Pompa y circunstancia... Y cerdos, muchos cerdos

Esa música magnífica de Elgar, el simbolismo de su título, mezclado con la población desmesurada de gorrinos, es lo primero que me viene a la cabeza tras sus discursos ampulosos sobre el estado (desangelado) de la comunidad y después de pasear la vista por el autobombo, con platillos, clarines y fanfarrias, de la gala del porcino. Los patrocinadores del evento −príncipes de Beukelaer, del Pignatelli, reyes del mambo oregonés−, grupo Henneo (por cierto, creo que tercer clasificado en el reparto de subvenciones de Ayuso a medios informativos), su Heraldo y portavoz más señero, la tele pública gestionada por aquellos, la …

Carlos Tundidor, autor de la obra

Esa música magnífica de Elgar, el simbolismo de su título, mezclado con la población desmesurada de gorrinos, es lo primero que me viene a la cabeza tras sus discursos ampulosos sobre el estado (desangelado) de la comunidad y después de pasear la vista por el autobombo, con platillos, clarines y fanfarrias, de la gala del porcino.

Los patrocinadores del evento −príncipes de Beukelaer, del Pignatelli, reyes del mambo oregonés−, grupo Henneo (por cierto, creo que tercer clasificado en el reparto de subvenciones de Ayuso a medios informativos), su Heraldo y portavoz más señero, la tele pública gestionada por aquellos, la consejería de granjas porcinas y, como fondo de armario, la omnisciente Ibercaja, reunieron a los grandes del cerdo, a una parte de munícipes interesados en el sector, a otros pocos granjeros, currantes y quizá despistados, en el Auditorio zaragozano.

En ese magno recinto, bajo los compases de la música de Queen (si Freddy levantara la cabeza) y formato de “We are pigs”, hablaron de las excelencias del animalito (con las que casi todos estaremos de acuerdo), de la buena salud que, actualmente, padecen (siempre que no entremos a hablar de la cepa “stop for sale China”) los susodichos doce millones de gorrinos de cuatro patas residentes en nuestros cuarenta y siete mil kilómetros cuadrados y de lo malos que somos quienes decimos que son muchos cochinos para tan pocos oriundos.

No hablaron, para nada, de que tocamos a casi diez gochos por cada indígena, tampoco de los purines que, como su nombre indica, son virginales desechos que van al río de la vida. Ni, ya que hablamos de agua, de la cantidad que “traga” la industria en cuestión, sobre todo las macro granjas. Bastante más que los pobrecillos lechones.

Se ahorraron, no pensemos mal, quizá por falta de fanfarrias, hablar de la peste porcina acrecentada estadísticamente en función de la demasía y de la concentración. Mucho menos de esa cepa que hemos comentado ligeramente, la “stop for sale China” que ronda por sus cabezas y que caerá, inexorablemente, más pronto que tarde.

Callaron, seguramente porque se les olvidó, sobre lo que pasaría en caso de peste, del freno a las ventas chinas o de cualquier cosa que hiciera pedir ERES o quiebras. Los imputados señores Pini y compañía seguro que prestarían sus patrimonios personales para evitar despidos a miles. Viendo de qué pasta son, no cabe ninguna duda sobre el particular.

Semejantes príncipes de Beukelaer y de muchos más sitios, no llegan a comprender frases populares; viniendo de la aristocracia es lógico y comprensible. Por eso no entienden aquello de que “lo poco agrada y lo mucho enfada”. No son tales animalitos a quienes ponemos en la picota, lo que decimos muchos es que tantos −repito, doce millones de puercos*− comparado con el exiguo territorio y la, todavía menor, densidad de género humano en él, es lo que se considera alucinante y, para nada deseable. Y, por lo tanto, en esa simbólica y virtual picota política, a los que “picoteamos” es a quienes hacen posible semejante burrada pese a que se trate de cerditos. Parecidos personajes que los que engordan sus bolsillos con ellos.

* Para comprender mejor el aserto, si pusiéramos a los doce millones de inteligentes pigs, uno detrás de otro, con el rabito en el morrito del posterior, la fila sería capaz de llegar desde Madrid hasta Nueva Zelanda sin huecos. Esto es, los 19.754 kilómetros.

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