Es frecuente en los últimos meses escuchar noticias sobre la recurrente saturación de las urgencias del Hospital Miguel Servet de Zaragoza pero no es la única zona de este complejo hospitalario zaragozano que está saturada.
En las últimas semanas la sección de neonatos y UCI neonatal del Hospital Materno Infantil ha sobrepasado de lejos su capacidad, teniendo que habilitarse cunas e incubadoras adicionales en zonas comunes o en uno de los lactarios destinados a la alimentación materna de niños y niñas.
En la última semana se ha superado de forma constante los 30 ingresados con un pico de 35 el pasado 21 de junio.
Aunque, sobre el papel, la sección está diseñada para albergar hasta a 40 peques, esta cifra es puramente teórica, pues los niveles de atención son muy diversos: desde el bebé ingresado unos días para observación hasta complejos tratamientos de varios meses o la delicada atención que precisan los casos prematuros.
La respuesta operativa hasta el momento ha sido muy leve. Se han derivado enfermeras y auxiliares de otros servicios, pero el personal sigue siendo a todas luces insuficiente, más aún cuando parte del mismo también atiende paritorios y plantas de ginecología.
El conocido Hospital Materno Infantil tiene una dotación de personal muy cualificada, considerándose puntero a nivel estatal por preparación y especialización. Ese nivel de calidad hace que también sea mucha la cantidad, atendiendo niños y partos que proceden de todo Aragón e incluso de zonas limítrofes, desde donde se derivan casos especialmente complejos. Todos los trillizos y la gran mayoría de gemelares nacen allí. La sanidad privada, asimismo, deriva los casos de prematuros y las patologías neonatales.
Al mismo tiempo, el Hospital Materno Infantil adolece de serias carencias materiales.
El edificio fue reformado en 1990, pero a posteriori no fue incluido en la exhaustiva reforma de parte de las instalaciones. Esto implica que la estructura haya acumulado años y desperfectos que necesitan de una urgente atribución de fondos. Daños tan evidentes para sus usuarios como unos ascensores en estado lamentable, pavimentos remendados y un cierto toque vintage de todo el mobiliario. Es frecuente que las salas de espera se queden pequeñas, aún con afluencias que se pueden considerar normales.
También existen quejas desde el personal sanitario, con una plantilla muy ajustada, media de edad alta y de la que se obligó a jubilarse a varios profesionales en activo.
Hasta el momento se está denunciando la situación a los representantes sindicales y se está poniendo en conocimiento de los responsables oportunos del Salud, pero el temor de las trabajadoras del servicio es que, una vez más, se opte por soluciones temporales a espera de que, por mero azar, disminuya el número de ingresos y se reduzca el volumen de trabajo a un personal totalmente saturado y en unas instalaciones claramente insuficientes.

