Nos mudaremos al "Callejón del Gato"

Desde hace unos meses parecemos resignados a vivir en "el esperpento" que supone ver reflejadas nuestras miserias, más deliberadamente soterradas, en los espejos cóncavos del COVID-19. El "Callejón del Gato" nos devuelve, como un bofetón con la mano abierta, a una realidad a la que ya llegó Máximo Estrella en "Luces de Bohemia": "El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada". En ello andamos, empecinados en no defraudar nuestra esencia de ser una unidad de absurdo en lo universal. Mientras la pandemia se abre paso, pese a las barricadas de negacionistas y con la colaboración de …

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Foto: Rubén Vique (CC)

Desde hace unos meses parecemos resignados a vivir en "el esperpento" que supone ver reflejadas nuestras miserias, más deliberadamente soterradas, en los espejos cóncavos del COVID-19. El "Callejón del Gato" nos devuelve, como un bofetón con la mano abierta, a una realidad a la que ya llegó Máximo Estrella en "Luces de Bohemia": "El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada".

En ello andamos, empecinados en no defraudar nuestra esencia de ser una unidad de absurdo en lo universal. Mientras la pandemia se abre paso, pese a las barricadas de negacionistas y con la colaboración de ineptos de todo pelo, la ciudadanía contempla estupefacta la guerra de "tronaós" que asola la política española. Que yo sepa, el virus no es de derechas ni de izquierdas. Es tan democrático que no le hace ascos a nada. Las decenas de miles de personas que se ha llevado por delante son de lo más variopinto. Entonces, es evidente que no hemos aprendido nada. Al menos los gerifaltes que anteponen sus intereses torticeros a la salud y, por ende, al progreso de su pueblo.

Lo de la presidenta de Madrid es surrealismo patrio del bueno. Hoy digo una cosa y mañana la o... Pese a que los contagios suben en la comunidad y los cadáveres se obstinan en amontonarse, Isabel niega la mayor y se hace la ofendidita por el amago del gobierno de imponer lo acordado.

A la criatura no se le puede pedir coherencia. No se aclara ni con su consejero. Ella pretende llevar Madrid igual que llevó la web del perro "Pecas" de su predecesora Aguirre. Soltando algún que otro "guau" y poniendo carica de can apaleado.

A su vez, el estado central se lava las manos, con hidrogel del bueno eso sí, esperando a... ¿A qué esperan? Los datos son espeluznantes y el avance del enemigo irrefutable. ¿Cuántos seres humanos tienen que enfermar o morir para que se anteponga el bienestar general a cualquier otra consideración? Sin salud no se reactivará la economía. Y para que esta fórmula funcione es necesario coordinar y dotar de medios a la sanidad pública y dejar hablar a los científicos y a los profesionales. Atender sus recomendaciones y necesidades para luchar contra este bicho que nos amarga la vida.

No estamos para "tontadas" señoras y señores políticos/as. La imagen que nos vomita el espejo cóncavo de sus señorías es algo similar a la Parada de los Monstruos. Dan más miedo que el covid. La falta de altura para afrontar la tragedia que atravesamos nos muestra su visión deformada del servicio público. Se están quedando en pelotas delante del respetable. Y no nos gusta un pelo lo que vemos.

A lo mejor, como mantenía el poeta ciego de Valle-Inclán, tendríamos que deformar nuestra expresión en el mismo espejo que deforma todas las caras y la vida miserable de España.

Quizás la solución está en mudarnos definitivamente al "Callejón del Gato". A ver si conseguimos que el mamarracho de país que asoma nos devuelva una imagen mejorada. Matemática inversa o alguna fórmula mágica que evite que los políticos sigan insultando a nuestra inteligencia y poniendo en peligro a las personas a las que representan.

O a lo mejor como decía el maestro Inclán: ¡Todas las fuerzas vivas del país están muertas! Y entonces lo que necesitamos es una ouija para invocarlos desde el reino de los lerdos por donde andan pululando a lo somarda. A sus cosas de siempre: a ver quien la tiene más larga.

La desvergüenza, claro. Difícil pugna entre tanto irresponsable gilipollas.

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