En la era del ‘click’ y la conexión permanente, nuestra vida se ha digitalizado a un ritmo vertiginoso, casi podríamos decir qué excesivo. Hoy en día, cada búsqueda, cada compra, cada mensaje, deja una huella, un rastro que es recopilado, analizado y monetizado por gigantes tecnológicos y, a menudo, también por entidades gubernamentales.



























