Nuestra tierra sufre por parte de quienes nos gobiernan con un modelo que, con diferentes excusas, acelera la tramitación desordenada de grandes proyectos, relegando a un segundo plano otros problemas históricos como la despoblación, al ocupar territorios con identidad cultural propia y grandes posibilidades de desarrollo en otros sectores tradicionales, como el turismo y la actividad agroganadera. Nos ofrecen un futuro especulativo, un futuro donde nos compran y nos venden con contratos que abusan del desconocimiento general de nuestros vecinos y vecinas, con puertas abiertas a la ruina del campo y la puntilla final a la despoblación de nuestros pueblos, …
