Además, a través de los Fondos de Recuperación, Transformación y Resiliencia, se van a invertir millones de euros en estos proyectos en los próximos años y consideramos que estamos ante una oportunidad que la ciudad de Teruel no puede desaprovechar.
Existen otros ejemplos de comunidades energéticas a los que podemos mirar. Especialmente significativo es el de la localidad de Crevillent, en Alicante, que con una población entorno a 29.000 habitantes se ha convertido en una ciudad de referencia en cuanto a otro modelo energético basado en la solar y la gestión a través de una comunidad energética, o también la comunidad energética rural de Luco de Jiloca, que aspira a abastecer a este pueblo con energía creada en su entorno y que han puesto en marcha sus vecinos y vecinas.
Otros proyectos que recientemente han sido anunciados también nos parecen interesantes. En Zaragoza su ayuntamiento está impulsando una comunidad energética en la plataforma agroalimentaria de Mercazaragoza, que generará ahorros de un 27% en las facturas de la luz a las empresas que ahí se instalan, o el anuncio hecho por el departamento de industria de que otra comunidad energética se desarrollará en PLATEA.
Frente a un modelo basado en grandes parques donde se produce energía para luego transportarla a cientos de kilómetros, con enormes pérdidas, podemos impulsar una alternativa en la que se genere en tejados e inmediaciones de donde se necesita. Hablamos de un modelo energético descentralizado, eficiente y democratizado. Una suerte de cooperativa de producción y consumo que implique a ciudadanía, actores económicos y administración local en la mejora medioambiental, con un sustancial ahorro en hogares y empresas que en algunos lugares ya es una realidad. No desaprovechemos esta oportunidad.

