Nuevo ciclo político en Aragón: ¿Qué han significado las elecciones de 8F?

Los resultados en Aragón tras la jornada electoral del pasado 8 de febrero han sido los esperados: confirmación del proceso de derechización social en curso y ascenso electoral de la extrema derecha. Desde el primer momento, los comicios tuvieron un marcado carácter estatal. Desde Madrid, Feijoó dio indicaciones claras a sus barones regionales: si no se aprobaban presupuestos, había que adelantar elecciones para usarlo como arma contra el Gobierno central. Azcón, obediente, así lo hizo. La dimensión estatal de la fecha se vio incrementada con la presencia de Pilar Alegría, exministra del actual Gobierno, a la cabeza de las filas …

Los resultados en Aragón tras la jornada electoral del pasado 8 de febrero han sido los esperados: confirmación del proceso de derechización social en curso y ascenso electoral de la extrema derecha. Desde el primer momento, los comicios tuvieron un marcado carácter estatal. Desde Madrid, Feijoó dio indicaciones claras a sus barones regionales: si no se aprobaban presupuestos, había que adelantar elecciones para usarlo como arma contra el Gobierno central. Azcón, obediente, así lo hizo. La dimensión estatal de la fecha se vio incrementada con la presencia de Pilar Alegría, exministra del actual Gobierno, a la cabeza de las filas del PSOE.

El fracaso de dicha estrategia ha sido estrepitoso. El Partido Popular ha perdido dos escaños (de 28 a 26) y es mucho más dependiente de Vox, que duplica su presencia parlamentaria pasando de 7 a 14 escaños. La gobernabilidad sigue en entredicho y la influencia de la extrema derecha va in crescendo. Por su parte, el campo de las izquierdas se hunde. El Partido Socialista es sin duda el gran perdedor de la cita, con la pérdida de 5 escaños (de 23 a 18) y resultados significativamente malos en municipios como Teruel, donde quedan relegados como tercera fuerza a mucha distancia de Vox. El varapalo definitivo a Podemos y el apenas mantenido escaño de Izquierda Unida dejan a Chunta Aragonesista como la única opción del campo progresista con buenos resultados.

Problemas de gobernabilidad en la casa de las derechas

Frente a este escenario, ¿con qué medidas contentarán los populares a los de Abascal? La estrategia de Vox pasa por consolidarse como alternativa al bipartidismo, por lo que no va a facilitar de cualquier manera una posible investidura de Azcón y ya ha puesto encima de la mesa exigencias en cuanto a cargos y presupuesto. Los audios de Nolasco y su equipo recientemente filtrados en prensa muestran el desacuerdo de los principales nombres de la formación ultraderechista en Aragón con la orientación estatal de su partido. Aunque Abascal ha preferido quitarle importancia en plena campaña, lo cierto es que las referencias a “trabajar los favores” de Azcón y a una posible reubicación personal (ante la disyuntiva de tener que salir del gobierno de la DGA) vaticinan un fuerte conflicto de intereses entre la dirección estatal (que necesita evitar a toda costa aparecer como socios útiles del PP para seguir comiéndoles terreno de cara a unos futuros comicios generales) y la cúpula aragonesa.

La mayor dependencia de la extrema derecha no es sólo una cuestión de siglas, sino que profundiza en un cambio cualitativo en los niveles de vulnerabilidad y riesgo real de la clase trabajadora, y muy especialmente de la clase trabajadora migrante. Ahora que los asesinatos y los asaltos del ICE en Estados Unidos son televisados y viralizados, cabe recordar que Vox ya presentó una moción en el Ayuntamiento de Zaragoza hace cuatro años en la que pedía facilitar datos personales a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para deportar a todas aquellas personas en situación irregular. Fue rechazada por el resto de los grupos, pero éste es el tipo de iniciativas que podemos esperar de los aprendices de Trump.

El principal signo del cambio de época es posiblemente el hundimiento del PAR, que, por primera vez en su historia, se queda sin representación parlamentaria. Si tenemos en cuenta que Aragón Existe ha perdido uno de sus tres escaños (todos por la provincia de Teruel), tenemos como resultado un giro en la representación del descontento del mundo rural, que ya no se expresa mayoritariamente a través de opciones regionalistas sino del discurso de la extrema derecha. Vox crece en las zonas con más inmigración de Aragón y se asienta en el medio rural: más de la mitad de los municipios donde ha sido primera fuerza están en la provincia de Teruel. No se trata solamente de una consolidación territorial: uno de sus principales ejes políticos va a ser tratar de asociar los problemas estructurales del Aragón más vaciado (despoblación, infrafinanciación de servicios públicos, falta de empleo, etc.) a la inmigración, distorsionando los problemas reales y movilizando a la población con discursos de odio.

La radicalización acelerada del Partido Popular (recordemos que ha sido el actual gobierno en solitario quien ha retirado las licencias hoteleras a los establecimientos que participan de programas de acogida de personas migrantes) y la irrupción en escena del partido Se Acabó La Fiesta (que, con 18.000 votos y un 2,74%, se queda al borde del escaño) dibujan un escenario tremendamente escorado a la derecha, donde la insatisfacción y el descontento social cristalizan en la búsqueda de la salvación individual, la instauración de un “chovinismo del bienestar” y el odio del penúltimo contra el último.

Está por ver cómo se articulan estas tres fuerzas, aunque todo apunta a una retroalimentación mutua fruto de la competencia por el liderazgo (en el caso del PP y Vox) y por la construcción de una relación orgánica con los sectores sociales que les apoyan.

Misma crisis, nuevo protagonista: resurgir de Chunta Aragonesista y miseria de las izquierdas

Pilar Alegría no ha podido evitar repetir el peor resultado del PSOE aragonés en su historia: 5 escaños menos y sólo 18 diputades, apenas 4 por encima de la tercera fuerza. De esta manera, la aritmética electoral relega al Partido Socialista a un papel meramente testimonial. Veremos cómo lo gestiona y qué salida trata de darle a su partido. Antes del adelanto electoral, ya vimos intentos de venderse como la fuerza política sensata, ofreciendo algún tipo de pacto al PP para evitar la influencia de Vox. Si bien éste sería el único movimiento posible para tener algo de protagonismo en el escenario político actual, de momento resulta harto improbable porque a Ferraz le interesa fortalecer el vínculo entre PP y Vox para movilizar el miedo a la extrema derecha en unas futuras elecciones generales.

Las semanas siguientes a la noticia del adelanto electoral fueron escenario de un espectáculo bochornoso. Dejado atrás la excepción extremeña, Aragón vino a demostrar lo que probablemente sucederá en el resto del Estado: una lucha por el cada vez más menguado espacio a la izquierda del PSOE, buscando a toda costa aparecer como quien lidera a los otros grupos. A pesar del histrionismo de la aritmética preelectoral, lo cierto es que Chunta, Podemos e Izquierda Unida comparten un mismo proyecto político, como han demostrado en Aragón y a nivel confederal en los últimos años: cogobernar con el PSOE de forma subalterna y competir entre sí por las migajas que ofrece la gestión progresista de las cenizas del neoliberalismo.  Desde hace mes y medio, unes y otres se echan la culpa por no haber llegado a un acuerdo, y todos los análisis parecen achacar a la ausencia de una coalición el descenso general de votos. Sin embargo, ninguna formación está reflexionando sobre las consecuencias de haber formado parte de sendos gobiernos centrales de coalición durante los últimos 8 años sin haber sido capaces (ni en muchos casos siquiera intentado) de resolver los problemas elementales que asolan a la clase trabajadora.

Dentro de este panorama, la gran noticia de la noche fue sin duda el crecimiento de Chunta Aragonesista (Cha). Ya las encuestas le concedían una horquilla de entre 3 y 5 diputades. Finalmente consiguió 6, doblando el número de escaños de las últimas elecciones y siendo el mejor resultado conseguido por la formación aragonesista en los últimos 20 años.

Desde 2015, la suerte de la CHA había estado ligada a la de Javier Lambán, representante del ala más derechista del Partido Socialista, firme anticatalanista y, junto con García-Page, bastión de los barones contra el ala sanchista. La Chunta formó parte de los dos gobiernos de Lambán, repitiendo José Luis Soro como consejero de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda. En 2023, con la credibilidad política fuertemente menguada, habiendo perdido la representación en el Ayuntamiento de Zaragoza, y en medio de una situación económica complicada, llegaron a un acuerdo con Sumar para las elecciones generales. La figura de Jorge Pueyo, pieza central de la estrategia de renovación pública del partido, es clave para entender lo que ha pasado esta semana.

Pueyo ha sabido unir en el voto a cierta generación votante histórica de Chunta y a otras generaciones más jóvenes hasta ahora desencantadas con su deriva política, tratando de insuflar unos nuevos aires de frescura en el aparato del partido aragonesista, al menos públicamente. Su campaña, con ciertos tintes de imitación forzada a la de Zohran Mamdani, ha señalado algunos de los problemas fundamentales del territorio, contraponiendo a Pueyo con Azcón (adelanto electoral ordenado desde Madrid) y Alegría (tras cinco años viviendo en Madrid como ministra). A pesar de la ausencia de propuestas de calado real (se habla de vivienda sin hablar de movilizar las más de 129.870 viviendas vacías que existen en Aragón, de la defensa del Pirineo sin plantear un enfrentamiento claro con Aramón ni Ibercaja, del extractivismo energético en Teruel sin poner freno a Forestalia, etc.), la renovación de su discurso y la buena valoración del papel de Pueyo en el Congreso ha logrado movilizar el voto de izquierdas y posicionar a Chunta como el principal partido a la izquierda del PSOE, y el único con una dimensión política relevante.

El resultado electoral le puede servir como espaldarazo para renovar el partido y atraer a gente joven y nuevos sectores. Pero, frente a las ilusiones y expectativas generadas por Pueyo y su equipo, no hay que olvidar la orientación fuertemente oportunista de Chunta y la gestión realizada en su paso por el Gobierno de Aragón: la reconversión de la histórica estación de Canfranc en un hotel de lujo (cuya gestión está cedida al grupo Barceló), o una consejería de Vivienda que no solo fue incapaz de ofrecer alternativas habitacionales a los problemas de entonces, sino que puso numerosas trabas a los reclamos de los movimientos de vivienda, mintiendo sobre el número disponible de viviendas vacías para dar solución a familias vulnerables (llegaron a decir que en Zaragoza no había ninguna, cuando el INE tenía detectadas 15.700). A todo esto, hay que sumar el apoyo a la gestión económica de Lambán y la decisión de permanecer en el Gobierno a pesar del despilfarro económico en Motorland, de la firma de conciertos con empresas sanitarias para sustituir la financiación a la sanidad pública y de la eliminación del impuesto de sucesiones.

Está aún por ver hasta qué punto la decisión de intervenir en Chunta que están tomando sectores procedentes de un Podemos en descomposición y de una izquierda soberanista ya inexistente (véase lo ocurrido con Puyalón) puede contribuir a abrir debates en su seno y alterar parcialmente la fisionomía. Pero la orientación gobernista y oportunista tanto del aparato como del sector nucleado en torno a Pueyo (que pretende una renovación estética y generacional del partido, pero que suscribe la política de la dirección histórica) hace difícil imaginar que pueda darse un giro claro a la izquierda o un proceso de radicalización interna. El tono triunfalista de ciertos discursos (“la izquierda aragonesa está más fuerte que nunca”, clamaba Pueyo la noche del domingo, algo que suena ridículo si se compara la situación actual con los 17 escaños que sumaban Podemos, Chunta e Izquierda Unida en 2015) tampoco suele ser algo que ayude.

En cualquier caso, lo que está claro es que la CHA va a capitalizar en los próximos años la representación institucional de las izquierdas y que su proyección, por tanto, irá en ascenso. Si bien Izquierda Unida ha logrado a duras penas mantener su único escaño, con un voto fundamentalmente urbano y radicado en ciertos barrios del municipio de Zaragoza, queda relegada a un papel marginal que le sirve para poco más que para una exigua supervivencia política. Quien no ha tenido tanta suerte es Podemos. No solo es que desaparezca del parlamento aragonés, sino que apenas ha llegado al 1% de los votos (SALF ha sacado el triple, por ejemplo). Su nulo arraigo y su fuerte desorientación política han terminado de sentenciar a la formación morada, que se encontraba en la paradoja de pretender un discurso izquierdista desde la no presencia en las luchas reales. Si hay algún papel que pueda jugar en la izquierda extraparlamentaria un partido sin militancia ni implantación, y cuya aspiración de fondo sigue siendo garantizar a nivel estatal la gobernabilidad del PSOE, es algo muy discutible.

Por su parte, la pérdida de votos del partido liderado por Tomás Guitarte parece haber favorecido indistintamente a Chunta, que puede acaparar los reclamos históricos del desarrollismo y de las comarcas rurales, y a Vox, que ha entrado en la pugna por la capitalización de este descontento.

Construir una alternativa política desde y para la clase trabajadora

Los resultados del pasado domingo lo demuestran: es el momento de asumir la insuficiencia de la propuesta de las izquierdas gobernistas para frenar la derechización social y el avance de la extrema derecha. La izquierda institucional se encuentra atrapada en una lógica de impotencia, limitada a gestionar la miseria y a actuar como dique de contención cada vez más frágil frente a la reacción.

Hoy no existen en Aragón las condiciones para una alternativa electoral que supere los límites de la izquierda gobernista. Para llegar a ese punto, para intensificar el nivel de la lucha de clases, necesitamos una táctica capaz de conquistar victorias parciales, condición necesaria para pasar de una posición de repliegue defensivo, como la actual, a una acción contraofensiva. Aquí es importante combinar diferentes métodos de lucha que resistan y hagan frente a los embates de las derechas: paralización de desahucios, huelgas educativas y sanitarias que eviten su privatización encubierta, victorias sindicales, luchas contra la instalación de macroproyectos energéticos…

La táctica de victorias parciales también incluye la posibilidad de cambiar las relaciones de fuerza en las instituciones. Debemos combatir las ilusiones separacionistas (la pretensión de que es posible separarse políticamente del Estado, al estilo del operaismo italiano), aun si son, hasta cierto punto, comprensibles después de tantas decepciones y derrotas políticas. La acción política desborda ampliamente el terreno electoral, pero las elecciones no son un terreno que debamos ceder al enemigo. Y no podemos desentendernos del Estado porque el Estado nunca se desentiende de nosotres, está siempre frente a nosotres y contra nosotres.

Nuestro llamamiento es doble: a combatir a la extrema derecha en todos los frentes posibles, y a construir una alternativa política que vaya más allá, una apuesta que se ancle en el conflicto social real, que reconstruya tejido militante, arraigo territorial y vínculos sólidos con la clase trabajadora (también en el mundo rural) y que sea capaz de articular un horizonte propio, no subordinado al PSOE ni a la gestión “amable” del neoliberalismo, ni a las diferentes organizaciones a su izquierda con quien comparten gobiernos. Solo así podrá emerger, en el futuro, una opción política creíble que no se limite a resistir, sino que dispute de verdad el poder en un escenario cada vez más marcado por la ofensiva reaccionaria.

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