No a la UE fortaleza, paremos el racismo

Desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, las migraciones desde y hacia Europa han estado fuertemente determinadas por la economía globalizada neoliberal. Los movimientos financieros se han liberalizado y fluyen libres por el mundo. La deslocalización de la producción ha resultado muy eficaz para multiplicar los beneficios de las nuevas empresas descentralizadas.

ueDesde mediados del siglo XX hasta la actualidad, las migraciones desde y hacia Europa han estado fuertemente determinadas por la economía globalizada neoliberal. Los movimientos financieros se han liberalizado y fluyen libres por el mundo. La deslocalización de la producción ha resultado muy eficaz para multiplicar los beneficios de las nuevas empresas descentralizadas. Las nuevas tecnologías han cambiado la forma de entender la distancia y el tiempo. En definitiva, el actual modelo de capitalismo ha profundizado las diferencias de concentración de capital entre los territorios. Eso fuerza las migraciones por necesidad económica, como ha sucedido en la UE y el Estado español que, desde la década de 1980, han recibido grandes cantidades de población inmigrada, aunque las cifras se han frenado e invertido en ciertos sectores de la economía, desde 2008.

Aún hoy, el destino de la mayoría de personas inmigradas que vienen de países más empobrecidos que los de la Unión Europea ha sido la ocupación de los trabajos de más baja cualificación o de la economía sumergida. En 2009, el 51% de la inmigración de la UE provenía de terceros países, alrededor de 30 millones de personas, pero sólo 776.000 adquirieron la nacionalidad del país donde vivían, en 2009. No es de extrañar porque incluso la legislación europea y estatal condicionan el derecho a la migración, consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a las condiciones económicas temporales de cada estado. Lo hacen, por ejemplo, normas tan importantes como el Código de Fronteras Schengen o la Ley Orgánica de Extranjería.

Las consecuencias son determinantes en la vida de las personas migradas. Se someten a procesos de ilegalización y marginación provocados por el diseño de las formas legales de residencia y por la dinámica del libre mercado, que las condenan a la condición de “ilegalidad” administrativa, las primeras, y a la economía sumergida, la segunda. No sólo eso: a menudo la política de detenciones de los países receptores y las dinámicas penales, tendientes a engrandecer y visibilizar la actividad delictiva de este sector poblacional, crean oficialmente un discurso de criminalización de las inmigrantes que separa a la población en bandos y atomiza la vida social. Entre esas dinámicas criminalizadoras destaca el internamiento de extranjeras en CIEs como medida cautelar o preventiva para la expulsión de una extranjera del territorio del estado.

Al menos hasta ahora. Porque si tuviéramos que establecer una balanza de crueldad entre los CIEs y la actuación de los perros del estado en Melilla, es difícil decir cuál pesaría más.

Y como ocurre con los nazis en nuestros barrios, que tenemos que vigilarlos de cerca y no creer que sus acciones son gamberradas sin importancia, tenemos que concienciarnos que tanto los CIEs como las torturas en la frontera son fruto del mismo fenómeno que lleva al auge de los partidos fascistas en Europa. Hay que luchar contra la UE fortaleza que continúa excluyendo personas y abriéndose al capital.

Adelina Cabrera, militante de En lluita | Publicado en el Periódico En lucha

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies