
Necesitamos mantener la tensión entre los dos planos: el de las respuestas urgentes a la situación de desigualdad, emergencia social, exclusión, pobreza, etc., y, a la vez, tener claro un horizonte político y económico de transformación estructural: la acumulación de capital es incompatible con el cuidado de las vidas concretas. Y las vidas concretas son sostenidas mayoritariamente por mujeres y de forma gratuita. Por eso es necesario democratizar los hogares, redefinir y reapropiarnos también de nuevo de este otro concepto, el de democracia. Repartir los trabajos, los visibles y los invisibles.
¿Con qué herramientas podemos andar este camino? Una muy útil es el Feminismo. Las feministas hemos sido el movimiento político que ha conseguido la primera dimisión de un ministro del PP, tenemos una gran experiencia en perseverancia, pluralidad de enfoques y construcción de redes. El feminismo es una herramienta que nos sirve para proponer alternativas a la crisis que combatan también la desigualdad entre hombres y mujeres, que pongan la sostenibilidad de la vida en el centro y, a la vez, nos recuerda una serie de problemas que no están resueltos: Necesitamos vivir vidas libres de violencias, decidir acerca de nuestra reproducción y nuestra sexualidad, educar a nuestros hijos e hijas en el respeto mutuo….
De la misma forma que tenemos que acabar con este régimen corrupto que nos impone austeridad, podemos desmontar el sistema que sustenta las desigualdades entre hombres y mujeres. Queremos transparencia, redistribución y reconocimiento para todas. Por una mayor calidez de vida.
Esther Moreno | Para AraInfo



