Ni queremos pasar frío, ni queremos pagar su crisis

Llevamos años alertando que no existe planeta B mientras este terco sistema -preocupado en su lógica de acumulación de ganancia y continua producción- dejaba tras de sí una infinita huella de residuos, mientras devoraba incesantemente todo tipo de recursos. Recursos naturales que se han saqueado para mantener el gasto energético que conlleva la lógica capitalista. Han sido muchos años alertando, pero ha sido justo ahora, en plena crisis económica, cuando parece que las instituciones públicas han decidido ‘’tomar conciencia’’ del desfiladero al que nos han arrastrado. Para las y los comunistas no es casualidad, ni es la consecuencia lógica de …

Llevamos años alertando que no existe planeta B mientras este terco sistema -preocupado en su lógica de acumulación de ganancia y continua producción- dejaba tras de sí una infinita huella de residuos, mientras devoraba incesantemente todo tipo de recursos. Recursos naturales que se han saqueado para mantener el gasto energético que conlleva la lógica capitalista. Han sido muchos años alertando, pero ha sido justo ahora, en plena crisis económica, cuando parece que las instituciones públicas han decidido ‘’tomar conciencia’’ del desfiladero al que nos han arrastrado.

Para las y los comunistas no es casualidad, ni es la consecuencia lógica de un problema agravado durante la última década sino más bien la fórmula de reenfocar el modo de producción en un contexto de crisis económica.

Una crisis económica que no es ni más ni menos que la continuación de la que estalló en 2008 y que para nuestra clase es permanente. Una crisis económica que muestra su cara en una escalada de precios de todos los bienes necesarios. Una crisis económica agravada por la guerra en Ucrania a la que nos ha sometido la OTAN y la UE. Una crisis económica que tiene como fondo y base la crisis ecológica del fin de los recursos naturales. Una crisis económica que es una crisis energética.

Y ante todos estos problemas, las instituciones públicas no han encontrado otra solución que no pase por hacer recaer sobre los mismos hombros de siempre todas y cada una de sus decisiones. La misma lógica de privatización de los beneficios y socialización de las perdidas.

Mientras las 3 grandes eléctricas en España (Naturgy, Iberdrola y Endesa) han disparado sus beneficios en este 2022; alumnado, profesorado y todo el personal educativo aragonés sufrimos el frío en las aulas imposibilitando unas condiciones óptimas para garantizar la calidad de la enseñanza. Mientras pocas personas se llevan la gran parte del pastel y viven a su antojo, las clases populares debemos hacer los esfuerzos que sean necesarios para garantizar el bienestar del planeta y el envío de más armas a Ucrania.

De esta forma, el tetrapartito Gobierno de Aragón sigue sin poner sobre la mesa ni un solo recurso que vaya enfocado a la mejora de unas aulas, infradotadas de forma estructural, que están sujetando todavía la lápida de los recortes.

La perspectiva ecologista nos hace comprender la imprescindible transformación del modelo energético y de producción de nuestra región y nuestro país, pero también somos conscientes de que no puede hacerse salvaguardando los intereses de los grandes capitalistas mientras se nos somete a un cambio de paradigma forzado.

No podemos tolerar que las hijas y los hijos de una pequeña parte pueda permitirse estudiar en unas excelentes condiciones mientras los nuestros pasan frío en casa y en las aulas.

Es por ello que el Partido Comunista de España en Aragón estamos en la obligación de señalar la doble moral capitalista a la que nos empujan a día de hoy las instituciones públicas: beneficios para unos y presupuestos de guerra y frío para el resto.

Así mismo hacemos un llamamiento a toda la comunidad educativa y al conjunto de organizaciones del ámbito ecologista a señalar la actual situación que atraviesa la enseñanza en Aragón, hacemos un llamamiento a la organización y a la movilización frente a una política de recortes camuflada bajo el paraguas de una supuesta ‘’transición ecológica’’ y de una guerra en la que no hemos elegido entrar.

Ni guerra, ni crisis, ni frío. ¡Cambiemos todo!

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