No existen los 'inquiokupas'

Escuchamos en los últimos tiempos una palabra inventada que, básicamente, es una toma de posición en sí misma. Hablamos del término inquiokupa. No es un simple neologismo, es el intento de criminalizar, de convertir en un peligroso delincuente a una figura que ha existido de toda la vida y que tiene otra palabra castellana para definirlo: moroso o morosa. No existe la inquiokupación, lo que existe históricamente es la morosidad. Este término es parte de lo que se ha dado en llamar la guerra cultural, que es, al fin y al cabo, la guerra por la construcción de un relato …

Escuchamos en los últimos tiempos una palabra inventada que, básicamente, es una toma de posición en sí misma. Hablamos del término inquiokupa.

No es un simple neologismo, es el intento de criminalizar, de convertir en un peligroso delincuente a una figura que ha existido de toda la vida y que tiene otra palabra castellana para definirlo: moroso o morosa. No existe la inquiokupación, lo que existe históricamente es la morosidad.

Este término es parte de lo que se ha dado en llamar la guerra cultural, que es, al fin y al cabo, la guerra por la construcción de un relato que ataca al pobre en lugar de a la pobreza. A las situaciones de precariedad en lugar de a lo que las causa.

Primero vamos con los datos. La tasa de morosidad en los alquileres en el Estado español, según el sector inmobiliario es del 1%. La tendencia es al alza, pero tampoco parece una cosa tan rara cuando hablamos de que los alquileres en el Estado han subido un 8,5% de media, aunque en una ciudad como Zaragoza la subida en 2025 ha brincado el 11% acumulando una subida en torno al 30% en 5 años. Aún así estamos a años luz del 80% de subida de la comunidad de Madrid en ese mismo período.

Otro dato curioso es que la morosidad hipotecaria está en el mínimo histórico por debajo del 2%.

Sin embargo, pese a esa apabullante realidad de baja incidencia morosa, las redes sociales (ese simpático estercolero desinformativo) se llenan de los presuntos dramas de propietarios víctimas de inquiokupas deudores. Eso por no hablar de toda la bazofia pseudoinformativa que se vierte desde algunos medios, especialmente televisión.

Con la adecuada cámara de eco se crea la sensación totalmente subjetiva que no corresponde con una realidad objetiva. Más ahora que las noticias sobre ocupas parece que se desinflan ante la escasa incidencia del fenómeno.

Pero si hablamos de dramas, el verdadero drama social, que sigue como un goteo del que a menudo no somos conscientes, es el de las personas que pierden su vivienda.

Los desahucios siguen teniendo lugar. A menudo en silencio y sumiendo a las personas que lo padecen en la precariedad más absoluta. Esta misma semana éramos conscientes en Zaragoza del desahucio de una familia en el barrio de Torrero. La anterior de una jubilada en pleno centro. Pero muchos otros no son noticia. La precariedad es demasiado fea para generar noticias si no es en tono sensacionalista o para criminalizar.

Lo dicho, si alguien te habla alguna vez de inquiokupas le recomiendas que repase el rico idioma castellano y hable de personas morosas. Y estaría bien recordarle que de ese mal nadie está libre, aunque los devenires políticos de ahora lo ignoren.

Parece que los pobres siempre son los otros...


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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