Parece que ha pasado un siglo, pero hace tan solo un par de años Núñez Feijóo se comprometió a que el PP nunca pactaría con su escisión más ultraderechista, Vox, ningún gobierno, y que el PP gobernaría en solitario, si era la fuerza más votada.
Semanas después de ese compromiso, el PP pactó con Vox, su partido hermano, la alcaldía de Zaragoza, y poco después el Gobierno de Aragón. Dejaba así el PP fuera de toda duda que se siente muy cómodo gobernando con su escisión más ultraderechista, demostrando que las crisis, rupturas y divisiones en las derechas trumpistas tienen que ver más con los cargos, puestos de trabajo y beneficio económico personal, que con diferencias ideológicas o políticas. Vox es tan sólo el hermano pequeño, gamberro y violento, del verdadero hereu familiar, el PP.
Apenas unos meses después de la constitución del anterior Gobierno de Aragón urdido por Azcón, Vox le propinó una espantada táctica que dejó al presidente de la franquicia del PP en Aragón colgado de la brocha. Ya entonces la ruptura entre Azcón y Nolasco, entre PP y Vox, utilizó a la población migrante como excusa para la ruptura.
En minoría y sin capacidad para aprobar unos presupuestos para la DGA, Vox obligaba así a Jorge Azcón a convocar unas elecciones anticipadas con el objetivo declarado de obtener una mayoría suficiente que le librará de compartir el poder y los beneficios económicos de gobernar Aragón con sus hermanos de Vox. Pero Azcón cosechó una victoria pírrica, perdió representación y reforzó la de Vox. Todo un éxito político que implicaba un desastre de gestión para el bien común de la sociedad aragonesa en su conjunto.
Tras ello, la calma, casi desidia, con la que Azcón ha afrontado unas nuevas negociaciones para formar gobierno con Vox (ahora en disposición parlamentaria de exigir aún más al PP), contrasta con la aceleración de los conflictos internacionales provocados por el jefe de su alianza internacional, Donald Trump. Una desidia que deja a Aragón desamparado mientras casi todos los países de nuestro entorno aprueban planes especiales (conocidos ahora como escudos sociales) para paliar las consecuencias (por ahora en nuestra latitud solo de carácter económico) que el matonismo de Trump está provocando.
En este contexto, con el PP desnortado e imputando genérica y falsariamente a la población migrante delitos gravísimos, y siendo el único partido europeo de la derecha tradicional que mantiene su apoyo incondicional a los genocidas Trump y Netanyahu, por otra parte junto al húngaro Orban y la italiana Meloni socios internacionales de Vox, cabe preguntarse cuál es la opinión del otrora locuaz Azcón sobre este asunto.
Pero, aún más, cabe preguntarse si Jorge Azcón comparte con su socio Vox la utilización de la violencia como herramienta política y si está dispuesto a compartir gobierno con una formación ultraderechista que defiende la violencia contra los Derechos al aborto y la eutanasia.
En manos de Azcón está no convertir a Aragón en la Hungría del sur.

