Okupas hasta en la sopa

Empezó en Cadrete, ha seguido en Utebo y luego en la Muela. Las movilizaciones anti-okupas han tenido un cierto eco en algunos medios y a mi olfato de sabueso adicto a las noticias me han olido bastante mal. El problema tiene varios prismas y muchas segundas intenciones. Por lo pronto porque la cantidad de casas ocupadas de propiedad particular (vamos que no son de la Sareb, ni de constructoras ni promociones abandonadas por los bancos) es ínfimo. La propia policía habla de unas 1.000 en un parque inmobiliario como el español que tiene unos 19 millones de viviendas. Así pues …

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Foto: Jaye Haych (Unsplash).

Empezó en Cadrete, ha seguido en Utebo y luego en la Muela. Las movilizaciones anti-okupas han tenido un cierto eco en algunos medios y a mi olfato de sabueso adicto a las noticias me han olido bastante mal.

El problema tiene varios prismas y muchas segundas intenciones. Por lo pronto porque la cantidad de casas ocupadas de propiedad particular (vamos que no son de la Sareb, ni de constructoras ni promociones abandonadas por los bancos) es ínfimo. La propia policía habla de unas 1.000 en un parque inmobiliario como el español que tiene unos 19 millones de viviendas.

Así pues la primera mirada es la de una lupa de aumento de tamaño considerable para un problema que se está sobredimensionando a todas luces. El fenómeno de los desahucios es mucho más amplio y un drama social más grande y ni de lejos corren tantos ríos de tinta por él.

Hay una preocupación vecinal legítima por el miedo a la inseguridad. Un miedo difuso que se mezcla más bien con el miedo al pobre.

Porque no estamos hablando de un fenómeno reivindicativo como la okupación de centros sociales o de toma de tierras sino de simple y llanamente pobreza. Cada vez más gente se queda fuera de toda posibilidad de acceso a una vivienda digna con subidas de los alquileres como la de Zaragoza que fue de un 27% en el período 2015-19, una broma al lado del 60% de Madrid.

La vivienda social en Aragón es casi testimonial y no llega ni de lejos a cubrir las necesidades habitacionales. Quedan los salarios de emergencia como el IAI que no alcanza ni para un apartamento.

Por otro lado sorprende como se hace visible esa masa, difusa pero inmensa, de las viviendas abandonadas. Entendiendo por abandono no una casa en ruinas sino viviendas terminadas hace poco tiempo, totalmente funcionales y con instalaciones completas. Los restos del naufragio inmobiliario de 2008. Todas esas viviendas no suponían un problema por lo visto hasta que alguien las ocupa.

En realidad no es cierto. Cuántos propietarios no saben del calvario que es tener en la comunidad una propiedad vacía de un banco o fondo buitre que se escaquea por sistema de los problemas comunes.

Dicho esto tampoco es casual que ahora salte la liebre en estas poblaciones cercanas a Zaragoza, que ejercen en la práctica como barrios de la urbe, por varios motivos.

Para empezar es sabido que en el entorno de unifamiliares de la capital de Aragón ha echado raíces la ponzoña ultraderechista con una fuerza considerable. En Cadrete y La Muela, Vox fue la fuerza más votada en las elecciones generales y en Utebo fue segunda fuerza.

Pero ese auge hay que entenderlo en otro contexto. Fachas puede, pero sobre todo clasistas. Hay todo un ideario asociado a un tipo de habitante de estas localidades con un cierto poder adquisitivo que quiere mantener lo que entiende como exclusividad de su entorno. A saber: urbanizaciones cerradas de adosados con piscina, vigilancia privada, barbacoas con el vecino y altos precios.

Justo estas ubicaciones se cuentan entre los lugares con mayor precio de la vivienda (lo de calidad de vida es muy discutible) de Aragón. De hecho figuran en la lista junto a las elitistas estaciones de esquí.

Luego queda el papel de los medios en esta película animando el cotarro y el de las empresas de seguridad, otro de los prismas desde donde mirar el asunto, hacen su agosto. El miedo siempre ha sido un negocio muy rentable.

No soy tan panoli como para pensar que el altavoz prestado por los medios a este asunto sea casual e imparcial. Cuando se hace mucho ruido sobre un asunto el mismo ruido oculta otros. Fenómenos como las oleadas especulativas que no se detienen u otro mucho más preocupante como es el empobrecimiento de capas cada vez más amplias de la sociedad. Por otro lado el discurso de fondo convierte al okupa es una no-persona, una especie de ente abstracto carente de derechos.

Tampoco parece casualidad que el mayor propietario de medios en Aragón sea a la vez la mayor entidad bancaria de estas tierras.

Dicho esto puedo entender el miedo de los vecinos, es legítimo. Pero el miedo y el uso intencionado del mismo, impiden ver con claridad todos los prismas de un problema. Mejor nos ponemos las gafas del pensamiento crítico o terminaremos creyéndonos de verdad que cuando volvamos de vacaciones tendremos a los okupas metidos en casa.

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