La XIV Fiesta del Chopo Cabecero está organizada por el Ayuntamiento de Pancrudo, la Asociación Cultural "El Calabozo" y el Centro de Estudios del Jiloca, quienes señalan que “parece que fue ayer cuando decidimos hacer una fiesta para dar a conocer la riqueza paisajística y cultural que suponen nuestros chopos cabeceros, unos árboles añosos y monumentales cuidados por la vecindad de los pueblos en los valles de la cordillera Ibérica. Y ya son catorce años que nos han permitido disfrutar de ríos, pueblos y personas que los han valorado y a quienes les hemos agradecido su esfuerzo”.
“Nuestra fiesta es itinerante y viajera, como casi todo lo bueno, y en esta décima cuarta edición nos acercaremos a Pancrudo, en la Comunidad de Teruel, el sábado 26 de octubre”, destacan.
El lema de este año es “Un paisaje ganadero”. Las arboledas de chopos cabeceros son dehesas fluviales cuyos pastos llevan siendo aprovechados por los rebaños desde hace siglos. Son espacios donde ovejas, vacas, caballos y cabras encuentran alimento, agua, sombra y espacio para descansar. Sus hojas son, además, un forraje complementario. Además, la ganadería ovina es indirectamente el origen de estas singulares arboledas. Desde la Edad Media la producción de lana para la elaboración local de paños y para la exportación fue uno de los pilares económicos en el sur de Aragón. Los bosques originales fueron talados y transformados en pastizales, lo que provocó la deforestación de las montañas y un serio déficit de madera. Las comunidades locales resolvieron esto último plantando chopos en las riberas y haciéndolos trasmochos, para así compatibilizar la producción de madera con el aprovechamiento de los feraces pastos de las riberas.
“El que fue objetivo principal desde la primera fiesta, que la sociedad y las instituciones conozcan este gran patrimonio natural, cultural e histórico constituido por las arboledas de chopos cabeceros que se extienden por las riberas, especialmente de la Comnidad de Teruel, está siendo una realidad pero todavía queda mucho por hacer. Ver la riqueza natural con los ojos de quienes nos visitan, adquiere una importancia especial y es un reconocimiento del esfuerzo por mantener viva la cultura rural, tan necesaria”, enfatizan las entidades organizadoras.
Los chopos cabeceros del sur de Aragón son una de las mayores concentraciones de árboles añosos de la península Ibérica, un paisaje de gran singularidad dotado de personalidad propia, un acervo cultural tradicional legado por nuestros antepasados, una arquitectura vegetal sin igual y el hábitat de una gran variedad de seres vivos que encuentra en ellos soporte, alimento y refugio (musgos, insectos, murciélagos y aves).
“Valoramos nuestro patrimonio artístico, palacios, iglesias, castillos, etc, nos identificamos con su historia y lo consideramos como un recurso turístico de importancia en la economía local. Deberíamos considerar a nuestros árboles veteranos y robustos, como son muchos de los chopos cabeceros, auténticos monumentos, resultado del quehacer de la Naturaleza y del saber de las personas. Son un tesoro etnológico y un valor cultural único en Europa”, señala Chabier de Jaime, una de las personas organizadoras del evento, que añade que “por eso, en esta ocasión, os invitamos a acompañarnos en Pancrudo, en la Comunidad de Teruel, junto al río del mismo nombre, en su misma cabecera”.
“Haremos una pequeña excursión remontando el camino de las Dehesas, entre huertos y bajo magníficos chopos cabeceros, y volveremos por la balsa de la Tejería a la ermita de la Balma, donde podremos disfrutar de una exposición preparada por la Asociación Cultural El Calabozo. Ya en el mismo pueblo nos acercaremos al antiguo horno, donde Darío Escriche presentará la exposición "Raíces verticales". En la ribera del río Pancrudo el motosierrista Herminio Santafé hará una demostración de escamonda de un par de chopos cabeceros, mientras el artista David Sancho hará una intervención artística sobre una toza seca. Al término de la mañana habrá deportes tradicionales y podrá visitarse la ermita del Pilar. Y en el pabellón se inaugurará la exposición del IX Concurso de Fotografía sobre el Chopo Cabecero tras la que disfrutaremos de una comida popular”, detallan desde la organización.
Tras la misma se entregará el premio “Amigo del Chopo Cabecero 2024” al Colectivo Sollavientos por su trayectoria de protección del patrimonio natural y cultural de la tierras altas de Teruel y, en particular, por colaborar en la creación del Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra. A continuación, con Bucardo Folk Aragonés comenzará el festival musical, que tendrá continuidad con Mayalde y conclusión con una sesión del DJ Paco Nogué.

Los chopos cabeceros también conforman la identidad aragonesa
Los chopos cabeceros son el fruto de un aprovechamiento agroforestal tradicional. Son grandes chopos negros que han sido cuidados durante siglos por los agricultores y agricultoras para producir vigas, leña y forraje a partir de su ramaje. El particular porte de estos árboles es el resultado del desmoche, práctica que consiste en podar a una cierta altura todas las ramas del árbol dejando tan sólo la base del fuste. Son, pues, árboles trasmochos.
Los árboles trasmochos forman parte de los paisajes rurales de Europa desde la Edad Media. Diversas especies de árboles han sido gestionadas para compatibilizar la obtención de productos forestales en entornos deforestados y en los que pastaba el ganado creando pastos arbolados de gran interés ambiental. Los chopos o álamos negros son árboles comunes en Europa, sin embargo es muy raro encontrarlos como árboles trasmochos lo que no ocurre en la cordillera Ibérica y, especialmente, en el sur de Aragón, donde se encuentran las mayores masas del continente y donde, además, aún se mantiene viva la cultura que los ha producido y conservado.
Recientes estudios demuestran la longevidad de estos árboles no siendo raros los ejemplares de doscientos años, el límite de edad propio de la especie, y es que el desmoche rejuvenece el ramaje y activa su vitalidad. Son dos árboles en uno. Un tronco centenario y unas ramas muy jóvenes.
La madera era utilizada como vigas para la construcción y, en menor medida, como leña y forraje para el ganado. Esta práctica mantenía al árbol en un crecimiento prácticamente continuo e incrementaba su longevidad. Es un ejemplo de aprovechamiento sostenible. De esta forma la mayoría de éstos árboles adquieren unas dimensiones considerables, dignas de árboles monumentales.

