Pacto del Agua: un muerto viviente

El 11 de marzo el Tribunal Supremo confirmaba la paralización del zaragozano pantano de Mularroya por su severo impacto ambiental. Confirmación que llega con varios millones gastados ya en la obra, buena parte de la cual ya está hecha. Esta obra, parte del Pacto del Agua, es uno más en la cadena de despropósitos que ha supuesto este pacto. Ahora bien ¿En qué consistió ese pacto y que pifias arrastra? Mi idea es hacer un repaso, pero seguro que la política hidraúlica aragonesa nos depara más sorpresas. Corría el ya lejano 1992, año de celebraciones de campanillas hasta que una …

Estado actual de una vivienda en Jánovas. Foto: Pirineo Digital
Estado actual de una vivienda en Jánovas. Foto: Pirineo Digital
Estado actual de una vivienda en Jánovas. Foto: Pirineo Digital

El 11 de marzo el Tribunal Supremo confirmaba la paralización del zaragozano pantano de Mularroya por su severo impacto ambiental. Confirmación que llega con varios millones gastados ya en la obra, buena parte de la cual ya está hecha. Esta obra, parte del Pacto del Agua, es uno más en la cadena de despropósitos que ha supuesto este pacto. Ahora bien ¿En qué consistió ese pacto y que pifias arrastra? Mi idea es hacer un repaso, pero seguro que la política hidraúlica aragonesa nos depara más sorpresas.

Corría el ya lejano 1992, año de celebraciones de campanillas hasta que una crisis nos estalló en las narices, cuando los partidos aragoneses entonces presentes en la DGA firmaron el llamado Pacto del Agua. Poca gente se atrevió a decirlo, pero el engendro ya nació muerto, y sobre todo nació basándose en una política hidraúlica desarrollista y alucinada, con presupuestos hídricos que podrían ser válidos en los tiempos de Joaquín Costa (1846-1911), pero que en pleno siglo XXI provocarían la risa de cualquier profesional medianamente serio.

Por lo pronto se sobredimensionaron las necesidades de agua de regadío hasta el infinito y más allá, proponiendo una demanda suplementaria de agua de 2100 Hm3 y una reserva de 850 Hm3, lo que suponía duplicar el volumen de agua embalsada en Aragón. Con ese preámbulo no hacía falta ser muy listo para deducir que aunque el plan tenía varios puntos, esencialmente, era un plan de construcción de grandes obras hidraúlicas.

Y el redactado del plan lo dejó bien claro. Se propuso la construcción de los embalses del Val, Santa Liestra, Montearagón, Jánovas, Biscarrués, La Loteta. Mularroya, La Pimienta, Batán y Torre del Compte; el recrecimiento de los embalses de Yesa, La Tranquera y Las Torcas. Y ya de propina, más tarde, cayó el pantano de Lechago y el recrecimiento de Santolea.

Once embalses y cuatro recrecimientos en total ¿Será que no hay pantanos en Aragón? Pongamos un sencillo ejercicio. De Zaragoza a L´Ainsa hay 173kms. Hacemos el trayecto con un mapa y descubrimos que hay 13 embalses de camino. Y no todos pequeños, algunos son inmensos, como El Grado con 400 Hm3 de capacidad. Por si alguien quiere contarlos, en Aragón hay unos 80 embalses (1), entre los que se incluyen 8 grandes obras que brincan los 100Hm3.

Apenas aprobado, el Pacto del Agua se conviertió en santo y seña para todos los medios de comunicación. Aunque hubo críticas muy sólidas por parte fundamentalmente de las organizaciones ecologistas y se esgrimieron argumentos que con el tiempo se demostrarían ciertos, llovieron las acusaciones de siempre: agoreros, foranos, antiaragoneses... Y es que el discurso desarrollista pro-embalses no ha cambiado en un siglo y se da por bueno el mayor despropósito con tal sirva “pa regar”.

Y aquí viene la segunda pregunta fundamental ¿Regar qué y para qué? Habría que hablar mucho sobre un modelo de agricultura extensiva y basada en el monocultivo, pero si sacamos cuentas tampoco estas salen. Más que nada porque no es que los productos agrícolas se paguen a precio de oro, pero el agua que los riega sí que tiene precio de champán francés.

Un buen ejemplo lo tenemos con Lechago. Este pantano costó la friolera de 60 millones de euros, se inundaron 2500 Has ¡para regar 6000! Ahora resulta que los regantes del Jiloca no quieren pagar el altísimo canon por el regadío (2) y que el pantano tiene que llenarse con un río que se seca meses enteros (3).

Buen ejemplo de destrozo de economía en funcionamiento es Biscarrués,  pues genera importantes afecciones el Gállego Medio y su importante sector de turismo rural, actividades turísticas y aventura, además de inundar las mejores tierras de cultivo. Este pantano ha ido menguando de tamaño y es otro ejemplo de empecinamiento en la obra por la obra, puesto que existen alternativas perfectamente viables como las balsas laterales en las propias zonas de regadío. Biscarrués, si se operara con un mínimo de lógica, no debería construirse nunca, pero los intereses de los aguatenientes son muchos y la voracidad de las constructoras insaciable.

Otra obra estrella que devino estrellada fue el Val. Costó 90 millones y siempre ha estado infrautilizada, además de haber robado recursos a los regantes tradicionales del Queiles (4). De hecho el Val se hizo sin haber demanda previa, con lo que resulta comprensible el hecho de que tan apenas se haya utilizado. En estos momentos hay quien pide directamente su desmantelamiento.

De las que se están ejecutando en estos momentos el ejemplo por excelencia de chandrío, además de muy peligroso, es el recrecimiento de Yesa. A lo largo de lo que llevamos de 2013 se han disparado todas las alarmas porque la ladera derecha del embalse se está deslizando, lo que ha provocado el desalojo de 60 viviendas (5). En el recrecimiento de Yesa ya se han gastado 376,8 millones de euros, siendo que la obra se adjudicó en 2001 por 118 millones. Sólo en estabilizar las laderas ya se llevan 81 millones y no hay cálculos fiables de cuánto más puede costar.

¿No había indicios de peligrosidad? Pues algo había, porque en 1930 ya hubo importantes deslizamientos y a lo largo de los 80 años que lleva construida la presa se han seguido produciendo. Esto sin tener en cuenta que este embalse es el paradigma de la burricie desarrollista: destruye patrimonio histórico, inunda tierras de cultivo, viviendas y produce daños ecológicos (6). Para completar el esperpento se argumenta que el agua de Yesa serviría para abastecer a Zaragoza, pero de momento el agua de boca se obtiene del pantano de la Loteta y todo apunta a que esta obra cubre las necesidades.

Otras obras, sin embargo, resultaron ser tales locuras que no llegaron casi ni a proyecto. Caso evidente fue Jánovas (7), un despropósito franquista de hace 65 años que se metió en el Pacto a sabiendas de que no se iba a hacer. Eso sí, tras haber dinamitado tres pueblos y echado a 150 familias manu militari en los años 60. Una historia de vergüenza y despoblación como la que sufrieron tantos otros pueblos que quedaron bajo las aguas de los embalses.

O Santaliestra, ejemplo perfecto de falta de planificación que consistía en una presa altísima encajonada en un valle que generaba riesgos catastróficos de avenida. Este embalse venía a sustituir varios fiascos que empezaron en 1976 con el embalse de Campo y luego Comunet (8), que se deshecharon por inviables. La tenaz resistencia del pueblo contribuyó seriamente a que no se construyera.

A todo este lío de nombres, tamaños y ubicaciones lo sucedió el pantano de san Salvador, en construcción, con un presupuesto en torno a los 50 millones. Es difícil calcular la millonada gastada en redactar proyectos inútiles.

Por contra sí que ha habido proyectos de riego y abastecimiento sensatos, cuando no han dependido de las más altas instancias sobre todo. Es el caso de Torre del Compte, que fue sustituido por tres simples balsas laterales del Matarranya, con lo que se almacena agua suficiente, que costaron la décima parte que lo previsto en un embalse que se quería hacer en un espectacular entorno natural. Un ejemplo de sensatez de los vecinos de la zona.

Miro al pasado, a aquel 1992 y, aunque sé que no fue así, no puedo evitar hacerme una imagen mental de los caciques de toda la vida frente a un mapa de Aragón, tras una cena opípara, dibujando con un rotulador pantanos y canales. Ahora que cada día está más claro que el Pacto del Agua fue una insensatez y que ha generado un derroche económico que podríamos llamar la burbuja pantanera. Sin embargo se sigue la huida hacia adelante. Nadie asume responsabilidades, pocos hacen preguntas y algunos medios guardan un sospechoso silencio.

Pocos hablan de que El Val es un pantano inútil, Lechago sigue sin llenar ni nadie que quiera usarlo, de Yesa triplicando costes y convirtiéndose en un peligro, tampoco hay cifras reales que avalen el uso y rentabilidad de esa ingente cantidad de agua embalsada y queda lo peor: el daño que se hace al territorio, a la tierra, al paisaje que deberíamos pensar en hacer entre todos y no desde mesas de despacho tras las cuales se sientan los próceres del desarrollismo más salvaje.

J.M. Marshall | Para AraInfo

...

(1) http://www.embalses.net/comunidad-2-aragon.html
(2) Heraldo de Aragón y Periódico de Aragón 2011-2012
(3) http://naturaxilocae.blogspot.com.es/2012/07/el-rio-pancrudo-se-seca.html
(4) http://www.coagret.com/informacion/notas-prensa/coagret/1284-coagret-denuncia-la-situacion-rio-queiles
(5) http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/aragon/desalojadas-60-viviendas-tras-moverse-ladera-en-yesa_829286.html
(6) http://www.yesano.com/informes/alternativas/Anexo%20I%20_MedioNatural.pdf
(7) http://www.pueblosabandonados.com/2009/07/la-historia-de-janovas.html
(8) http://www.pantanodecampo.com/pantanocampo.htm#pp

Autor/Autora

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies