La situación del arbolado urbano de Zaragoza vuelve a situarse en el centro del debate ciudadano. Por un lado, la Asociación Vecinal La Paz ha alertado del deterioro de numerosos ejemplares en este barrio zaragozano tras la reciente caída de un gran árbol durante unas obras municipales. Por otro, varias organizaciones ecologistas y ambientales han cuestionado la política del Ayuntamiento de la capital del país respecto a las talas previstas en la calle Pedro Cerbuna y, en general, sobre la gestión del patrimonio arbóreo de la ciudad. Ambas denuncias coinciden en señalar la necesidad de una actuación planificada, transparente y participativa que permita compatibilizar la seguridad ciudadana con la conservación del arbolado maduro.
La preocupación vecinal en La Paz se ha intensificado después de que la pasada semana un gran árbol cayera sobre la calle Boente, una vía peatonal del barrio, mientras se desarrollaban trabajos municipales de reposición de pavimentos y aceras afectadas por el crecimiento de las raíces. En las mismas fechas también fue talado otro ejemplar de características similares en las inmediaciones.
Desde la Asociación Vecinal La Paz recuerdan que este episodio no constituye un hecho aislado. Según explican, en los últimos años se han producido caídas de árboles de gran porte en distintas zonas del barrio, como las calles Tierno Galván, Monzón o Villa de Pau. La entidad vecinal señala que muchos de los olmos plantados hace décadas presentan características que incrementan el riesgo de desplome: gran tamaño, sistemas radiculares poco profundos y expansivos y troncos que desbordan los alcorques existentes.
Ante esta situación, la asociación asegura haber trasladado reiteradamente sus advertencias a los responsables municipales. Reclama ahora un estudio urgente por parte del servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Zaragoza para evaluar el estado del arbolado y garantizar la seguridad de peatones, edificios y vehículos. También propone la realización de podas preventivas y la sustitución progresiva de los ejemplares más problemáticos por especies que mantengan la capacidad de generar sombra y cobertura vegetal sin presentar los mismos riesgos estructurales.

Críticas a la política municipal de talas
La preocupación por el estado del arbolado no se limita al barrio de La Paz. La Asociación Naturalista de Aragón, Ecologistas en Acción, la Alianza por la Emergencia Climática en Aragón y Canal Imperial Natural han hecho pública una valoración crítica tras conocerse la decisión municipal de talar los pinos de la calle Pedro Cerbuna.
Los colectivos explican que el Ayuntamiento de Zaragoza ha justificado la intervención por la existencia de diversos problemas que comprometerían la estabilidad y seguridad de los árboles. Sin embargo, consideran que muchas de las deficiencias señaladas —alcorques insuficientes, compactación del suelo, pavimentación continua o inclinaciones derivadas de las condiciones urbanas— son comunes en buena parte del arbolado de la ciudad y no suelen derivar automáticamente en decisiones de tala. Por ello, anuncian que solicitarán el informe técnico completo para conocer los criterios utilizados y determinar si realmente no existen alternativas viables.
Aunque reconocen la necesidad de garantizar la seguridad de la ciudadanía, los colectivos sostienen que el caso de Pedro Cerbuna forma parte de una tendencia más amplia. Denuncian que numerosas remodelaciones urbanas terminan acompañadas de la desaparición de una parte importante del arbolado existente. Como ejemplo citan el proyecto previsto en el entorno del Portillo, donde aseguran que está contemplada la eliminación de 209 de los 306 árboles actuales. También recuerdan actuaciones desarrolladas en otros espacios como la plaza San Miguel.
“El arbolado maduro no se considera un bien a conservar”
Las organizaciones consideran que el Gobierno municipal no está otorgando al arbolado urbano el valor patrimonial, ambiental y social que merece. A su juicio, existe una gestión deficiente que se justifica mediante la promesa de futuras plantaciones, sin tener en cuenta que los árboles maduros desempeñan funciones que tardan décadas en recuperarse.
Entre esas funciones destacan el incremento de la biodiversidad urbana, la mejora de la calidad del aire, la reducción del ruido, la mitigación de las temperaturas extremas y la captura de dióxido de carbono. Además, subrayan que muchos de estos ejemplares forman parte del patrimonio cultural y emocional de los barrios, constituyendo elementos identitarios de la vida cotidiana de la ciudad.
Los colectivos también denuncian lo que consideran un incumplimiento continuado de la Ordenanza de Protección del Arbolado Urbano, una situación que, afirman, facilita la desaparición irreversible de ejemplares consolidados que han necesitado décadas para alcanzar su actual desarrollo.

Una ciudad cada vez más expuesta al calor
Las entidades ecologistas vinculan además la gestión del arbolado con los retos derivados de la crisis climática. Según señalan, Zaragoza habría perdido alrededor de 10.000 árboles desde 2022, de los cuales más de 4.000 corresponderían a parques y cerca de 2.000 al viario urbano.
Alertan de que la reducción de la cobertura vegetal puede agravar los efectos de las olas de calor en una ciudad especialmente vulnerable a las altas temperaturas estivales. Recuerdan que numerosos estudios científicos han demostrado la capacidad del arbolado para reducir la temperatura ambiental y mejorar la salud pública, aunque advierten de que la solución no pasa únicamente por plantar nuevos árboles, sino por desarrollar estrategias integrales de naturalización urbana. Estas deberían incluir una adecuada selección de especies, la combinación con arbustos y vegetación de cobertura y la creación de ecosistemas urbanos más resilientes.
En este sentido, lamentan que Zaragoza no esté impulsando proyectos de despavimentación y renaturalización urbana comparables a los desarrollados en otras ciudades europeas. A su juicio, la expansión de superficies impermeables favorece el efecto isla de calor y contribuye a empeorar las condiciones ambientales, especialmente en los barrios con menores niveles de renta, donde la presencia de árboles es significativamente menor.
Reivindicación de participación y transparencia
Otro de los aspectos que centran las críticas es la falta de espacios de participación ciudadana en materia ambiental. Los colectivos recuerdan que Zaragoza contó durante años con una Comisión de Biodiversidad en la que participaban personal técnico, representantes universitarios, asociaciones vecinales y organizaciones ecologistas. Sin embargo, aseguran que este órgano no se convoca desde 2016. La misma situación denuncian respecto al Consejo Sectorial de Medio Ambiente, cuya inactividad consideran contraria a la propia normativa municipal.
Ante este escenario, la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza (FABZ) ha solicitado la creación de una Mesa del Arbolado que reúna a representantes institucionales, personal técnico y entidades vecinales y ecologistas para analizar el estado del patrimonio arbóreo y consensuar soluciones. Los colectivos esperan que el Ayuntamiento de Zaragoza atienda esta petición y abra una vía de diálogo que permita abordar de forma conjunta los desafíos relacionados con la seguridad, la conservación ambiental y la adaptación climática de la ciudad.
La controversia sobre las caídas de árboles en La Paz y las nuevas talas previstas en Pedro Cerbuna vuelve así a poner sobre la mesa un debate de fondo: cómo gestionar el arbolado urbano en una ciudad cada vez más afectada por el calentamiento global y, al mismo tiempo, garantizar la seguridad de quienes viven y transitan por sus calles. Para vecindad y colectivos ecologistas, la respuesta pasa por más planificación, más transparencia y una apuesta decidida por la conservación del patrimonio verde existente.




